Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

21 de octubre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 21-10-2014

MARTES DE LA XXIX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. 21 de Octubre del 2014 . 1º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. Hilarión de Gaza ab, Viator cf, Celina mf, Severino ob, Úrsula vg mr. Beata Laura Montoya vg. Santoral Latinoamericano. SS. Úrsula, Celina. 

LITURGIA DE LA PALABRA
Ef 2,12-22: Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa.
Salmo responsorial 84: Dios anuncia la paz a su pueblo.
Lc 12,35-38: Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentra en vela.

Los discípulos deben estar en vela y preparados para la venida de Jesús, cuya hora nadie conoce. Una imagen de tal disposición se halla en ese criado que aguarda a su señor que ha de volver de un banquete de bodas a alguna hora de la noche. Cuando llame el señor, el criado deberá estar ya a la puerta para abrirle, dejarlo pasar y conducir al señor a su casa. Para eso está allí el criado y lleva la túnica recogida. Esto, aplicado al discípulo, significa que debe estar equipado moralmente en todo momento, de tal forma que pueda acudir inmediatamente a la llamada del Señor cuando venga a juzgar; que debe ser claro y luminoso como el sol y sin tropiezo moral; cargado de frutos de justicia por Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios (Flp 1,10s). El discípulo que está pronto es felicitado, llamado dichoso por Jesús. Entre dos bienaventuranzas se expresan los bienes que aguardan al siervo que está siempre en vela, incansable y fiel: el Señor le servirá a la mesa. Cambio completo de la situación: el siervo pasa a ser señor, y el señor se hace siervo. Porque Dios hace participar de su gloria a los que velan. La gloria del reino de Dios se compara con frecuencia con un banquete de bodas que Dios prepara para los que acoge en su reino. Dios honra a los invitados sirviéndolos, y les abre los gozos de su gloria..


PRIMERA LECTURA
Efesios 2, 12-22
Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa
Hermanos: Antes no teníais un Mesías, erais extranjeros a la ciudadanía de Israel y ajenos a las instituciones portadoras de la promesa. En el mundo no teníais ni esperanza ni Dios. Ahora, en cambio, estáis en Cristo Jesús. Ahora, por la sangre de Cristo, estáis cerca los que antes estabais lejos.
Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas, haciendo las paces, para crear con los dos, en él, un solo hombre nuevo. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre con un mismo Espíritu.
Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo
Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Palabra de Dios

Salmo responsorial: 84
R/.Dios anuncia la paz a su pueblo.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: "Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos." La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R.

SANTO EVANGELIO
Lucas 12, 35-38
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas; vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela: os seguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y les irá sirviendo. Y si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Palabra del Señor

Reflexión de la Primera Lectura: Efesios 2, 12-22. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa.
El hecho de que los Efesios fueran de origen pagano proporciona a Pablo la ocasión para subrayar su situación precedente de gran pobreza por la falta de Cristo. En efecto, no tenerle a él significa «estar lejos» de Dios; tenerle significa estar «cerca» gracias a la sangre que ha derramado por nosotros. Históricamente, pues, los paganos vivían una situación desfavorable respecto a los israelitas: como no pertenecían al pueblo de Dios, no podían participar; en consecuencia, de las promesas (v. 12).
El punto focal de la perícopa es la afirmación de que « Cristo es nuestra paz» (v. 1 ss). Es preciso captar el doble sentido de la palabra paz. Por una parte, se trata de la abolición de aquello que, en lo tocante a la Ley, separaba a judíos y paganos. Por otra, es la paz de todo hombre con Dios, entendida como una reconciliación que tiene lugar por el hecho de que ha sido eliminado el pecado. Es Cristo —él solo— quien ha llevado a cabo tanto una como otra paz. Verdaderamente, la separación era una enemistad tan profunda que formaba como un «muro» que separaba al hombre de Dios y a los hombres entre ellos. La observancia de la Ley, caída en un ciego legalismo formalista, impedía la obediencia a Dios de una manera sustancial; esa obediencia es posible por la pacificación que tiene lugar con la encarnación del Verbo y el rescate de su muerte en la cruz. En virtud de esta paz nuestra nace el «hombre nuevo» (v.16). El camino, tanto para los que proceden del paganismo como para los que fueron israelitas, es ahora un sereno ir al Padre con la fuerza unificadora del Espíritu.
Pablo coloca, a continuación, la premisa de nuestra identidad como iglesia. Ahora somos «conciudadanos dentro del pueblo de Dios; familia de Dios» (v. 19), sólidamente «edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas» (v. 20). Nuestra piedra angular es Jesús. De él nos viene la posibilidad de evolucionar espiritualmente hasta llegar a ser, caminando con los hermanos, verdadero templo de Dios, su morada por intervención del Espíritu.

Hermanos, recordad como en otro tiempo, estabais lejos del Mesías, excluidos de la comunidad de Israel y extraños a las alianzas, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

En efecto, en otro tiempo existían los "privilegiados" y los no «privilegiados». Esta separación radical era ferozmente mantenida: estaba prohibido a los «goyims» -naciones paganas- atravesar el recinto del Templo que les estaba reservado... bajo pena de muerte.

Este desprecio de los «paganos» había suscitado a su vez un antiJudaismo muy generalizado.

