Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

5 de octubre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 05-10-2014

XXVII DOMINGO. TÉMPORAS DE ACCIÓN DE GRACIS Y DE PETICIÓN, Feria Mayor. 5 de Octubre del 2014 . 3º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. María Faustina Kowalska vg, Apolinar ob, Atilano ob, Mauro y Plácido mjs. Beatos Raimundo de Capua pb, Bartolomé Longo es. Santoral Latinoamericano. SS. Plácido, Froilán, Flor.

LITÚRGIA DE LA PALABRA

Is 5,1-7: Espero justicia y hay lamentos 
Salmo responsorial 79: La viña del Señor es la casa de Israel 
Flp 4,6-9: Hagan esto y el Dios de la paz estará con ustedes 
Mt 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores 

Algunos seguimos aferrados a un «servicio de la palabra» más apto para generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y la problemática de la gente... La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día... 

Podemos mirar a los profetas, que nos pueden orientarnos en esta tarea. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder y, simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura. 

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Jesús se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje. 

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza. 

Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos « de buena voluntad», o sea, que tuvieran como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. El Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gratuidad, Amor». Por eso, no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo lo propuso como un ideal, sino que lo realizó en la práctica. 

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios. 

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta. 

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf. Lc 15,32). 

La denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11, 26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39). 

Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires. 

PRIMERA LECTURA
Isaías 5,1-7 
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel 

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. 

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos. 

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: 79 
R/.La viña del Señor es la casa de Israel

Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste. Extendió sus sarmientos hasta el mar, y sus brotes hasta el Gran Río. R. 

¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? R. 

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R. 

No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. R. 

SEGUNDA LECTURA
Filipenses 4,6-9 
Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros. 

Hermanos: Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros. 

Palabra de Dios.

SANTO EVANGELIO
Mateo 21,33-43 
Arrendará la viña a otros labradores 

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo: "Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?" Le contestaron: "Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos." Y Jesús les dice: "¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos." 

Palabra del Señor


Reflexión de la Primera Lectura: Is 5,1-7: Espero justicia y hay lamentos

VIÑA-ISRAEL:Os 10. 1; Jr 2. 21; 5. 10; 6. 9; 3. 14; 27. 
La imagen de la viña aplicada al pueblo se encuentra bastantes veces en el AT (Is 3. 14; 27. 2-5; Jr 2. 21; 12. 10; Ez 17. 6; etc.) Expresaba bien la alianza de Dios con su pueblo, alianza emparentada con la unión conyugal (cf. Os 1-3), ya que la vid es también el símbolo del amor (Ct 1. 6-14; 2. 14; 8. 12). El profeta se presenta en este caso como el amigo del novio a quien le da vergüenza ir a presentar su pleito. Entonces el amigo entona esta canto de trabajos de amor perdidos. Este canto (vv. 1-2) compara la actuación del viñador a la viña en un poema de gran lirismo que parece que quedará ahí. Sin embargo el poeta irá más lejos. Es el pueblo mismo quien está en el banquillo del juicio.

En la segunda parte del poema se supera el supuesto lirismo y se entra en el juicio a partir de una interpelación. Los que han escuchado este poema con agrado es preciso que tomen partido (vv. 3-6). Se ha pasado de algo simplemente bello a una postura vital.

Y el pueblo cae en lo que el poeta pretendía: se han juzgado a sí mismos porque ellos son la verdadera viña, la casa de Israel. La fidelidad prometida por el pueblo en la alianza se ha venido por tierra como él mismo lo reconoce. Se han roto esas relaciones de amor con Dios y se han instalado depuradas prescripciones legales que nunca llegarán hasta ese Dios. Por ese camino de rechazo del amor el creyente está abocado a una religión estéril y sin sentido.

El profeta describe minuciosamente la situación en la que quedará el país después de la toma de Samaría y las deportaciones, con el establecimiento de extranjeros y el sincretismo religioso (7. 21).

Lo que había comenzado con un canto de fiesta va a terminar en un canto de verdadera muerte. En un antropomorfismo bellísimo se describe la situación del que pretende caminar en la fe sin ese amor a Dios, expresado como sea, aunque abunde "religiosidad".

Este canto de amor contiene una extraña paradoja. El amor en todas sus manifestaciones exige una respuesta de cariño y de amor exclusivos. Pero en este texto el absurdo está en que lo que se espera como fruto del cariño puesto por Dios en la viña-amada no es que ésta le "corresponda": Dios ha hecho por el pueblo un derroche de amor y, paradójicamente no espera que el pueblo le quiera. Lo que Dios quería con todo su cariño y todo su esfuerzo es que reinara entre ellos la justicia y el derecho. Que supieran amarse y respetarse mutuamente. Esas son las uvas que esperaba el Señor. No esta aquí cantado directamente el tema del amor de Dios al hombre, sino el del amor entre hombres que viene de una postura de fe. Todo el esfuerzo del viñador se orienta a que las cepas convivan y se respeten entre ellas. Hay una forma de saber si uno se mantiene dentro de la alianza entre Dios y el hombre: la prueba de la justicia.

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Este canto de la viña, compuesto por Isaías al principio de su ministerio y recitado, probablemente, con ocasión de la fiesta de la vendimia, es una de las piezas líricas más hermosas de toda la Biblia. Se trata de lo que hoy llamaríamos una canción-denuncia, por lo que interesa mucho conocer la situación socio-política del momento. De esta situación podemos hacernos idea si leemos después las siete maldiciones que se pronuncian contra los acaparadores de tierras y fortunas, los especuladores del suelo y los estafadores, los jueces corrompidos, los campeones en beber vino y los que banquetean despreocupados, los que confunden el mal y el bien y los que son sabios a sus propios ojos...

(vv. 8-24). Tengamos en cuenta que la denuncia y la amenaza atañe a toda la sociedad que bien pudiera ser la nuestra y que no se pretende simplemente la conversión individual de este o aquel pecador. No olvidemos tampoco que las uvas que Dios exige y le son negadas son la justicia social entre otras cosas.

Isaías utiliza un motivo alegórico de gran tradición, el de la viña del Señor que es la casa de Israel (Os 10. 1; Jr 2. 21; 5. 10; 6. 9; 3. 14; 27. 2-5). Pero esta alegoría logra en el canto de Isaías su versión más brillante, en la que se inspirará la parábola de Jesús que vamos a escuchar en el evangelio de hoy. El profeta, el poeta (deberíamos escuchar con atención a los verdaderos poetas, pues la poesía auténtica es muchas veces latente profecía) pronuncia un canto inocente, adaptado a la situación festiva del momento.

El amor, el amigo del profeta, eligió para su viña la mejor tierra: un collado de tierra grasa. La cavó y la plantó con las mejores cepas. Con las piedras que sacó del campo construyó una tapia, y coronó esa tapia de espinos (v. 5). Después levantó en medio de la viña una torre de vigilancia y excavó una bodega en la roca. No podía hacerse más con esa viña. Pero la viña no le dio al amo lo que era de esperar, sino agrazones. Por eso se querella contra su viña. Los habitantes de Jerusalén escuchan estas quejas y son requeridos para sentenciar en el pleito. Tenemos aquí un caso análogo al de Natán cuando invita al rey David para que juzgue sobre un asunto que resultaría ser el suyo (2 S 12. 1 ss.). Pues los habitantes de Jerusalén son "la viña del Señor". ¿Qué podrán decir en su defensa? Nada, por eso no responden.

