Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

23 de abril de 2017

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, Ciclo A

   
«Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, estando  cerradas las puertas del lugar donde se habían reunido los  discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio  de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Y dicho esto les mostró  las manos y el costado. Al ver al Señor se alegraron los discípulos.  Les dijo de nuevo: La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió  así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el  Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son  perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.  Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos  cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al  Señor! Pero él les respondió: Si no veo la señal de los clavos en sus  manos, y no meto mi dedo en su costado, no creeré.  A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y  Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se  presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. Después dijo a  Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y  métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente. Respondió  Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús contestó: Porque me  has visto has creído; bienaventurados los que sin haber visto han  creído» (Juan 20,19-31). 


  1. «Al atardecer de aquel día [de la Resurrección de Jesús], el  siguiente al sábado, estando cerradas las puertas del lugar donde se  habían reunido los discípulos por miedo a los judíos, vino Jesús, se  presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Hoy,  al  terminar la octava de la Resurrección, queremos vivir de un modo  especial este saludo del Señor: "la paz esté con vosotros".  El segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina  Misericordia, que Juan Pablo II instauró en el comienzo del milenio. En esta  devoción resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos  los hombres y al participar de esos actos de piedad en el día de hoy puede  lucrarse indulgencia plenaria (con las condiciones habituales). Se  recomienda para ello rezar alguna oración como "Jesús misericordioso,  confío en ti".  Jesús dio a entender a Santa Faustina que es devoción que tiene que  extenderse por toda la tierra: "La humanidad no conseguirá la paz hasta  que no se dirija con confianza a Mi misericordia" (Diario, 300). Jesús  transmite que Dios es Misericordioso y nos ama a todos... "y cuanto más  grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que  tiene a Mi  misericordia" (Diario, 723). Se nos pide que tengamos plena confianza en la  Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo  a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin  obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742). Junto a la Coronilla y la  Novena a la Divina Misericordia, se promueve la Penitencia sacramental y  recibir la Santa Comunión este día.  

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:  
a) Debemos confiar en la Misericordia del Señor. Jesús, por medio de  Sor Faustina nos dice: "Deseo conceder gracias inimaginables a las almas  que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia  con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos  serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi  misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina". 
 b) La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la  condición para recibir gracias: "Las gracias de mi misericordia se toman con  un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto  más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y  sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que  pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía  en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella.  Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni  ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía  en mi bondad". 
 c) La misericordia define nuestra actitud ante cada persona: "Exijo de  ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar  misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni  excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia: la  primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En  estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un  testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y  adora mi misericordia".  
d) La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para  recibir gracias: "Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no  conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran  acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia  anticiparía mi juicio". 
 e) El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una  obra de misericordia al día. "Debes saber, hija mía que mi Corazón es la  misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman  sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia.  Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu  corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en  esta misericordia mía que tanto deseo para las almas". 
 
Los primeros testigos de la Resurrección, por voluntad de Jesús,  fueron las mujeres, seguramente con la Virgen María. Después de la  segunda aparición, con los que iban a Enmaús, la misma tarde del «primer  día de la semana», Jesús se aparece a los Apóstoles mostrándoles las  heridas de las manos y del costado, y «sopla» sobre ellos y les dice:  «Recibid el Espíritu Santo» (luego, según Lucas, habrá otra efusión del  Espíritu, a los 50 días). Después de su entrega y descenso hasta el abismo,  hay una "elevación" mesiánica de Cristo por el Espíritu Santo que alcanza su  culmen en la Resurrección, donde se revela como Hijo de Dios "lleno de  poder". Al soplar sobre los apóstoles, se nos pone en relación con Adán  quien fue hecho «alma viviente» gracias al «aliento de vida» que Dios  «insufló en sus narices». Jesús da vida, en una nueva creación en su resurrección. Ahí se vive lo de san Pablo: «se siembra un cuerpo natural,  resucita un cuerpo espiritual», animado por el pneuma, el Espíritu. Nuestra  resurrección será a imagen de la de Cristo.

 La «paz sea a vosotros». Jesús, has venido a traer la paz. Danos  la paz, la paz del corazón, la paz interior. Luego confías el poder de las  llaves, de perdonar los pecados, a la Iglesia: «Cristo quiso que toda su  Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el  instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de  su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al  ministerio apostólico» (Catecismo 1442). Gracias, Jesús, por habernos dado  este sacramento. 

Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con  ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos  visto al Señor! Pero él les respondió: Si no veo la señal de los clavos  en sus manos, y no meto mi dedo en su costado, no creeré”. Es el  peligro de la incredulidad, de comprobarlo todo…

 “A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y  Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, vino Jesús, se  presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. Después dijo a  Tomás: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y  métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. He aquí la  conversión, y seguidamente la confesión de fe más maravillosa del  Evangelio: “Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús  contestó: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que  sin haber visto han creído» (y aquí estamos nosotros…). 

2. Los Hechos de los Apóstoles nos cuentan que “los hermanos  eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la  vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Aquellos días  de Jerusalén fueron “fundantes” de la comunidad eclesial: “los creyentes  vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y  bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno”.  Desprendidos de las cosas materiales, “a diario acudían al templo todos  unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos  alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de  todo el pueblo y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que  se iban salvando”. Estaban con María la Madre de Jesús, por cuya  intercesión ha derramado Dios sobre la Iglesia su misericordia, sobre toda  la humanidad por medio de María, y lo continúa haciendo…  

Este salmo refleja los misterios redentores de la vida de Cristo; el  Señor cantó este salmo al finalizar la Ultima Cena, y lo cita cuando habla de  la viña y los viñadores: “Dios había plantado vides escogidas y sin  embargo dieron agraces”: la violencia, el derramamiento de sangre y la  opresión, que hacen gemir a la gente bajo el yugo de la injusticia. Te  pedimos, Señor, dar fruto, no ser infecundos ni malos, estar unidos a ti, que  nos dices: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece  en mí y yo en él, ése da mucho fruto» (Juan 15, 5). La historia de la  viña de Dios acaba bien, Dios no fracasa. Al final, triunfa el amor, se hace  realidad lo del salmo: «La piedra que los constructores desecharon, en  piedra angular se ha convertido… De la muerte del Hijo surge la vida, se forma un nuevo edificio, una nueva viña. En Caná, cambió el agua en  vino, transformó su sangre en el vino del verdadero amor y de este modo  transforma el vino en su sangre. 

 3. La epístola bendice al Señor, exclama ante lo que hizo y sigue  haciendo por su pueblo: se "bendice" al Padre de nuestro Señor   Jesucristo, que al resucitar a Cristo de la muerte nos ha hecho nacer  de nuevo a una  esperanza viva. Vemos el objeto de esta esperanza: la  herencia reservada en el cielo. Por eso, las pruebas que al presente  nos afligen no  pueden empañar nuestra alegría. Todas las penas se  pueden llevar con esta esperanza: vamos a obtener la salvación,  que es la meta de nuestra fe. Fe que –fruto de la experiencia de  Dios- lleva a una actitud de "bendición" (Adrien Nocent).  
Este domingo, que cierra la octava de  Pascua, suele llamarse "in  albis", es decir, de  las vestiduras blancas que habían llevado los  nuevos  bautizados durante toda la semana. Todos cristianos de ayer o desde hace   mucho tiempo, somos de alguna manera  "recién nacidos", tenemos la  necesidad de  comprender mejor "que el bautismo nos ha  purificado,  que el Espíritu nos ha hecho  renacer y que la sangre nos ha  redimido",  como reza la Oración colecta de la Misa.


 Llucià Pou Sabaté

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