Pero, cuidado con juzgar a nadie. ¿Puede decirse que esas actitudes orgullosas han desaparecido totalmente?: ¿no hay todavía entre nosotros racismo, apartheid, separaciones entre los ambientes sociales, cuidadosamente mantenidas, y complejos de superioridad, de castas, de privilegios? ¿No sucede también alguna vez que el mismo término «católico», desviado de su sentido propio, toma un aire despectivo?

Perdón, Señor, por nuestras estrecheces y por nuestras exclusiones.

-Es El, Cristo, nuestra «paz». De los dos, Israel y «gentiles» ha hecho un solo pueblo.

Por su carne resucitada derribó el muro que los separaba, el odio, suprimiendo las prescripciones jurídicas de la ley...

Uno de los frutos esenciales de la redención es la unidad, la paz, la supresión de los racismos, la destrucción de los «muros que separaban a los hombres entre sí». Y esto es simbolizado por Pablo por la coexistencia en el seno de la misma Iglesia de cristianos procedentes de Israel y cristianos venidos del paganismo. HoY, en nuestro mundo actual, en nuestra Iglesia actual ¿cuáles son los riesgos y los puntos de ruptura, los puntos por los que el odio se infiltra?

-Cristo quería reunir a unos y otros en la paz y crear en El «un solo hombre nuevo».

Unos y otros, reunidos en un «solo cuerpo» quería reconciliarlos con Dios por la cruz.

¡Esto es lo que Cristo «quería»! ¡Lo que «quiere» todavía! Notemos que Pablo, hasta aquí, hablaba de lo que «separaba a unos y a otro», y que ahora habla de reconciliarse con Dios. Las dos perspectivas están ligadas: tener un mismo Padre, es fomentar la fraternidad.

Haz que comulgue con tu voluntad, Señor Jesús.

Entrar en la aventura del amor que «agrupa» que «hace la paz», que «reconcilia», que «reúne»... esto cuesta la sangre de la cruz. No es una empresa fácil.

¡Señor! ¡Haznos constructores de paz, constructores de amor!

-En su persona dio muerte a la enemistad.

Señor, que trate yo contigo de dar muerte a la enemistad.

-Por El, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu. Ya no sois «transeúntes» ni «forasteros» sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios...

Estáis siendo juntamente edificados hasta ser «morada de Dios» en el Espíritu.

Estamos lejos de las exclusiones de antaño, ya no hay metecos ni razas inferiores. Todos los hombres son iguales ante Dios. Todos son sus hijos. Todos son de la misma familia. Y el verdadero Templo de Dios no está hecho de piedras, sino de personas vivas: Dios habita en la humanidad...

Esto confiere una preeminente dignidad a todo ser humano.

Por todo ello ¿qué debería cambiar en mis relaciones con las personas, en mi manera de pensar y de actuar?