Y ante el silencio de la viña, de la casa de Israel, Yahvé pronuncia una sentencia sobre ella y contra ella. El amo derribará la tapia para que la coman los rebaños y la devasten, la dejará yerma para que crezcan de nuevo los cardos y mandará a las nubes para que pasen de largo. Sin matáfora: Dios abandonará a Israel a su propia suerte y lo entregará como fácil presa a los asirios. Pues esperaba uvas y le ha dado agrazones; quería que corriera el derecho y la justicia como un río y sólo corre la sangre inocente y los lamentos de los oprimidos.

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DIOS QUIERE QUE LE CORRESPONDA EL PUEBLO PRACTICANDO EL AMOR CON LOS DEMÁS. NO NECESITA NADA DE NOSOTROS: SOLO QUE NOS AMEMOS LOS HOMBRES.
En el poema se habla mucho del trabajo del viñador. Se trata de un amor que no se sacia con palabras, necesita obras de toda clase, constantes. Tales obras apuntan a que el pueblo obre la justicia. Dios quiere que le corresponda el pueblo practicando el amor con los demás, esta es la justicia.

Conviene entender bien el texto para no hacerlo derivar en una correspondencia a Dios que supone un Dios egoísta y necesitado de amor. Yahvé busca la justicia: amarle a él es imposible sin amar al prójimo. Su amor no encierra, sino que abre. Si Dios necesita algo de nosotros es que nos amemos los hombres.

Reflexión del Salmo responsorial 79: La viña del Señor es la casa de Israel
El Señor visita su viña
El salmo que se acaba de proclamar tiene el tono de una lamentación y de una súplica de todo el pueblo de Israel. La primera parte utiliza un célebre símbolo bíblico, el del pastor y su rebaño. El Señor es invocado como "pastor de Israel", el que "guía a José como un rebaño" (Sal 79, 2). Desde lo alto del arca de la alianza, sentado sobre los querubines, el Señor guía a su rebaño, es decir, a su pueblo, y lo protege en los peligros.

Así lo había hecho cuando Israel atravesó el desierto. Sin embargo, ahora parece ausente, como adormilado o indiferente. Al rebaño que debía guiar y alimentar (cf. Sal 22) le da de comer llanto (cf. Sal 79, 6). Los enemigos se burlan de este pueblo humillado y ofendido; y, a pesar de ello, Dios no parece interesado, no "despierta" (v. 3), ni muestra su poder en defensa de las víctimas de la violencia y de la opresión. La invocación que se repite en forma de antífona (cf. vv. 4. 8) trata de sacar a Dios de su actitud indiferente, procurando que vuelva a ser pastor y defensa de su pueblo.

2. En la segunda parte de la oración, llena de preocupación y a la vez de confianza, encontramos otro símbolo muy frecuente en la Biblia, el de la viña. Es una imagen fácil de comprender, porque pertenece al panorama de la tierra prometida y es signo de fecundidad y de alegría.

Como enseña el profeta Isaías en una de sus más elevadas páginas poéticas (cf. Is 5, 1-7), la viña encarna a Israel. Ilustra dos dimensiones fundamentales: por una parte, dado que ha sido plantada por Dios (cf. Is 5, 2; Sal 79, 9-10), la viña representa el don, la gracia, el amor de Dios; por otra, exige el trabajo diario del campesino, gracias al cual produce uvas que pueden dar vino y, por consiguiente, simboliza la respuesta humana, el compromiso personal y el fruto de obras justas.

3. A través de la imagen de la viña, el Salmo evoca de nuevo las etapas principales de la historia judía: sus raíces, la experiencia del éxodo de Egipto y el ingreso en la tierra prometida. La viña había alcanzado su máxima extensión en toda la región palestina, y más allá, con el reino de Salomón. En efecto, se extendía desde los montes septentrionales del Líbano, con sus cedros, hasta el mar Mediterráneo y casi hasta el gran río Éufrates (cf. vv. 11-12).

Pero el esplendor de este florecimiento había pasado ya. El Salmo nos recuerda que sobre la viña de Dios se abatió la tempestad, es decir, que Israel sufrió una dura prueba, una cruel invasión que devastó la tierra prometida. Dios mismo derribó, como si fuera un invasor, la cerca que protegía la viña, permitiendo así que la saquearan los viandantes, representados por los jabalíes, animales considerados violentos e impuros, según las antiguas costumbres. A la fuerza del jabalí se asocian todas las alimañas, símbolo de una horda enemiga que lo devasta todo (cf. vv. 13-14).

4. Entonces se dirige a Dios una súplica apremiante para que vuelva a defender a las víctimas, rompiendo su silencio: "Dios de los Ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña" (v. 15). Dios seguirá siendo el protector del tronco vital de esta viña sobre la que se ha abatido una tempestad tan violenta, arrojando fuera a todos los que habían intentado talarla y quemarla (cf. vv. 16-17).

En este punto el Salmo se abre a una esperanza con colores mesiánicos. En efecto, en el versículo 18 reza así: "Que tu mano proteja a tu escogido, al hijo del hombre que tú fortaleciste". Tal vez el pensamiento se dirige, ante todo, al rey davídico que, con la ayuda del Señor, encabezará la revuelta para reconquistar la libertad. Sin embargo, está implícita la confianza en el futuro Mesías, el "hijo del hombre" que cantará el profeta Daniel (cf. Dn 7, 13-14) y que Jesús escogerá como título predilecto para definir su obra y su persona mesiánica. Más aún, los Padres de la Iglesia afirmarán de forma unánime que la viña evocada por el Salmo es una prefiguración profética de Cristo, "la verdadera vid" (Jn 15, 1) y de la Iglesia.

5. Ciertamente, para que el rostro del Señor brille nuevamente, es necesario que Israel se convierta, con la fidelidad y la oración, volviendo a Dios salvador. Es lo que el salmista expresa, al afirmar: "No nos alejaremos de ti" (Sal 79, 19).

Así pues, el salmo 79 es un canto marcado fuertemente por el sufrimiento, pero también por una confianza inquebrantable. Dios siempre está dispuesto a "volver" hacia su pueblo, pero es necesario que también su pueblo "vuelva" a él con la fidelidad. Si nosotros nos convertimos del pecado, el Señor se "convertirá" de su intención de castigar: esta es la convicción del salmista, que encuentra eco también en nuestro corazón, abriéndolo a la esperanza.

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El salmo 79 es la oración de Israel ante una gran desgracia. El enemigo ha invadido el territorio nacional y ha destruido la ciudad y el templo, y Dios parece mostrarse indiferente y callado ante tamaña desgracia: «Pastor de Israel, ¿hasta cuándo estarás airado?; mira desde el cielo, fíjate y ven a visitar tu viña, suscita, Señor, un nuevo rey que dirija las victorias de tu pueblo, fortalece un hombre haciéndole cabeza de Israel y que tu mano proteja, a éste, tu escogido.»

