Evangelio
Al anochecer de aquel día, el día primero de la
semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo
a los judíos. En esto entró Jesús , se
puso en medio y les dijo: - Paz a vosotros. Y diciedo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos
se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: - Paz a vosotros. Como
el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y dicho esto, exhaló su
aliento sobre ellos y les dijo: - Recibid el Espíritu Santo; a quienes les
perdonéis los pecados , les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les
quedan retenidos
Explicación
Después de la experiencia de la Resurrección, los
primeros discípulos y seguidores sienten
en ellos la presencia de una FUERZA interior y la claridad de una LUZ, que les
ayuda a vivir como Jesús les había enseñado. Ese aliento de vida y de paz es el
Espíritu de Jesús que ellos acogen. Aquél que les prometió enviar cuando él regresara al lado de
su Padre.
Evangelio
dialogado
Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en
forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.
Textos: Fr. Emilio Díez y Fr. Javier Espinosa
Dibujos: Fr. Félix Hernández
Pentecostés -
Juan 20, 19-23
Domingo de
Pentecostés (Jn 20,19-23)
Narrador: Escuchad, amigos y amigas, voy a contaros lo que
sucedió tras la resurrección de Jesús. Los discípulos estaban en una casa, con las
puertas cerradas, por miedo a los judíos.
Discípulo1: ¿Y qué habían hecho los judíos para tenerles miedo?
Narrador: Acusaron a Jesús falsamente y consiguieron que Pilato
le condenara a morir en la cruz.
Discípulo2: Y los discípulos temían que se les acusara también.
¡Qué cobardes!
Narrador: ¿Qué haríamos en su lugar? Jesús era su fuerza y su
refugio. Además ellos soñaban con un Mesías victorioso. De hecho, lo abandonaron
todo por seguirle, y ¡menuda decepción! Sin embargo, escuchad: Ha anochecido,
es el día primero de la semana… Y de repente una voz les sorprende y les dice:
Jesús: ¡Paz a vosotros!
Discípulos: Es el Maestro, es el Señor… ¡Ha resucitado!... no es
posible.
Jesús: No tengáis miedo. Mirad mis manos, mirad mi costado.
Soy yo, Jesús, el Maestro.
Discípulo1: ¡Qué bien, Maestro…, has vuelto Jesús!
Discípulo2: Tu presencia nos anima y reconforta, ¡ya no tenemos
miedo! ¡Qué alegría tenerte aquí!
Discípulo1: Sí, sí, qué alegría. Gracias por acordarte de
nosotros.
Jesús: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así
también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.
Discípulo2: Perdona, Maestro...pero... ¿para qué queremos
nosotros a ese Espíritu?
Discípulo1: ¡Claro!, alguien tendrá que ayudarnos...
iluminarnos... guiarnos y... cambiarnos por dentro ¿no crees? … ¡Falta nos
hace!
Narrador: Y Jesús queriendo darles confianza y ánimo, les dice:
Jesús: A quienes les perdonéis los pecados, les quedan
perdonados y a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
dominicos.org

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