Reflexión del Salmo 84. Dios anuncia la paz a su pueblo
.
Este es un salmo de súplica colectiva. El pueblo está reunido y clama pidiendo que el Señor lo restaure y le dé la salvación (5-8).
Tiene tres partes: 2-4; 5-8; 9-14. En la primera (2-4), el pueblo recuerda el pasado reciente. Reconoce que el Señor ha sido bueno. Seis son las acciones de Dios en favor de Israel de las que se hace memoria: «has favorecido», «has restaurado» (2), “has perdonado”, «has sepultado» (3), «has reprimido» y «has frenado» (4). Estas acciones se refieren al final del exilio en Babilonia (año 538 a.C.). En cambio, en la segunda parte (5-8), el pueblo tiene la sensación de que el Señor se ha olvidado de todos estos favores, pues Israel necesita ser restaurado nuevamente. Surge, así, la súplica, caracterizada por cuatro peticiones: «restáuranos», «renuncia» (5), «muéstranos» y «concédenos» (8). Comparando la primera parte con la segunda, nos damos cuenta de lo siguiente: en la primera, el Señor había restaurado a los cautivos de Jacob (2b); ahora, en la segunda, estas mismas personas necesitan nuevamente ser restauradas (5ª). Antes, Dios había reprimido su cólera y había refrenado el incendio de su ira contra el pueblo (4); ahora, Israel tiene la sensación de que Dios ha desatado su ira y ha dado rienda suelta a su cólera, y el pueblo no sabe cuándo terminará esta situación (6). En la primera parte, el pueblo tenía vida y se alegraba; ahora, la vida y la alegría sólo son objeto de esperanza y mera expectativa (7). Antes, el pueblo sintió el amor del Señor y experimentó su salvación; ahora, se ve en la necesidad de pedir estas mismas cosas (8).
De en medio del pueblo surge una voz, que habla en nombre de Dios. Es la tercera parte (9-14). Este profeta anónimo afirma que el Señor anuncia la paz para quienes le son fieles (9). La paz, para el pueblo de la Biblia, significa plenitud de vida y de bienes. La salvación está próxima y la gloria de Dios volverá nuevamente a habitar en la tierra (10). El universo en su totalidad va a participar en una inmensa coreografía, Se trata de la danza de la vida, que está a punto de comenzar. Ya están formándose las parejas: el Amor con la Fidelidad, la Justicia con la Paz. (11- 12). Es una danza universal, pues de la tierra brota la Fidelidad y desde el cielo baja la Justicia. La coreografía del universo comienza con una inmensa procesión que recorre la tierra. Al frente va la Justicia, detrás le sigue el Señor y, después de él, la Salvación (14). ¿Cómo se va a concretar todo esto? Por medio de un intercambio de dones. El Señor envía la lluvia a la tierra, y la tierra da su fruto (13) para que el pueblo viva y celebre su fe, alegrándose con el Señor (7).
Este salmo da por supuesto que el pueblo está reunido y, además, vive una situación de catástrofe nacional. Estamos en el período posterior a la vuelta del exilio en Babilonia (2b). El texto menciona cuatro veces la tierra (2a. Todo parece indicar que estamos en un tiempo de sequía (13a), de hambre. El pueblo clama al Señor pidiéndole que le restaure, que le perdone y, sobre todo, que le dé vida. Cuando la tierra no da su fruto, el pueblo carece de vida (7a) y no tiene motivos para hacer fiesta (7b). No se habla de enemigos, pero ya sabemos cómo vivía el pueblo a su regreso de Babilonia. Políticamente, depende del imperio persa, económicamente, está bajo su explotación. Tenía que aumentar la producción para satisfacer el tributo a los persas. Si la tierra produjera, podrían vender los productos y comprar plata para enviarla en pago por el tributo a que les había sometido el imperio persa. En caso de que no lloviera, la situación empeoraba notablemente. A esto hay que añadir la corrupción interna. El libro de Nehemías (capítulo 5) muestra con toda claridad a qué situación llegó el pueblo a causa de todo esto. Sin ser los dueños de la tierra y sin que esta produjera sus frutos, el pueblo carecía de vida.
Se trata, por tanto, de una súplica por la vida que brota de la tierra. Se le pide a Dios que responda con la salvación, que envíe la lluvia a la tierra, para que dé su fruto y produzca vida que le permita al pueblo celebrar y hacer fiesta. Entonces, tendrá lugar una gran celebración, la fiesta de la vida, que abarcará todo el universo: una danza a la que se verán arrastrados Dios y el pueblo, el cielo y la tierra, dando así comienzo a la procesión de la vida. Dios camina con su pueblo, precedido por la Justicia y seguido por la Salvación.
La primera parte (2-4) nos hace ver que Dios sigue liberando a su compañero de alianza. La segunda (5-8) habla de la ausencia de este compañero liberador. Su ausencia representa la falta de vida. La tercera (9-14) apunta a la esperanza en el Señor, aliado y liberador, capaz de devolver la vida Amor, Fidelidad, Justicia, Paz y Salvación son los rasgos característicos de este Dios que camina con su pueblo. Es un Dios que habita en el cielo, pero que hace brotar la Fidelidad de la tierra (12).
Además de lo dicho, este salmo pone de manifiesto que el Dios de Israel está vinculado a la tierra, símbolo de vida. Entre el Señor y la tierra hay un diálogo abierto y un intercambio de bienes. Dios envía la lluvia y la tierra le proporciona alimento al pueblo; el pueblo, por su parte, lo celebra con Dios, ofreciéndole las primicias. Conviene recordar, también, que el Señor camina con su pueblo precedido por la Justicia y seguido por la Salvación (14).
Al margen de lo que ya se ha dicho a propósito de los salmos de súplica colectiva, no está de más establecer algunas relaciones con Jesús. El es el amor y la fidelidad de Dios con respecto a la humanidad (Jn 1,17), el verdadero Camino hacia la Vida (Jn 14,6). El anciano Simeón, al tomar al niño Jesús en sus brazos, afirma estar viendo la gloria divina que habita en medio del pueblo (Lc 2,32). Jesús perdonó los pecados y, en lugar de airado, se mostró misericordioso, manso y humilde de corazón con los sencillos y los pobres, restaurando la vida de cuantos estaban oprimidos...
Es bueno rezar este salmo a partir de los clamores del pueblo que implora la libertad, la vida, la tierra (lluvia), la salud, la justicia; podemos rezarlo cuando tenemos la impresión de que Dios no nos escucha; cuando sentimos que camina con nosotros. La liturgia propone este salmo para el tiempo de Adviento, abriéndonos a todo tipo de espera y esperanza, preparándonos para la venida de Dios...