Con este salmo podemos hoy pedir por la Iglesia y sus pastores. También el nuevo Israel sucumbe frecuentemente ante el enemigo, y le falta mucho para ser aquella vid frondosa que atrae las miradas de quienes tienen hambre de Dios: «Tú, Señor, elegiste a la Iglesia para que llevara fruto abundante, tú la quisiste universal, quisiste que su sombra cubriera las montañas, que extendiera sus sarmientos hasta el mar; y, fíjate, sus enemigos la están talando, su mensaje topa con dificultades, su Evangelio, con frecuencia, es adulterado; pon tus ojos sobre tu Iglesia, despierta tu poder y ven a salvarnos, que tu mano proteja a los pastores, a nuestro obispo, el hombre que tú fortaleciste para guiar a tu Iglesia. Ven, Señor Jesús, y sálvanos.

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POR LA IGLESIA

Siento alegría, Señor, al ver que puedo dirigirme a ti hoy con las mismas palabras que tú inspiraste en otras edades; que puedo rezar por tu Iglesia la oración que el salmista rezó por tu pueblo cuando tu palabra se hacía Escriturñ y cada poeta era un profeta. Conozco la imagen de la vid y los sarmientos y el muro alrededor y la destrucción del muro y su restauración a cuenta tuya para protegerla. Me veo a mí mismo en cada palabra, en cada sentimiento, y rezo hoy por tu vid con palabras que han sonado en tus oídos desde el día en que tu pueblo comenzó a llamarse tu pueblo.

«Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste; le preparaste el terreno, y echó raíces hasta llenar el país; su sombra cubría las montañas, y sus pámpanos los cedros altísimos; extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el Gran Río. ¿Por qué has derribado su cerca para que la saqueen los viandantes, la pisoteen los jabalíes y se la coman las alimañas? Dios de los Ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa. La han talado y le han prendido fuego: con un bramido hazlos perecer. Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti; danos vida, para que invoquemos tu nombre».

La vid, los pámpanos, las montañas, la cerca. Destrucción y ruina; y el hombre a quien escogiste y fortaleciste. Términos de ayer para realidades de hoy. Tú inspiraste esa oración, Señor, y tú la preservaste en escritura santa para que yo pudiera presentártela hoy con nuevo fervor en palabras añejas. Te complaces en oír esas palabras, tuyas por su edad y mías en su urgencia; y si te complaces en oírlas, es porque quieres hacer lo que en ellas dices y quieres que yo te vuelva a decir. Con esa confianza rezo, y disfruto al rezar en unión de siglos con palabras de otro tiempo y vivencias del mío. Bendita continuidad del pueblo de Dios que sigue en peregrinación por el desierto del mundo.

«Señor Dios de los Ejércitos, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve».

Reflexión de la Segunda Lectura: Flp 4,6-9: Hagan esto y el Dios de la paz estará con ustedes

EL CRISTIANO DEBE ESTAR SIEMPRE ABIERTO A LOS AUTÉNTICOS VALORES.
En el último capítulo de su carta, Pablo da a los filipenses unos consejos. En primer lugar, hace una invitación a la alegría (4. 4). La causa de esta alegría es la próxima venida del Señor (v. 5). Es cierto que dicha venida ha de ser también motivo de vigilancia y que no podemos vivir "alegremente", pero debemos descansar de todas nuestras preocupaciones en el Señor. Por eso Pablo añade: "Nada os preocupe". Es una llamada a la serenidad de ánimo que nace de la confianza en Dios y que nos libera de la inquietud propia de cuantos no tienen en quien confiar.

La petición es la oración del pobre, del que todavía no ha llegado, del que todavía camina hacia la plenitud de Dios. Por eso es la oración de los cristianos que esperan la venida del Señor. Por otra parte, sabemos que Dios nos ama y se ha revelado en su Hijo, JC. Así que tenemos siempre motivos para dar gracias a Dios, y nuestras peticiones deben ir acompañadas incesantemente de la acción de gracias.

La "paz de Dios" porque viene de Dios y no es la paz que el mundo puede dar. Esta es la paz que posee el que sabe conjugar en su vida la responsabilidad vigilante y la petición a Dios de lo que todavía espera, con la seguridad de una fe agradecida por lo que ya ha recibido en Xto Jesús. Pablo, que escribe desde la cárcel y a la vista de sus guardianes, compara esta paz de Dios a los guardianes que Dios pone ante las puertas del corazón y de la mente para que nada perturbe la serenidad interior.

Pero esta paz de Dios, que nos custodia de falsos temores, nos libera por ello mismo para apreciar y aceptar sin recelo cuanto de bueno hay en el mundo. Los cristianos tienen que tener siempre abierto el corazón a todos los valores que, no siendo específicamente suyos, son sin embargo auténticos.

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MORAL CRISTIANA/ETICA: MUCHOS CRISTIANOS CREEN QUE LA MORAL CRISTIANA ES "OTRA COSA"/OTRA MORAL ALEJADA DE LA VIDA. EL CRISTIANISMO NO SE INVENTA UNA MORAL PROPIA HACIENDO TABLA RASA DEL SENTIDO COMÚN Y DE LA CONCIENCIA ÉTICA.
Uno de los problemas que a los primeros cristianos se les planteó o se plantearon ellos mismos repetidas veces fue el de la moral.

Si el Evangelio era una Buena Nueva, si era efectivamente algo nuevo, ¿había también una moral nueva? La moral antigua, la ética del sentido común y de la ley natural, ¿seguía teniendo vigencia para ellos, o el cristianismo suponía una moral nueva, inventada, partiendo de cero, haciendo tabla rasa del sentido moral habitual? La pregunta no se quedó allí. Pablo respondió claramente en un texto que este domingo leemos en la liturgia de la Palabra. Pero la pregunta sigue latiendo hoy, porque nuestra conducta habitual no se basa sobre la respuesta de Pablo, sino sobre unos supuestos bien distintos.

En efecto, si miramos bien el sentir común de muchos cristianos, observaremos que existe el supuesto, consciente o inconscientemente, de que la moral cristiana es "otra cosa", otra moral alejada de la vida. Existe, diríamos, el convencimiento de que la moral cristiana pide a sus seguidores cosas muy alejadas de la vida. Las cosas ordinarias, las realidades diarias, las tareas e implicaciones sociales o personales modernas -y no pocas de las muy antiguas- quedan como fuera de la moral cristiana habitual porque se piensa que ésta es, efectivamente, otra cosa.

Si usted se sentara al confesonario podría observar que hay todavía muchos cristianos para los que la moral cristiana se queda muy alejada de la vida real, o mejor, se queda reducida a unas parcelas de la misma. Unos pocos capítulos referentes a las relaciones humanas familiares, a la sexualidad y a la disciplina de la Iglesia (precepto dominical) constituyen para muchos cristianos, como digo, lo central y casi único importante de la moral cristiana. Fuera de eso parece que ella no tiene ya nada que decir.

O sea, para muchos cristianos quedan fuera de la moral cristiana las grandes realidades diarias. De hecho muchos piensan que las obligaciones de las leyes de tráfico -en las que tantas veces jugamos con la vida propia y la ajena- son una cuestión civil, pero no moral frente a Dios. Muchos cristianos han podido intentar defraudar a Hacienda en sus declaraciones porque esto, ya se sabe, no tiene que ver para ellos con la moral cristiana.

