Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
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Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil
Muchas gracias a todos por su paciencia conmigo.

Después de varios años de sufrir una seria lesión en la espalda, lo que me impedía muchas veces estar ante el ordenador. Ahora, por fin, tras pasar por una importante operación, mientras me encuentro en plena convalecencia y larga recuperación, vuelvo a retomar las publicaciones, aunque pido disculpas si publico menos de lo que estaba acostumbrada.

Dios les bendiga.

María Beatriz

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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1 de febrero de 2013

Parábola de la semilla que crece sola, y del grano de mostaza Mc 4, 26-34


Oración inicial

Señor, enséñame a escuchar tu Palabra y a acogerla en la vida diaria. Que procure buscar espacios y momentos de silencio y así quede con gozo en tu compañía. Que todo calle en  mi interior para poder escuchar el eco de tu voz y así experimentar tu presencia. Se para mí luz que ilumina mis pasos, fuego que calienta el corazón y viento que todo lo remueve.

¿Qué dice el texto?

Haz una lectura pausada, tranquila. Repítela unas cuantas veces. Descubre la fuerza de las palabras... Es Buena Noticia para ti.

26Decía a la gente: «El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. 27Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.28La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano.29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.» 30Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? 31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, 32pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.»33Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. 34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Comentario bíblico

La sección 4,1-34 del evangelio de Marcos nos presenta algunas parábolas de la enseñanza de Jesús. Estas parábolas las encontramos también en Mateo y Lucas. Hay una, sin embargo, que es propia de Marcos: la primera de este fragmento.

Los v. 26-29 nos presentan la parábola de la semilla que crece sola. La fecundidad de las semillas constituía un misterio del que tan sólo Dios conocía el intríngulis. Jesús con su predicación pasa sembrando la semilla de la espera activa de la llegada del Reino de Dios. El crecimiento de esta espera y su extensión entre los discípulos es un misterio que sólo Dios conoce; pero, aunque no se vea, la fecundidad y el dinamismo operan sin interrupción, hasta que llegue el momento de la siega.

Por otro lado la más pequeña de las semillas, la de la mostaza, se convierte en una gran planta. Este contraste indica por un lado el vigor del Reino, ya presente en los hechos y las palabras de Jesús, y por otro lado la voluntad de Dios de convertir una pequeña realidad en un gran cobijo para que todos los pájaros puedan anidar en ella, una presentación velada de la universalidad de la oferta de la salvación que Jesús proclama.

¿Qué te dice el texto?

Con la persona de Jesús se pone de manifiesto cómo Dios actúa en nosotros y en el mundo. Jesús, como hace el sembrador, echa la semilla en la tierra, esparce por todas partes su palabra y llena de emoción a la gente con sus signos: los gestos de bondad sobre todo hacia los pobres. Y no se cansa de hacerlo: el evangelio lo presenta como un hombre activo rodeado de gente, interesado por su vida, siempre interpelador.

A pesar de que cuesta ver los cambios, entender el crecimiento, valorar las cosas pequeñas... él es un hombre que enseña a vivir en la esperanza, a entender que no todo depende de nuestras fuerzas, sino que hay un crecimiento sin intervención humana, pero que hay que esperarlo con paciencia activa.

En la primera parábola Jesús quiere mostrar el contraste entre la espera paciente, día y noche, un día y otro, del campesino y el crecimiento inesperado e irresistible de la semilla. Un crecimiento que supera todas las expectativas. Mientras el sembrador duerme, la semilla, por la fuerza que tiene en su interior, va creciendo “ella sola”, sin que el campesino “sepa cómo”.

¿De qué me está hablando el evangelio? ¿De eficacia por el esfuerzo humano o más bien de fecundidad gratuita? Tal como pasa con la semilla sembrada, así es el crecimiento en tantas realidades humanas y mundanas. Tendríamos que ser más perspicaces parar darnos cuenta de realidades que crecen desproporcionadamente respecto a nuestro esfuerzo, que son muy fecundas, a pesar de que nos parecen poco eficaces. Hay realidades que nos parece que no evolucionan, que están estancadas, “enterradas” en la tierra, que nos hacen venir ganas de abandonar, de no insistir, de dedicarnos a una cosa que sea más productiva. Nos cansamos de esperar, nos cansamos de regar un palo seco, nos cansamos de las pequeñeces..., queremos números, resultados, cantidades que justifiquen nuestro trabajo.

Pues bien, Jesús nos pide tener una actitud contemplativa, no menospreciar las cosas pequeñas, confiar en la fuerza interior que Dios ha puesto en nosotros, en las personas, en las realidades humanas, dejarnos sorprender por la novedad que cada día nos ofrece la vida.

¿Qué le dices tú a Dios?

La oración de hoy tiene que ser sobre todo contemplativa, con todo lo que significa esta palabra: contemplar no es quedarse con el pensamiento en blanco ni quedarse embobado ante una imagen o una idea. Para el cristiano, “contemplar” quiere decir “ser contemplado”; más que ver, es ser visto, ser tomado por Cristo Jesús, ser atraído por Él. Por tanto, hoy se tratará de dejarse atraer por la fuerza de la palabra de Jesús y dejarse iluminar por su luz cálida.
Pide al Padre que te atraiga para poder ir hacia Jesús y que Él te resucite (cf. Jn 6,44).


Como el grano de mostaza

Un buen día un joven se presenta en el despacho para apuntarse a un curso. Hago la acogida. Durante 20 minutos escucho su vida: miserias y alegrías, dificultades y avances. Material suficiente para hacer un libro. Le informo. Se va, diciéndome que se lo pensará. 

Unos días después me llama. Su voz tiembla un poco cuando acepta la plaza. En la segunda acogida percibo su ilusión. Yo estoy contenta, pero no me manifiesto (¿por qué no manifiesto mi alegría?).

Y comienza el curso. Un joven más procedente... ¿del fracaso?, ¿de un proceso migratorio?, ¿de la calle?, ¿de la soledad de su casa?; ¡de todo a la vez! Un joven más con nosotros. Y sonrío. Y mi corazón comienza nuevamente a trabajar por aquel joven. Sí, sí, con el corazón y con la cabeza poniendo a su alcance: los recursos, el equipo, los compañeros, el temario, las herramientas... Pero noto que ha comenzado también en mí una nueva aventura: ser y estar al lado de este joven.

Y así van pasando horas, días, semanas compartidas. Y el joven se va abriendo. Las distancias se acortan. ¿Tengo que mantener la distancia a que el cargo me obliga o en un momento distendido, en una ocasión puntual... puedo ser yo misma? El corazón me dice que me tendría que mostrar más como soy yo.

En el compartir, casi tocando, es como yo me doy cuenta del grano de mostaza que este joven ha sembrado en mi interior. Sí, ¡es él quien ha sembrado! ¿Por qué tenemos que ser siempre nosotros los sembradores? Este joven -como tantos otros- ha encendido una chispa dentro de mí, que me motiva para trabajar con una mejor calidad, con más cuidado y con más amor. Ya no quiero renunciar a sentir lo que cada joven me aporta; no quiero renunciar a dejarme afectar por este nuevo aliento que tantos jóvenes depositan en mí... Aliento que significa vida, renovación, trabajo, mejora...

Gracias, joven... Gracias por enseñarme a fijarme en el día a día... y en todo lo que tantos jóvenes han depositado en mi interior. (Laura Font, educadora de la PES de Mataró).

Acción de gracias

Da gracias a Dios por el conocimiento que te ha revelado en Jesucristo. Pide al Espíritu que te haga pasar de esta Escritura a la vida.

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