Reflexión primera del Santo Evangelio: Lc 12,35-38. Dichosos los criados a quienes el Señor, al llegar, los encuentra en vela.
Una invitación perentoria: «Tened ceñida la cintura, y las lámparas encendidas» (v. 35); y una exclamación reconfortante: «Dichosos ellos» (v. 38). insertada en medio, una pequeña parábola dividida en dos partes: una en la que los siervos esperan al amo, y otra, igualmente sorprendente en su brevedad, en la que el amo, a su vuelta de la boda, en vez de querer reposar, invita a los siervos a que se sienten a la mesa y él mismo se pone a servirles.
Llama la atención el tema de la vigilancia, que resulta familiar en la enseñanza de Jesús. La imagen de las lámparas encendidas recuerda a las vírgenes vigilantes de la parábola narrada por Mateo (25,1-13) y encuentra su contrapunto en el pesado sueño de Pedro, Santiago y Juan, en absoluto dispuestos a compartir la angustia mortal de Jesús en el huerto de los olivos. Dormían, en efecto, porque «sus ojos estaban cargados» (Mc 14,40). La invitación de Jesús: «Velad y orad para que podáis hacer frente a la prueba» (Mc 14,38), había caído completamente en el vacío.
El gesto de tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas expresa el hecho de estar dispuesto a quedarse o ir allí donde el amo quiera. Jesús recoge, del vestuario típico de los hombres de Palestina de aquellos tiempos cuando se preparaban para el trabajo o para emprender el camino de noche, la evidencia de un estado de vela espiritual, de gran importancia para un verdadero crecimiento en los ámbitos humano y cristiano. No por casualidad recoge Lucas otra invitación perentoria de Jesús: «Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida» (Lc 21,34). En efecto, nada como el aturdimiento entorpece los ojos del corazón, retarda el crecimiento y siembra la vida de falsas ilusiones. El no avanzar espiritualmente, hace perder el sentido de esta vida y de la que vendrá, en la que el Señor nos invitará al banquete servido por su amor para siempre.
En nuestra época nos urge más que nunca descubrir a Jesús como «nuestra paz», como alguien que «ha reconciliado a los dos pueblos con Dios, uniéndolos en un solo cuerpo por medio de la cruz y destruyendo la enemistad». Son, en efecto, demasiadas las propuestas de falsas ofertas ofrecidas en el hipermercado de la sociedad en la que vivimos. En el torbellino de las muchas «cosas que hemos de hacer» y de las inseguridades con las que ponemos a cubierto del dolor y de la muerte, vamos cayendo poco a poco y con facilidad en el aletargamiento espiritual. En vez de vivir con la conciencia de que esta vida es sólo la «preparación» del poema de amor y de plena felicidad que Dios nos ha preparado en Cristo, convertirnos la vida presente en un absoluto, como si el bienestar actual —de todo tipo— lo fuese todo.
Pero cuando no salen las cuentas y nos encontramos heridos y decepcionados, ¿a qué vamos a recurrir; sino a fármacos o a otras soluciones «paliativas»? Aquí es donde se revela la formidable actualidad de vivir existencialmente a Cristo como «nuestra paz». Es menester pedirle que destruya la enemistad dentro de nuestro corazón: esa enemistad que nos impide aceptarnos a fondo a nosotros mismos y nuestra historia personal; esa que nos hace diferentes a los otros, competitivos y hostiles; esa que cierra sustancialmente nuestros ojos frente al único fulgor en el que adquieren sentido la fatiga y la belleza del existir: la cruz de Cristo. Entonces, manteniendo bien encendida la lámpara de una fe que se vuelve cada vez más confianza, nos mantendremos vigilantes, es decir; bien despiertos y preparados. Se trata de estar trabajando cuando venga el Señor, esto es, de vivir en una actitud plenamente humana y digna del seguidor de Cristo: en una actitud de disponibilidad, impulso, espera y confianza total. Si nos encuentra, el Señor no se dejará ganar en generosidad: se convertirá en nuestro siervo, introduciéndonos en el banquete donde la vida se transformará en una eterna fiesta nupcial.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Lc 12,35-38. Tened la cintura ceñida y las lámparas encendidas.
La primera parte del texto (12, 32-34) constituye una continuación del tema de la riqueza, que había Comenzado en 12, 13-21 y se había precisado en 12, 22-31. Rico para el mundo era el que estaba ahogado en su riqueza, era el gentil que pretendía asegurar su realidad en los haberes (bienes y dinero). Rico para Dios era el que estaba abierto a la confianza que conduce al reino y compartía sus bienes con los otros. Sobre ese fondo se decía: «Buscad primero el reino de Dios y todo lo demás sé os dará por añadidura» (12, 31).
En este contexto se sitúa una de las revelaciones fundamentales de todo el evangelio: “No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (12, 32). El conjunto de Fieles que esperan, el grupo que no tiene nada y se asombra de todos los bienes del Cristo parece pequeño y es grande: «Ha tenido a bien daros el reino”. No se trata darlo más tarde, cuando mueran los ricos y cambien las formas del mundo. En este mismo instante, los creyentes de la Iglesia están siendo ya creyentes porque aman, porque tienen en el centro de sus vidas la confianza, porque esperan. Son grandes, en fin, porque el mismo Dios se les presenta como «Padre», es el tesoro en que se funda y enriquece su existencia.
Pero el hecho de que Dios sea su padre y vivan ya el misterio de su reino es a la vez una exigencia. Por eso se añade que es preciso «atesorar para ese reino». ¿Cómo? Convirtiendo nuestros bienes en limosna. Haciendo que nuestra vida sea una alegría para el triste, ayuda para el pobre, fuente de comida para aquél que pasa hambre. Con vieja palabra se añade que el corazón del hombre anida allí donde se encuentra su tesoro. Es corazón para este mundo si sus bienes son del mundo. Corazón que está en el cielo si sus bienes son del cielo (los necesitados y los pobres).
Con esto penetramos en la segunda parte del texto (12,35-48). Mostrando al hombre su auténtica riqueza, Jesús le ha convertido en ser inquieto. Ya no puede descansar mientras anhela esa fortuna, ni dormir mientras espera al Señor hora tras hora. Por eso se precisa: «Tened ceñida la cintura...; estar como los que aguardan a que su Señor vuelva..., para abrirle apenas venga» (12, 36). No importa que el amo venga en una hora prefijada. Lo que se pierde es el vivir en la tensión de su llegada, el ocupar se en los misterios de ese reino que no llama abiertamente a nuestra puerta pero existe allá en el fondo de la noche y determina nuestra espera.
La vida vigilante no es una simple expectación, mantenerse en el vacío de un anhelo de futuro. Pedro ha preguntado, planteando este problema «¿Lo has dicho por nosotros o por todos?» (12, 41). Jesús no ha necesitado ampliar su exigencia. Vuelve hacia lo mismo y cuenta la parábola del administrador que puede ser fiel o malvado (12, 42-48a).