El mundo de la corrupción administrativa y jurídica, las recomendaciones, tráfico de influencias, las injusticias en los procedimientos administrativos y legales está también lamentablemente protagonizados por cristianos que viven tranquilos de conciencia en esas irregularidades, porque para ellos la moral cristiana es "otra cosa". Para muchos otros cristianos las relaciones laborales, los compromisos políticos, el paro, el hambre en el mundo, el subdesarrollo... son cuestiones irrelevantes desde el punto de vista moral cristiano, porque la moral cristiana se refiere, efectivamente, a "otras cosas".

Y por lo que se refiere al capítulo de la vida cristiana misma, ocurre otro tanto. Muchos cristianos se acusan compungidos en el confesonario del "pecado mortal" de no haber ido a misa un domingo, pero no ven la más mínima inmoralidad en no haber intentado nunca vivir en serio en comunidad cristiana, en no haberse nunca formado cristianamente fuera de los años del catecismo infantil, en no haber hecho nunca ningún esfuerzo de evangelización, en no compartir en absoluto sus bienes en la comunidad cristiana, en no participar activamente en la vida de la Iglesia... La moral cristiana, repitámoslo, para ellos es "otra cosa". Otra cosa que queda reducida y confinada a unos pocos capítulos tradicionales bien recortados.

Por eso la palabra de Pablo puede hoy de nuevo conmover nuestras conciencias, nuestra moral cristiana tradicional: "todo lo que es bueno, noble, bello, justo, verdadero, amable, laudable... tenedlo en cuenta". El cristianismo no se inventa una moral propia haciendo tabla rasa del sentido común y de la conciencia ética natural. Cierto que tiene aspectos propios, nuevos, peculiares, que da una nueva perspectiva a todo el conjunto. Pero no queda reducida a ser "otra cosa".

Se impone la tarea de redescubrir la moral cristiana, de ampliarla a sus verdaderas dimensiones. Porque Jesús no trajo una moral nueva, más sofisticada o perfeccionada. Jesús trajo el anuncio de un Reino nuevo, que tiene en cuenta todo lo que es bueno, noble, bello, justo, verdadero amable, laudable... El día que "tengamos en cuenta" todo esto ganará mucho prestigio la moral cristiana. Que sea pronto.

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Como en tantas otras cartas paulinas, el final de Flp está dedicado a las exhortaciones éticas. Es muy importante saber entroncar esta sección moral con el resto de los escritos paulinos para no desvirtuar su sentido. En efecto, Pablo no es un moralista cuyo mayor interés fuera impartir indoctrinamiento práctico. Así han procedido no pocos predicadores, antiguos y modernos, pero ésa no es la forma de proceder de Pablo ni del mismo Jesús, aunque a primera vista quizá no sea tan evidente.

El punto principal de Pablo es la exposición y estímulo a vivir el SER CRISTIANO. A ello dedica la parte principal también de sus escritos. Exposición no teórica, sino con el objetivo de que se viva profundamente. Como es lo más importante y lo más difícil, a ello consagra sus mayores esfuerzos. Tanto en esta carta como en las demás.

Pero, una vez expuesto ese horizonte, saca brevemente algunas consecuencias. Porque evidentemente -aquí podría estar uno de los fallos de Lutero en la exégesis paulina- un ser profundo no se puede concebir sin un obrar consecuente. Porque no sería humano algo puramente interno por sincero y profundo que fuese.

Pero Pablo no cae en la trampa de concretar excesivamente esta exhortación a la práctica. El obrar está enraizado y brota espontáneamente del ser, de la condición humana. Pero el modo de proceder ha de estar matizado conforme a las circunstancias concretas de cada uno, y tomando como último criterio la propia conciencia. Si no se quiere tratar a los cristianos como a niños, se ha de procurar que sean autónomos y responsables en su conducta.

De ahí que Pablo suela limitarse a recomendaciones generales como las de este párrafo de Flp. Naturalmente, en otras ocasiones, cuando es necesario, desciende a más detalles, como en 1 Co, pero eso no suele ser su talante.

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Pablo, con un destino muy incierto, se despide de los filipenses. Y lo hace con una invitación a la paz: "Nada os preocupe". Ahora bien, esta actitud del cristiano no surge de una filosofía o modo de entender la vida a nivel simplemente humano, sino que surge de la seguridad del próximo encuentro con el Señor.

-"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús": La paz que proviene de Dios está en otro plano que la paz que proviene de las posibilidades humanas y de su modo de comprenderla. Es una paz que, como un centinela, mantiene al cristiano adherido de corazón y pensamiento a Jesucristo.

-"Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, tenedlo en cuenta": El apóstol termina con una doble recomendación a la comunidad de Filipo: asumir los valores humanos aceptados y divulgados por los pensadores griegos y vivir los valores del Evangelio ("lo que aprendisteis, recibisteis...").

Reflexión primera del Santo Evangelio: Mt 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores
Un hombre, una viña y unos obreros contratados a jornal. Esta parábola nos descubre el secreto del Reino de Dios, nos introduce en el estilo de vida y en el clima que se respira. Nos dice cuál es el modo de pensar y de actuar que reina, contrastándolo con el modo de pensar y de actuar que impera entre los hombres.
La descripción de las repetidas llamadas del dueño de la viña y las respuestas de los obreros, enviados en distintas horas del día, apuntan hacia el momento culminante de la parábola, ése en el que se produce una ruptura en el desarrollo de los acontecimientos con el modo habitual de pensar. De improviso, irrumpe en la trama de los hechos una lógica diferente, que orienta el relato en otra dirección, sugiriendo pensamientos, relaciones y acciones nuevas. Por eso no es esencial dar una explicación precisa de cada uno de los elementos que aparecen en la parábola; el decisivo es el que marca la fractura con el punto de vista del lector. Y aquí Jesús, indudablemente, consigue el efecto.
El momento imprevisible se produce al atardecer, a la hora de recoger el jornal, cuando las expectativas de los obreros —y nuestras— se ven completamente trastocadas y decepcionadas. Porque jamás quien ha trabajado solamente «un rato» es tratado como el que «ha soportado el peso del día y del calor» (v. 12). El comportamiento de Dios es así, diferente del comportamiento de los hombres, aunque pueda parecer injusto. «Amigo, no te hago ninguna injusticia» (v. 13), contesta el dueño de la viña. Que es como decir: a los últimos les he hecho un regalo, y a ti no te he quitado nada de lo que es tuyo. La parábola se remonta hasta la raíz de la diferente lógica que guía el actuar de Dios, por una parte, y las expectativas del hombre, por la otra, con la pregunta final: «¿O es que tienes envidia porque yo soy bueno?» (v. 15). La envidia y la bondad son direcciones opuestas del corazón. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad, nos guía hacia el horizonte de su Reino a partir de un modo diferente de «ver» y «comprender» el bien, la justicia y el amor.

Es sugestivo el oráculo de Isaías, ya que nos ayuda a ver el mundo y la vida según la perspectiva de Dios, desde el «cielo». Y es sorprendente la enseñanza de la Palabra del Evangelio, porque en Jesucristo lo anunciado por Isaías alcanza su plenitud y su sentido pleno, encuentra su realización. En Jesús tenemos al Dios-con-nosotros, Dios cercano para siempre, viaducto entre el cielo y la tierra. En Jesús tenemos «hecho hombre» (Col 2,9) y «en su condición de hombre» (Flp 2,7) el pensamiento de Dios y, a su vez, el camino para encontrarlo.

