Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

20 de octubre de 2014

TU CORAZÓN ESTA MAL CUANDO ES TUYO… ¡DAME TU CORAZÓN!”


TU CORAZÓN ESTA MAL CUANDO ES TUYO… ¡DAME TU CORAZÓN!” 

Si no percibes la claridad del Evangelio de hoy es que tienes tapados los oídos y cerrados los ojos: “Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes” (Lc 12,15). ¿Qué es lo que asegura la vida del hombre?

San Agustín dijo en una ocasión una frase que viene a pelo con este texto: “Nos hiciste Señor para Ti e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti”... Tan inquieto tenemos el corazón que de inmediato busca y se apega a las cosas materiales como se apegan las raíces de una papa a cualquier objeto que le rodee.
Debemos agradecer a Dios el que nos haya dado un corazón demasiado grande para poder amar a tantas personas, a uno mismo, y sobre todo para poder amarle a Él. No acortemos nuestras capacidades de amar "amando" otras cosas, atesorando riquezas que al final de la vida no nos servirán de nada. Agrandémosle poniendo en todo nuestro mayor amor.

Bien mirado, el amor es nuestro mayor tesoro. Pongamos atención a este tesoro a fin de ser ricos interiormente. Decimos que son caros los bienes que tienen un gran precio y con razón… Pero ¿qué hay de más apreciado que el amor? ¿Cuál es su precio? Y, ¿cómo pagarlo? El precio de una tierra, el del trigo, es tu dinero; el precio de una perla, es tu oro; pero el precio de tu amor, eres tú mismo. Si quieres comprar un campo, una joya, un animal, buscas los fondos necesarios. Pero si deseas poseer el amor, no busques más que a ti mismo.

¿Qué es lo que temes dándote? ¿Perderte? Al contrario, es rechazando darte que te pierdes. El mismo Amor se expresa por boca de la Sabiduría: “¡Date a ti mismo!” Si alguien quisiera venderte un terreno te diría: “Dame tu dinero”. Escucha lo que te dice el Amor por boca de la Sabiduría: “Hijo, dame tu corazón” (Pr 23,26). Tu corazón estaba mal cuando era tuyo; eras presa de tus malas pasiones. ¡Quítalas de ahí! ¿Dónde llevarlas? ¿A quién ofrecérselas? “Hijo, ¡dame tu corazón!” dice la Sabiduría. Que sea mío, y no lo perderás…

Jesús, con justa razón, llama “necio” al que tiene un corazón que se deja arrastrar por la ambición. La necedad es la ignorancia, la imprudencia, la incapacidad de disfrutar y ser feliz con lo que se tiene. No es que Jesús quiera que estemos sin tener qué comer o qué vestir, tampoco nos prohíbe aspirar a un mejor salario; lo que quiere es que las preocupaciones excesivas no nos roben la capacidad de agradecer y ser felices con lo que tenemos, que las ocupaciones no nos quiten el tiempo que deberíamos emplear para compartir con la familia.

Lo que Dios quiere es que nuestro corazón este lleno de su amor, así seremos ricos en prudencia, en entendimiento y en sabiduría para administrar nuestros bienes materiales (y también los espirituales). Seguro que así nos daremos cuenta de que más que faltarnos cosas para ser felices, nos sobran.

Por: Jimmy Tambo Briones.

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