Esta parábola nos muestra que el tiempo de la espera se precisa para Lucas como tiempo de servicio, porque el reino se refleja ya de forma decisiva en nuestra vida. Es muy posible que el mayordomo a quien se ha puesto al frente de la casa sea un símbolo de los dirigentes de la Iglesia. La vigilancia que se le pide se traduce en un servicio en favor de los demás. El poder que se le ofrece es un deber de preocuparse por los otros.
Una vez que nos fijamos en la parábola descubrirnos que la exigencia de los ministros se ha extendido a todos los miembros de la Iglesia. A todos se confía un tipo de servicio en el tiempo de la espera. La riqueza del reino se traduce para todos a manera de amor que dirige hacia los otros. Aquél que ha recibido el gran tesoro que le hace rico para Dios empieza a ser inmediatamente (tiene que ser inmediatamente) fuente de amor para los hombres.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Lc 12,35-38. Los discípulos no saben a qué hora vendrá el Hijo del Hombre.
Encontramos paralelos en Mt 25,1-13; 24,43-51; Mc 13,33-37. Tenemos mensajes semejantes en la parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1-13).
En el versículo 35, el cinturón arremangaba el vestido y sujetaba la túnica. Esto facilitaba el andar y el trabajar Para relajarse, el cinturón era aflojado. La exhortación a ceñirse el cinturón es una llamada a estar listos, preparados. Ésta también recuerda la apresurada salida de Israel de Egipto (Ex 12,8.11).
La lámpara encendida presupone oscuridad y noche. Así queda completo el simbolismo de la Pascua.
Así observamos en el versículo treinta y seis el ejemplo que se menciona presupone las condiciones de vida en la antigüedad. El narrador parece estar pensando en una casa de campo, fortificada, ubicada en las afueras de la ciudad y rodeada por un muro. Los esclavos no tenían un horario fijo de trabajo. Debían estar dispuestos en cualquier momento, incluso cuando el señor de la casa estaba ausente. En cuanto éste regresaba por la noche y tocaba el portón, que se cerraba al oscurecer y estaba atrancado con un pesado travesaño, los esclavos tenían que abrir para que el señor pudiera entrar.
En la literatura de la antigüedad,-dice el versículo 37- las bienaventuranzas fueron ampliamente difundidas. Éstas se encuentran especialmente en el contexto de sabiduría y fomentan una conducta o actuación concreta (Lc 6,20).
La noche se dividía en cuatro guardias nocturnas de igual duración. Llama la atención que solamente se mencionan la segunda y la tercera guardias, es decir, el período antes y después de la medianoche. Ver versículo 38.
En los versículos 39 y 40, se encuentra el ejemplo del ladrón se vuelve a lustrar lo antes dicho. La palabra “hora” puede definir un momento específico, una parte del día, pero también el momento propicio. En relación con este párrafo, “la hora” puede hacer alusión a la segunda venida del Hijo del Hombre (v. 40).
Así como el señor de la casa no sabe a qué hora llega el ladrón para irrumpir en su casa, así tampoco los discípulos saben a qué hora vendrá el Hijo del Hombre. Pero esta ignorancia de los discípulos no es negativa. Es ciertamente válido sacar de esto las consecuencias correctas: estar alerta, listo y preparado.
El judaísmo de la antigüedad diferencia legalmente entre el robo que se produce como un asalto en pleno día, y el robo que es perpetrado oculta y secretamente, generalmente por la noche. En el ejemplo de Jesús se trata de un ladrón que principalmente “trabaja” de noche, secretamente y, por regla general, sin lastimar a nadie. La imagen sirve para ilustrar la exhortación de Jesús a estar alerta. La imagen y el hecho se corresponden mutuamente: así como el señor de la casa está en guardia sobre su propiedad —o, en su defecto, la da a custodiar— para que no sea sorprendido por la venida del ladrón, así los discípulos deben mantenerse en guardia para no estar desprevenidos ante la llegada del Hijo del Hombre.
En el versículo 41, Pedro pregunta a quién está dirigida esta parábola. Jesús responde con la advertencia de estar alerta. Le trata a Jesús de “Señor” y, al hacerlo, subraya su autoridad, es decir; espera de Jesús una respuesta autoritaria.
“A nosotros”, en contraste con los “otros”. Con ello, ¿a quién se refiere? Según el contexto, el discurso de Jesús se refiere a sus discípulos (Lc 12,22). Sin embargo, la multitud está presente (Lc 12,13-21 y 12,54). La multitud también oye estás palabras de Jesús. Así, “a nosotros” podría referirse a los discípulos (no solamente a los Doce); entonces, “todos” califica a la multitud presente.
Jesús no contesta directamente a la pregunta de Pedro. La imagen del fiel y sabio administrador nuevamente presupone condiciones de la antigüedad. Cuando personas acaudaladas y de alta posición social viajaban, encargaban su casa durante el tiempo de su ausencia a un administrador. Éste gozaba de la confianza del propietario; a menudo, eran esclavos o antiguos esclavos liberados. Su tarea era el organizar los diferentes servicios de la casa y encargarse de su ejecución en su debido orden. A ello pertenecían la provisión de alimentos, el cuidado de los enfermos, pero también el cuidado de los dioses domésticos.
Al describir las tareas del administrador de una casa y al elogiar al fiel y sabio administrador; Jesús advierte a Pedro sobre su responsabilidad como portavoz del círculo de los Doce —y por ello de todo el círculo de discípulos— ante los otros, la multitud.
Jesús declara bienaventurado a quien actúa con responsabilidad.
Este versículo –v.44- es introducido con una fórmula solemne. Como premio por su fidelidad, al administrador se le encarga una tarea superior y mayor: la dirección de toda una hacienda.
Ambos versículos -45-48- acentúan la responsabilidad del hombre en su actuar.
Pero esta responsabilidad es gradual, de acuerdo al conocimiento y entendimiento y a la tarea asignada. Tanto el derecho judío como el romano conocían diferentes tipos de castigos corporales; Lucas retoma aquí uno de tantos, con el que sus lectores ya están familiarizados.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Lc 12,35-38 Jesús decía: "Poneos el traje de trabajo" -"llevad ceñida la cintura"- y "mantened las lámparas encendidas".
El tiempo intermedio, hasta la vuelta del Señor, este tiempo que vivimos, el de la Iglesia, exige una actitud: vigilar. El Señor volverá. Con toda seguridad. El discípulo no puede dormirse porque tarde. Debe permanecer alerta siempre, siempre en tensión. Sólo así el discípulo se asegura la acogida por parte de Jesús cuando vuelva. Sólo así se asegura la comunión con él en el gozo y en el amor. Sólo al siervo vigilante servirá el Señor (cf. Mt 25. 1-13; Lc 22. 27; Jn 13. 4-5).