La parábola de Mateo nos adentra en el misterio del Reino de Dios, en el pensamiento de Cristo, en el corazón del Padre, desvelándonos el secreto. Es, para todos, una fuerte invitación a cambiar de mentalidad, a pasar de la lógica del mérito, de quien vive de pretensiones y no reconoce ni admite regalos, al mundo de la gratuidad, que es la raíz del amor y el secreto del Reino de Dios. Al inicio de la historia de cada uno hay un don:
la llamada a ser y a trabajar en la viña. La vida es el regalo precioso del tiempo para vivir y trabajar en la viña. Al final del día tendrá lugar la recompensa, que no será para nadie el fruto de sus propios méritos o esfuerzos, sino un regalo divino e inmerecido. Aquello que es profundamente nuestro —«lo tuyo»— es la llamada de Dios a participar en su vida y en su obra, la posibilidad de trabajar y fatigarnos, de gastar la vida por él. Infeliz, murmurador y envidioso es quien no reconoce el regalo.

Quien se siente acreedor, con derechos ante Dios y la vida, porque piensa que ya ha hecho demasiado, considera todo lo gratuito como un robo, como una amenaza a la presunta justicia. Sin embargo, descubrir que somos amados gratuitamente es empezar a responder desde esa hora a la llamada de Dios; descubrir que todo es don —la viña, el vino, el trabajo, la fatiga...— es el modo de estar en la Iglesia buscando el Reino de Dios.
Pablo nos muestra que es posible y hermoso vivir así: responder a la llamada, esforzarse en su viña y esperar de sus manos la recompensa del modo que quiera y el día que quiera. Sólo quien vive así puede decir: «Para mí la vida es Cristo».

ORACION 
¡Tarde te amé,
hermosura tan antigua y tan nueva,
tarde te amé!
Tú estabas dentro de mí,
y yo afuera,
y así por fuera te buscaba;
tú estabas conmigo,
mas yo no estaba contigo.
Me llamaste y clamaste,
y quebrantaste mi sordera;
brillaste y resplandeciste,
y curaste mi ceguera;
exhalaste tu perfume
y lo aspiré,
y ahora te anhelo;
gusté de ti
y ahora siento hambre y sed de ti;
me tocaste
y deseé con ansia la paz que procede de ti.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Mt 21,33-43:. Arrendará la viña a otros labradores
v. 33. Jesús reclama la atención de los dirigentes para la pará­bola que sigue («escuchad»). La imagen de la viña está tomada de Is 5,ls, citado libremente. «La torre del guarda», lit. «una torre»; se trata de una torrecilla o atalaya para vigilar la viña, sobre todo en la época de la vendimia. Con la especificación «del guarda» se indica la finalidad para la que se construye. La viña como imagen del pueblo elegido era familiar a los judíos (cf. Os 10,1; Jr 2,21; Ez 15,lss; 19,l0ss; Sal 80,9ss).

Para mayor claridad, puede anticiparse el significado de las figuras simbólicas que aparecen en esta alegoría: el propietario de la viña representa a Dios; la viña, como se ha dicho, a Israel; la plantación y trabajos del dueño en favor de ella muestran la solicitud y el amor de Dios por el pueblo elegido; los labradores encargados de que la viña produzca, son figura de los dirigentes; el fruto, como lo indica el paralelo de Is 5,7, es el amor al prójimo, es decir, cl derecho y la justicia; los criados enviados por Dios representan a los profetas; su repetido envío señala la constante llamada de Dios a la conversión; el Hijo y heredero es Jesús el Mesías.

vv. 34-35. «El tiempo de la vendimia», lit. «el tiempo/momento de los frutos». Dios pide cuentas a los dirigentes; envía dos grupos de criados, que pueden corresponder a los profetas de antes y después de la deportación a Babilonia. Los malos tratamientos que sufren por parte de los labradores marcan una progresión ascen­dente: apalear, matar, apedrear, mostrando el empeoramiento pro­gresivo de las relaciones del pueblo con Dios. Tanto en el judaísmo como en el cristianismo primitivo se habla de la lapidación de los profetas (cf. 2 Cr 24,21; Mt 23,37).

vv. 36-37. El segundo grupo de criados, más numeroso que el pri­mero, sufre los mismos malos tratos. Los dirigentes tampoco res­ponden a su mensaje. La historia de Israel está dominada por la infidelidad a Dios. Pasa un período de tiempo («por último»). El dueño está seguro de que a su hijo lo respetarán; Dios espera siempre una respuesta del hombre. «El Hijo» es clara alusión a Jesús mismo (cf. 2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43-54).

v. 38. La expectación del dueño se ve defraudada. Los labradores reconocen inmediatamente al hijo; no hay vacilación, pero deciden matarlo. Su crimen no es consecuencia de un error trágico; tienen plena conciencia de la gravedad de su acción.

Quieren ser ellos los únicos dueños y señores de la viña, del pueblo de Dios. La parábola se refiere directamente a los dirigen­tes de Israel, pero indirectamente toca también al pueblo, en cuanto éste se deja arrastrar y participa de la infidelidad de sus dirigentes. Así sucederá en el juicio ante Pilato (27,20).

v. 39. «Echar fuera de la viña» indica la exclusión de la sociedad judía que los dirigentes decretan contra Jesús. Se juzga al hijo indigno de vivir y aun de morir dentro de su heredad; la viña ya no le pertenece. «Lo mataron» pone el punto final a la acción de los labradores.

vv. 40-41. La pregunta de Jesús recuerda la de Is 5,3: «Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, sed jueces entre mí y mi viña.» La respuesta de los dirigentes tiene ecos de la ruina y destrucción de Jerusalén, que será predicha por Jesús más tarde (24,2.l5ss).

v. 42. Jesús pone al descubierto la responsabilidad de los diri­gentes. La cita de Sal 118,22s supone la costumbre de que un ofi­cial o maestro diera su aprobación a cada uno de los sillares des­tinados a un edificio; los defectuosos se desechaban. La piedra que los dirigentes desechan, que se identifica con el Hijo al que ex­pulsan fuera y matan, será la que corone el nuevo edificio, figura del nuevo pueblo de Dios. No se hace esto por iniciativa de Jesús, sino de Dios mismo, y para los que lo presencian es algo absolu­tamente insólito, pues invierte los valores establecidos en la socie­dad israelita.

v. 43. Recoge Jesús el juicio dado por sus adversarios (v. 41) y lo aplica a ellos mismos. La viña representaba el reinado de Dios. Este va a ejercerse sobre otro pueblo (en singular), es decir, sobre el Israel mesiánico, en el que se integrarán todas las naciones. Es la adhesión a Jesús como Mesías Hijo de Dios vivo (16,16) la que funda el nuevo edificio y constituye el nuevo pueblo.

vv. 45-46. En lugar de los senadores aparecen ahora los fariseos. Su deseo de prender a Jesús se ve detenido por la opinión de las multitudes. Estas piensan de Jesús lo mismo que habían pensado de Juan (cf. 21,26; 21,11). La expectación mesiánica expresada en la entrada en Jerusalén no acaba de cuajar.