Desde hace unos años se ha insistido mucho y con razón, sobre la necesidad que tienen los cristianos de insertar su fe en lo más profundo de su vida humana, y, por lo tanto, de participar con los demás hombres en los grandes proyectos colectivos de liberación humana y de fraternidad universal que cruzan la historia.

Hubo épocas, en efecto, en las que los cristianos parecieron desinteresarse de lo terreno y de lo temporal. La reciente y gran acusación contra la Iglesia era la de decir que la Fe era el "opio del pueblo"... el pensamiento del cielo y del infierno era como un refugio que adormecía a los hombres y que los alienaba de sus tareas humanas.

¿Qué es lo que piensa Jesús de esto? ¿Es alienador el evangelio? Y si aliena a los hombres, ¿en qué dirección lo hace?

-Jesús decía: "Poneos el traje de trabajo" -"llevad ceñida la cintura"- y "mantened las lámparas encendidas".

Llevar puesto el delantal es estar presto para el trabajo. Es el "uniforme" de servicio. (Lucas 12, 37;17, 8;Juan 13, 4; Efesios 6, 14). Era también el atuendo del viajero el que llevaban los Hebreos para celebrar la Pascua (Éxodo 12, 11) Tener la lámpara encendida, es estar siempre a punto, incluso durante la noche.

No, el cristiano no es un alienado... Por el contrario, está en alerta constante, siempre presto a la acción y preparado para servir día y noche.

¿Estoy yo preparado para servir en todo instante, en todo momento?

-Pareceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle en cuanto llame.

¿Por qué y para quién hay que estar siempre disponible? Para la "llegada" o para el "retorno", de alguien. El detalle "retorno de la boda" quiere indicar que se trata de una hora tardía e indeterminada: en las civilizaciones rurales de antaño, puede decirse que las bodas eran la única circunstancia en la cual se regresaba tarde a casa.

Sí, Jesús viene... Se corre el riesgo de no estar esperándolo... porque su llegada es de "improviso", imprevisible, oculta... ¿Estoy siempre a punto de recibir a Jesús? "Viene" de muchas maneras:

- en su Palabra, propuesta cada día, esta allí. ¿Soy fiel a la oración?

- él está en todo hombre que necesita de mí... "he tenido hambre, estaba solo..." - en la Iglesia y lo que me propone, esta allí... "quien a vosotros escucha, a mí me escucha..."

- en los acontecimientos, "signos de los tiempos", que es preciso descifrar, esta allí...

- en mis alegrías y mis penas, en mi muerte y en mi vida esta allí.

Los hijos vuelven de la escuela: es Jesús quien viene y espera mi disponibilidad. Un colega viene a pedirme que le eche una mano: es Jesús quien viene. Se me invita a una reunión importante para participar en la vida de la escuela, de la empresa, de la colectividad, de la Iglesia... ¿me quedaré tranquilo en mi rincón? Estoy preparando la comida...

Trabajo en mi oficina, en mi despacho, en mi taller...

Acepto una responsabilidad que se me confía...

Es Jesús que viene y al que hay que recibir.

-Dichosos esos criados si el Amo al llegar los encuentra "en vela".

Velar, en sentido estricto, es renunciar al sueño de la noche, para terminar un trabajo urgente, o para no ser sorprendido por un enemigo... En un sentido más simbólico, es luchar contra el entorpecimiento, la negligencia, para estar siempre en estado de disponibilidad. ¡Dichosos! ¡Dichosos ellos!

-Os aseguro que el Amo se ceñirá el delantal, los hará recostarse y les servirá uno a uno.

Elevación Espiritual para este día.
Nosotros creemos que Jesús es verdaderamente el enviado de Dios, ese que traza el camino de la paz y de lo alegría auténticas.
Creemos que es verdaderamente el enviado de Dios que viene a liberar a la humanidad de todo lo que puede estropearla y destruirla. El encarna el sueño secular de los hombres y mujeres que tienen que hacer frente a las duras realidades de una vida en la que se confunden de un modo inextricable la alegría, el amor y el odio.
El mensaje de Jesús, el mensaje de su vida, consiste en manifestar que el amor y la vida tienen la última palabra. Ahora bien, para que la vida tenga la última palabra, será necesario que seamos «concreadores» que continuamos su obra, y para que prevalezca el amor sobre el odio será conveniente que amemos hasta dar nuestra propia vida en una lucha cotidiana de la que ni el mismo Cristo salió indemne. Concrear significa rebelarse contra la fatalidad, no caer en la resignación.
Con todo, no debemos convertirnos en presa de fáciles esperanzas. La crisis es profunda. Más que en la vertiente económica y política, sufrimos una cierta degradación en el aspecto humano. Ahora bien, quien dice “crisis” dice elección: todavía es posible que, en Cristo —“nuestra paz”— nazca «un hombre nuevo». Nuestra fe nos hace creer que la creación «sufre y gime con dolores de parto», como dice san Pablo (Rom 1,22). Los tiempos han cambiado, pero siempre sigue siendo el tiempo de la paciencia de Dios y de la nuestra.

Reflexión Espiritual para el día.
Ven, luz verdadera.
Ven, vida eterna.
Ven, misterio escondido.
Ven, realidad inexpresable.
Ven, perenne exultación.
Ven, espera veraz de cuantos serán salvados.
Ven, resurrección de los muertos.
Ven, alegría eterna.
Ven, corona inmarcesible.
Ven, tú a quien mi corazón ha codiciado y codicia.
Ven, tú que te has convertido en mi deseo y has hecho que yo pueda desearte.
Ven, respiración y vida mía.
Ven, consuelo mío.
Ven, alegría y gloria y delicia sin fin.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia: La reunión de paganos y judíos la única Iglesia de Dios.
El autor de la carta a los efesios hace en este pasaje una exposición acerca de uno de los frutos más importantes de la obra redentora de Cristo: la reunión de paganos y judíos y la única Iglesia de Dios (vv. 11-18). La conclusión (vv. 19-22) hace pensar en un antiguo himno bautismal.
a) Cristo es "paz" en un doble sentido: en cuanto que ha inaugurado un nuevo tipo de humanidad en el que desaparecen las diferencias entre judíos y paganos (vv. 14-16) y en cuanto que ha hecho la paz entre Dios y la humanidad que se ha constituido en Iglesia por su muerte de cruz (v. 16) y por el don del Espíritu (v. 18).

Cristo ha proclamado también y realizado la paz que anunciaron y predicaron los profetas (Is 57, 19) al restaurar unas relaciones normales entre los hombres y entre estos y Dios con tal eficacia que hasta los más alejados han escuchado y aceptado su mensaje igual que los más cercanos.
b) Refiriéndose especialmente a los paganos, Pablo enumera para ellos los frutos particulares de esta paz: ellos no son ya "extranjeros", sino conciudadanos del nuevo pueblo y familiares de la casa de Dios (v. 19).
Esta imagen de la casa de Dios ofrece la ocasión a Pablo para componer una especie de himno a la Iglesia, templo (v. 21) y nuevo habitáculo de Dios (v. 22; cf. Mt 16, 18), cuya construcción empezó por la palabra de los apóstoles y de los profetas. Pablo da mucha importancia al papel de la palabra de estos en la construcción de la Iglesia; ya le había concedido el primer puesto en la organización de las asambleas litúrgicas (1 Cor 12, 28) con prioridad sobre los demás fenómenos religiosos.
Pero si la palabra de los apóstoles y de los profetas, convierte los corazones y es el fundamento de la Iglesia, Cristo es la piedra angular del edificio. La expresión está tomada de Is 28, 16). Se trata de una imagen mesiánica (cf.Rom 9, 33; 1 Pe 2, 6; Bernabé 6, 2) que designa la piedra más importante, sobre la que reposa todo el edificio, garantizando su solidez y ofreciéndosele cohesión y armonía.
c) La imagen de la casa lleva consigo la imagen de la edificación. Israel es la construcción por excelencia de Dios, que la ha "edificado" a lo largo de una obra secular, preservándola de sus enemigos, asegurándole su fidelidad, santificándola (Sal 88/89, 3-5; Jer 31, 4, 28; 24, 6; 18, 7-10) por una especie de milagro continuo. Para construir a su pueblo, Yavé se sirvió de "edificadores" (Sal 117/118, 22): los jefes del pueblo y la élite religiosa. Pero estos no observaron las consignas: rechazaron una piedra, Cristo, a la que Dios concedía una importancia especial (Act 4, 11; Mc 12, 10-11) y han descartado piedras vivas, las naciones paganas, a las que Dios contaba con incorporar en la construcción (Jer 12, 16). Cristo debía haber sido la piedra cumbre del edificio. Pero los judíos la rechazaron y el edificio se ha derrumbado, y la destrucción del templo reveló la ruina del edificio-Israel (Mt 23, 37-38; 24, 2).
Sin embargo, Dios continúa edificando su pueblo: reemplaza el equipo de edificadores con Cristo (Mc 14, 58; Jn 2, 19) y sus apóstoles (Mt 16, 17-19). Hay que hacer notar el carácter personalista de esta construcción: se trata de una acción personal de Jesús (cf. La expresión "en él" de los vv. 21-22), confiada a otras personas: por una parte, los apóstoles; por otra, los cristianos venidos del paganismo (cf. "vosotros también" del v. 22). Pablo habla por vez primera de la participación de todos los fieles en la obra de la edificación: hasta ahora había reservado este privilegio a los apóstoles (1 Cor 3, 5-17; 2 Cor 10, 8; 12, 19; 13, 10; Rom 15, 20). Además, la edificación no termina nunca, debido a la diversidad y perennidad de los ministerios, pero siempre bajo el único impulso de Cristo.
Al presentar a la Iglesia como una "edificación" a la que todos colaboramos, Pablo no piensa tanto en una enorme construcción, con sus estructuras e instituciones, porque cree que esta construcción no es un fin en sí: ella prepara, más bien, el habitáculo escatológico de Dios en la humanidad y se deja apreciar por ella.