En la alegoría de los viñadores homicidas, se nos relata cómo unos labradores que habían arrendado una viña, cuando llega el tiempo de dar cuentas, golpean y matan a quienes el dueño de la viña envía a cobrar, incluyendo a su mismo hijo. La parábola termina planteando lo que debe hacer el amo: acabar con los homicidas, para arrendar la viña a gente que actúe correctamente. La perícopa concluye advirtiendo que el liderazgo en el Reino de Dios que viene le será quitado a la oficialidad judía, para dárselo a un pueblo nuevo que dé frutos. Por eso las palabras de Jesús enfurecieron a los sacerdotes y fariseos, que se sintieron claramente señalados.

Más que una parábola, Jesús propone una alegoría. Este género literario, a diferencia de la parábola, ofrece tantos puntos de comparación cuantos personajes y acciones plantee el relato. Por eso hay que entender que Jesús está haciendo un resumen de la historia del A.T.: todos los enviados de Dios que quisieron plantear una sociedad alternativa fueron condenados a muerte. Esto mismo era lo que ya estaba tratando de hacer con Jesús la oficialidad judía. De aquí las palabras de condenación tan claras de Jesús.

El planteamiento de Jesús era grave: comprometerse con un grupo no es alcahuetear su injusticia. Si el grupo ya no tiene contenidos de justicia, Dios no puede garantizarle fidelidad, cerrando sus ojos al pecado. Y en esto había terminado la oficialidad judía: en un sistema lleno de una gran capacidad de muerte, que sólo funcionaba al servicio de sus propios intereses, eliminando a todo aquél que viniera a amenazar su continuidad. Quien desenmascarare esto ante el pueblo, se convertirá en su enemigo. La verdad dicha por Jesús fue lo que le costó la vida.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Mt 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores
En la parábola de "los viñadores homicidas", ¿estamos frente a una alegoría, donde cada cosa o personaje tiene un sentido, o ante una parábola, donde lo importante hay que buscarlo en la conclusión? Algunos autores, al ver temas tan importantes para el cristianismo primitivo (herencia; persecución; venida; rechazo de las autoridades...) y tantos elementos con significado: la viña es Israel; los viñadores, las autoridades; el hijo, Jesús; el dueño de la viña, Dios; los enviados, los profetas; el otro pueblo, la Iglesia... concluyen que estamos frente a una alegoría (y por lo tanto ante una creación de la primitiva comunidad cristiana). Otros, piensan que la parábola es perfectamente plausible en tiempos de Jesús: Un extranjero es terrateniente en Israel, y contrata campesinos para trabajar la tierra (de la que obviamente no son dueños); en el contexto del levantamiento zelote, es explicable la negativa a pagar la proporción de frutos acordada, y la violencia. El envío del hijo es explicable dado que tiene autoridad jurídica y puede ordenar el desalojo (cf. Ga 4,1-3), y la muerte del hijo, en la suposición de que el padre ha muerto, les hace pensar en la posibilidad de ser herederos ya que una tierra sin dueño podía ser reclamada... Sin embargo, esto no explica todos los detalles. Hay detalles que no pueden ser alegorizados (el viaje, la cerca, la torre y el lagar...) y hay detalles que no pueden explicarse verosímilmente desde un punto de vista histórico (¿triple envío de siervos? ¿envío del hijo después de la muerte de los siervos? ¿Cómo no alegorizar al padre, al hijo, los siervos y la viña? La solución más probable parece ser suponer una parábola con tendencias alegóricas; y una mayor tendencia a la alegorización con el tiempo. Hay elementos que se enmarcan en cosas populares (la "regla de tres"), el envío del hijo (recordar que el uso del término Abbá es propio de Jesús, por lo que no es "incoherente"), y la falta de horizonte mesiánico nos ubica en un contexto hebreo del tiempo de Jesús y Él mirando su propio destino como el del profeta rechazado. Al cuento originario se agregan los elementos alegorizantes en el modelo de pensamiento enmarcado en la historia de la no-salvación en la combinación con la historia de la misión profética como elemento de la predicación de la primitiva comunidad.

El contexto de Mateo lleva a un agravamiento del conflicto, sigue a Mc pero agregando lo propio y acentuando los elementos alegóricos; como se ve de Isaías (LXX). Son dos grandes partes que comienzan cada una por "cuando" (vv.34.40) y tienen el término "frutos" formando una inclusión (vv.34. 43, cf.41); la primera se centra en la infidelidad y la constancia de Dios, la segunda acentúa el castigo.

Oigan, Mt la dirige a los jefes a quienes interpela. El "propietario" es característico de Mt (cf. 13,27; 20,1.11; cf. Mc 14,14) e ilustra las relaciones Dios-hombres como "señor-siervos", (cf.10,25; 13,27; 20,1.11). No se trata entonces de la cepa sino de la propiedad, se destaca la propiedad de Dios; y el alejamiento del propietario subraya la responsabilidad de los viñadores. La "viña" es un biblicismo (Gn 9,20; Dt 20,6; 28,30.39; Esd 4,16; Sal 107,37; Qo 2,4; Am 5,1; 9,14; Is 5,2; 37,30; Jer 2,21; 31,5; Ez 19,10; 28,26; 1 Mac 3,56), es algo común; con el resto de las referencias, recuerda Is 5, y la dedicación del dueño (no se cita 5,2 sino 5,2.5 libremente); simboliza a Israel según la cita de Is 5 LXX.

Es "tiempo de frutos" (cf. 13,30; también el Reino se acerca: 3,2; 4,17; 10,7; cf. 26,45s; 12,28); cf. 24,32s se acerca el tiempo final; refiere a entregar a Dios los frutos del Reino; comparar 7,16-20; 12,33 con Lc 6,43-44; se remarca la (in)fidelidad a la alianza (Sal 1,1-3).

Los "siervos" enviados en dos turnos son los profetas (23,34.37 / Lc 13,34) o quizás los profetas y justos (13,17); refiere a los mensajeros: Moisés (Jos 14,7; Sal 105,26), Josué (Jos 25,29), David (2 Sam 3,18); después se generaliza a los profetas (Am 3,7; Zac 1,6; Jer 7,25) pero sólo es un dato ya que estos no deben cobrar sino anunciar la voluntad de Dios (cf. Mt 5,12; 23,31.37). Ellos pretenden "recibir sus frutos", no paren querer recibir una parte sino la totalidad, lo que -por ser menos real- acentúa (junto con los siervos) la alegoría.

Las relaciones se agravan, y esto se refleja en el aumento de la violencia; "apedrear" (ver 2 Cr 24,21; Hb 11,37; Lc 13,34; Mt 23,37). Sobre el destino de los profetas (cf. Jer 26,23; 20,8; cf. Neh 9,26). El segundo envío, ¿refiere a los primeros y a los últimos profetas?

Al enviar el hijo juega toda su autoridad: "envío... hijo" remarca la relación con el padre. "Finalmente" (hysteron) indica la última oportunidad (4,2; 21,30; 25,11; 26,60). "Hijo" es común en Mt (2,15; 3,17; 4,3; 8,29; 14,33; 16,16; 26,63; 27,43.54) y no es usado en la terminología mesiánica de tiempos de Jesús. El padre cree que lo "respetarán" lo que supone respeto al padre en la persona del hijo; "respetarán" supone una convicción"(cf. Ex 10,3; Lv 26,41; 2 Re 22,19; 2 Cr 7,14; 12,7.12; 34,27; 36,12); Israel no ha respetado a los profetas, ¿respetará al último? De él se afirma que "es el heredero"; esto implica un reconocimiento, no hay error; se revela la gravedad de rechazar a Dios en la persona del hijo; Cristo está en conexión con el envío de los profetas, pero como "hijo" y "heredero" (cf. Hb 1,1s), con lo que aparece como profeta de los últimos tiempos. Hay, además, una ironía: Israel no se reconoce como el heredero.

Mateo invierte el orden de Marcos: es sacado fuera y luego asesinado (= Lc; ver. Lv 24,14-16; Hch 7,58; y además Lv 24,23; 16,27; Nu 15,36; Dt 22,24); con esto acentúa la alegoría.

Jesús pregunta, y la respuesta de los interlocutores es común en Mt; "hará perecer" ¿refiere a la caída de Jerusalén? Los "otros labradores" se especifican en v.43: no se trata de un simple cambio de jefes: ¿es el reino y el pueblo representado por los jefes? ¿es el templo y los sacerdotes expulsados por los pobres o los santos? No debemos forzar las imágenes, supone que quienes reciban al hijo entrarán al servicio de Dios; Jesús les revela su responsabilidad.

El contexto es evidentemente apologético: decir "¿nunca han leído?" supone una respuesta positiva (ver 12,3.5; 19,4; 21,16; 22,31; usando el plural, cf.22,29; 26,54.56).

Con la cita del Salmo se pasa del interés del Reino en la obra de Dios a la resurrección de Jesús (cristológico), paso de la viña al hijo. El "rechazo" es el término técnico de una moneda que un experto juzga falsa (cf. Mc 8,31; Lc 17,25; Hb 12,17). En la imagen de la "piedra angular" no es importante saber si refiere a la piedra del ángulo de la casa -a la base- o la piedra que remata el arco -en la superficie-.

Los sacerdotes no han creído; otros -el Nuevo Israel- darán frutos. Explicita el v.41, la repulsa de Israel (¿Ve el castigo como Venida de Dios?). Relaciona el versículo con el Nuevo Pueblo. La viña designa el Reino, y por tanto los viñadores designan a Israel. Será dado a un "pueblo" (no usa laos), quizá designa una nueva generación (Jer 7,28-29); "nación fiel" son los que den frutos (cf. Rm 9,25; 1 Pe 2,10) no un grupo particular. La "viña" designa la obra de la salvación confiada a Israel por la alianza, el centro está claro: pide cuentas al judaísmo incrédulo y anuncia la sustitución por un nuevo Pueblo de Dios.

El "reino": la referencia a Isaías lleva a remontarse a Israel, pero se da una nueva dirección: en la parábola ya no es Israel sino el Reino (cf. Jer 7,24-26; Mt 23,34-36; cf. 27,25). Los frutos del Reino son una justicia superior a la de los fariseos (5,20). Sugiere castigo y promesa: recusación del antiguo pueblo y formación del Nuevo. Llegando al tema del Reino, Mt dio con el sentido original; sacó a la luz lo explícito Con esto, se subordina la cristológico a lo eclesiológico.

Que el reino sea "de Dios" (y no de los cielos, como es habitual en Mateo), que los frutos se produzcan y no "entreguen" (cf.21,41) y que se hable de "un" pueblo ("otro" cf. Dn 2,44) invita a algunos a pensar que el texto es pre-sinóptico; la viña designa el reino; "dar-quitar" es también de Mt 13 (v.12; cf. 25,29); el pueblo (singular) no es igual a 8,12; cf. 24,7) no designa a "las naciones", quizá a "la Iglesia" (¿es igual a 'ethnos`, 1 Pe 2,9?); es una sentencia cristianizada (cf. Jer 7,28-29). La parábola apuntaba al destino del reino en perspectiva eclesial que engloba lo cristológico: el advenimiento del nuevo pueblo de Dios va ligado al destino del enviado-hijo, es importante ponerse de su lado. El reino que se quita, ¿no es el mismo Jesús? (el mismo juicio puede caer sobre la iglesia; el criterio es la fidelidad, todos deben dar a Dios los frutos). Sabemos que Mateo ha optado por modificar sus fuentes y donde encontró “reino de Dios” lo modificó por “reino de los cielos” a fin de no ser chocante a sus destinatarios (recordar que en el judaísmo de su tiempo era muy frecuente reemplazar el nombre de Dios por apelativos, como Señor, por la voz pasiva, que lo supone sin nombrarlo, o por espacios, como “cielos”). Sin embargo, en 6,33; 12,28; 19,29; 21,31.43 utiliza “reino de Dios”. Parecería que algunos temas son delicados o que Mateo quiere “shoquear” a la comunidad, y ha preferido “reino de Dios” como para llamare la atención sobre la gravedad del tema en cuestión; en este caso, la Iglesia -la de Mateo- no está exenta de repetir lo mismo que hizo Israel, y debe saber que tiene la responsabilidad de dar frutos (derecho y justicia, como queda claro por la imagen de Is 5).

En muchos manuscritos, y la liturgia, omite el v.44 (se dice que es una repetición del paralelo de Lucas puesta por error): este está formado con Dn 2,44 + Is 8,14. Pero parece que hay que mantenerlo; si es tomado de Lc, ¿por qué los cambios? Al acentuar el castigo, al doble anuncio muerte/traspaso corresponde una doble recompensa: resurrección-traspaso del reino. El juicio será según sea la respuesta.

La referencia a los "fariseos" es anacrónica (cf. 27,62), pero es coherente para tiempos del evangelista.

Dios puso en medio de la historia un pueblo, un pueblo del que espera frutos. La parábola, bastante alegorizada, nos pone frente al Pueblo de Israel -con mucha frecuencia simbolizado en una viña- que no dio frutos para Dios y rechazó a los enviados de Dios, los profetas; hasta al mismo Enviado por excelencia, el Hijo fue rechazado y los oyentes se dan cuenta, están ante la última oportunidad de aceptarlo o matarlo “fuera de la viña”. Los lectores sabemos que los “sumos sacerdotes y los fariseos” no aprovecharon esta oportunidad. Por eso nos indica que se le dará ese Pueblo (la vid) a otro, que es la Iglesia, que dé frutos de “derecho y justicia” para Dios.

Pero eso no es garantía de que la Iglesia dé los frutos. Siempre es posible repetir la historia. Por eso se nos llama a construir una nueva historia, más humana, más fraterna, más evangélica. Los frutos nos dirán qué Evangelio hemos sembrado, si un Evangelio deformado por nuestro pecado, nuestras ideologías, nuestra mediocridad y nuestros temores, o el Evangelio del Reino de la vida, del amor, “el derecho y la justicia”.

Convocados a la Nueva Evangelización, estamos llamados a mirar nuestra historia, a mirar los frutos, y mirar nuestro pecado... Desde el llamado de Dios que nos entrega la viña y la urgencia de la historia, alegrémonos por el desafío al que se nos invita y "con un oído en el Evangelio y otro en el Pueblo" (E. Angelelli) lancémonos a la historia para regalarle los frutos del Reino de Dios; lancémonos a la vida generosa en el servicio hasta el extremo del amor; lancémonos a buscar los frutos de la Vida, y dárselos a Dios en los hermanos.