La Iglesia se define con expresiones complementarias. Ella es templo y habitáculo, y, sin embargo, está todavía en periodo de construcción. Está sólidamente fundada y establecida y, sin embargo, está siempre por terminar. Es obra personal de Cristo y de Dios, pero no puede avanzar sin la colaboración de los fieles.

Su estructura no puede perjudicar su dinamismo; el cuidado puesto al fundarla no puede bastar para que sea ya plenamente la morada de Dios en Espíritu. Es demasiado débil e inacabada para no dejarse edificar sin cesar por Cristo sobre el fundamento de la Palabra.
-Hermanos, recordad como en otro tiempo, estabais lejos del Mesías, excluidos de la comunidad de Israel y extraños a las alianzas, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

En efecto, en otro tiempo existían los "privilegiados" y los no «privilegiados». Esta separación radical era ferozmente mantenida: estaba prohibido a los «goyims» -naciones paganas- atravesar el recinto del Templo que les estaba reservado... bajo pena de muerte.
Este desprecio de los «paganos» había suscitado a su vez un anti Judaísmo muy generalizado.

Pero, cuidado con juzgar a nadie. ¿Puede decirse que esas actitudes orgullosas han desaparecido totalmente?: ¿no hay todavía entre nosotros racismo, apartheid, separaciones entre los ambientes sociales, cuidadosamente mantenidas, y complejos de superioridad, de castas, de privilegios? ¿No sucede también alguna vez que el mismo término «católico», desviado de su sentido propio, toma un aire despectivo?
Perdón, Señor, por nuestras estrecheces y por nuestras exclusiones.
-Es El, Cristo, nuestra «paz». De los dos, Israel y «gentiles» ha hecho un solo pueblo.
Por su carne resucitada derribó el muro que los separaba, el odio, suprimiendo las prescripciones jurídicas de la ley...
Uno de los frutos esenciales de la redención es la unidad, la paz, la supresión de los racismos, la destrucción de los «muros que separaban a los hombres entre sí». Y esto es simbolizado por Pablo por la coexistencia en el seno de la misma Iglesia de cristianos procedentes de Israel y cristianos venidos del paganismo. Hoy, en nuestro mundo actual, en nuestra Iglesia actual ¿cuáles son los riesgos y los puntos de ruptura, los puntos por los que el odio se infiltra?
-Cristo quería reunir a unos y otros en la paz y crear en El «un solo hombre nuevo».
Unos y otros, reunidos en un «solo cuerpo» quería reconciliarlos con Dios por la cruz.
¡Esto es lo que Cristo «quería»! ¡Lo que «quiere» todavía! Notemos que Pablo, hasta aquí, hablaba de lo que «separaba a unos y a otro», y que ahora habla de reconciliarse con Dios. Las dos perspectivas están ligadas: tener un mismo Padre, es fomentar la fraternidad.
Haz que comulgue con tu voluntad, Señor Jesús.
Entrar en la aventura del amor que «agrupa» que «hace la paz», que «reconcilia», que «reúne»... esto cuesta la sangre de la cruz. No es una empresa fácil.
¡Señor! ¡Haznos constructores de paz, constructores de amor!
-En su persona dio muerte a la enemistad.
Señor, que trate yo contigo de dar muerte a la enemistad.
-Por El, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu. Ya no sois «transeúntes» ni «forasteros» sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios...
Estáis siendo juntamente edificados hasta ser «morada de Dios» en el Espíritu.
Estamos lejos de las exclusiones de antaño, ya no hay metecos ni razas inferiores. Todos los hombres son iguales ante Dios. Todos son sus hijos. Todos son de la misma familia. Y el verdadero Templo de Dios no está hecho de piedras, sino de personas vivas: Dios habita en la humanidad...
Esto confiere una preeminente dignidad a todo ser humano.
Por todo ello ¿qué debería cambiar en mis relaciones con las personas, en mi manera de pensar y de actuar? +

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