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Reflexión

Quizás, y a propósito de esta parábola de Jesús, sería bueno el preguntarnos: ¿qué hemos hecho de nuestra vida, de la viña que el Señor nos confió el día de nuestro bautismo? ¿Podríamos decir que hemos o estamos produciendo frutos? O ¿Nos hemos apoderado de ella, sin respetar a aquellos que nos han sido enviados para pedirnos cuentas (padres, hermanos, amigos, sacerdotes)? Y ¿que podríamos decir de la viña que nos entregó nuestro Señor en nuestra familia, en la esposa, en los hijos, y en general en todo lo que poseemos? Es bueno recordar siempre que no somos dueños sino administradores y que al menos una parte de los frutos le tocan al Señor. Este tiempo de cuaresma puede ser una buena oportunidad para cambiar nuestra actitud en relación a cómo vivo mi bautismo y como administro los bienes y las gracias que Dios me ha dado. No vaya a ser que corramos la suerte de los viñadores de la parábola.

Que el Señor sea luz y lámpara para tu camino.

Como María, todo por Jesús y para Jesús

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Parábola de los viñadores infieles

Reflexión

La dramática historia de una viña

Nuestro Señor nos cuenta otra historia en el Evangelio de hoy. A Jesús le encantaba predicar por medio de parábolas porque así toda la gente le entendía con facilidad y cada uno podía sacar de ellas las enseñanzas y aplicaciones pertinentes para su propia vida.

Hoy nos narra la historia de una viña y de unos viñadores. Y también en esta ocasión se dirige a los sumos sacerdotes y a los jefes del pueblo.

Había un rico propietario que poseía una viña. Y, a pesar de ser el dueño, él mismo se encargaba de sembrarla, cuidarla, regarla, abonarla, escarbarla, etc., labores todas más propias de un jornalero que de un hacendado. Pero en estos datos encontramos un mensaje muy rico y sugerente. Con esta descripción, nuestro Señor quería recordar a sus oyentes otra historia muy parecida que ya había contado el profeta Isaías a los israelitas ocho siglos antes: la canción del amigo a su viña (Isaías 5, 1-7). Allí aparece con una claridad meridiana el mensaje: el dueño de la viña es Dios, y la cuida con infinito amor y cariño; la planta, la riega y la abona con sus propias manos; le construye una cerca para protegerla de los animales selváticos; pero, en vez de darle uvas buenas, la viña le da agrazones. Entonces Dios se queja lastimeramente: –“¿Qué más podía yo haber hecho por mi viña que no lo hiciera? ¿Entonces por qué, esperando que diera uva buena, sólo dio uvas agraces?”... La viña es el pueblo de Israel, que no corresponde a todos los cuidados con que el Señor la ha tratado: ha sido ingrata e infiel. Ésta es la viña de la que nuestro Señor habla en esta parábola.

Pero hay otro dato muy interesante: Cristo habla de viñadores crueles e inicuos, que matan a todos los enviados del dueño de la viña, hasta que, por fin, el propietario decide mandar a su propio hijo. Fijémonos muy bien en las palabras de los viñadores homicidas: “Éste es el heredero; venid, matémoslo y nos quedaremos con su herencia”. Y añade nuestro Señor: «agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron». ¿Verdad que nos queda clara la alusión a los profetas y a Jesucristo mismo? ¡Con cuán pocas pinceladas nos pinta el drama de la pasión que, dentro de poco, tendrá que padecer a manos de los judíos! También a Él lo agarrarán, lo empujarán fuera de la ciudad de Jerusalén y lo matarán colgándolo de un madero.

–“¿Y qué es lo que hará el dueño de la viña con esos viñadores?”–pregunta Jesús a los sumos sacerdotes. Y ellos se condenarán por su propia boca: –“Hará morir a esos malvados y dará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”. ¡Ellos son esos viñadores homicidas!

Esta parábola es la historia del pueblo de Israel. Y, después de la muerte de Cristo, el pueblo judío será dispersado y la viña pasará a otras manos. El antiguo Israel desaparecerá, la nueva viña será ahora la Iglesia de Cristo y los nuevos viñadores los Apóstoles, el Papa, los obispos y los sacerdotes.

Sin embargo, esa viña también podemos ser tú y yo: tantos dones que hemos recibido de parte de Dios con tanto amor y delicadeza, y que, tal vez, no hemos respondido siempre a esos cuidados del Viñador celestial. Es más, quizá no le hayamos dado frutos buenos, sino sólo uvas amargas y podridas. Cristo está esperando que también nosotros “le demos los frutos a su tiempo”. ¿Qué frutos has dado a Dios hasta el día de hoy en tu vida? ¿Eres tú uno de esos viñadores homicidas que rechazan a Cristo con su rebeldía, incredulidad o indiferencia? Ojalá que no.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Mt 21,33-43:
Aunque nunca haya ocurrido que una piedra desechada por los arquitectos que la consideraban inutilizable, terminara por ser la pieza principal del edificio, sí ha sucedido, al menos una vez, que un hombre desechado por sus contemporáneos, que llegaron hasta hacerle morir, se haya convertido en la base de una comunidad nueva. Esta maravilla de la que sólo Dios es capaz, se produjo una vez en Jesús.

A los oyentes de la parábola toca ahora elegir. Cada uno ha de tender a estar ligado a esta piedra, para con ella, por ella, gracias a ella, encontrarse integrado en el edificio; cada cual ha de atender a que esta piedra no sea la roca sobre la que uno cae y se rompe los huesos, o la piedra que se desprende y cae, aplastando al que se encuentra debajo.

2. DIOS/POBRE: DIOS ES VERDADERAMENTE EL POBRE POR EXCELENCIA PORQUE NOS LO HA DADO TODO. HASTA SU PROPIO HIJO. LO ULTIMO QUE LE QUEDABA.
SILENCIO-D/A-D: SIGNIFICA QUE DIOS NOS TOMA EN SERIO Y DEJA EL CAMPO LIBRE PARA QUE ACTUEMOS CON PLENA RESPONSABILIDAD.

Con la misión del Hijo se pone en evidencia el último intento realizado por Dios, su extremo y definitivo "mensaje" para los rebeldes. Marcos (12. 1-12) precisará: "...Todavía le quedaba uno, su hijo querido".

Es una expresión que me desconcierta cada vez que la leo. Parece que Dios ha quedado al borde de la pobreza. Le queda solamente el hijo.

Por causa de los hombres, ha dilapidado todos los recursos, agotado todas las posibilidades. Excepto el Hijo. El último tesoro que arriesgar en ese "juego" en donde hasta ahora sólo ha encontrado mala suerte.

Sigue diciendo Marcos: "Y se lo envió el último..." (mejor que Lc: "por último, les mandó"). Jesús es verdaderamente el último, el "eskatos", desde la perspectiva de Dios. No el último en relación al tiempo, no el último de una serie de intentos. El ultimo, es decir, el definitivo, todo. Después del cual ya no queda nada (Ver San Juan de la Cruz: SUBIDA DEL MONTE CARMELO, libro II, cap. 22). Ahora Dios es verdaderamente el pobre por excelencia. Pobre porque ha dado todo. En su incurable pasión por los hombres no se ha quedado ni con su Hijo. También se lo "ha jugado". Dios es pobre. La prueba está en que, con la venida de Jesús, no les falta nada a los hombres. (.
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