Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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NOTICIAS SOBRE S.S.FRANCISCO

Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

23 de octubre de 2014

Jueves, 23 de Octubre de 2014. Comentarios de las Lecturas


Ef. 3, 14-21. Que Dios nos conceda que su Espíritu nos fortalezca interiormente, y que Cristo habite por la fe en nuestros corazones. Entonces Cristo y su Iglesia serán una sola cosa. Y quienes seamos miembros de la Iglesia conoceremos a Cristo no tanto mediante el conocimiento humano, sino mediante la experiencia que tengamos de su amor. Entonces podremos hablar de Cristo no de oídas, sino conforme a lo que de Él hayamos conocido de un modo personal y experiencial.

Que al Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra, le sea dada la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, pues Él ama a su Iglesia con el mismo amor que le tiene a su Hijo amado, en quien Él se complace.

Si en verdad queremos ser testigos de Dios, de su amor para el mundo entero seamos los primeros en vivir nuestra cercanía a Dios, dejándonos no sólo amar por Él, sino llenar de su Espíritu y permitirle a Jesucristo ser huésped de nuestra propia vida, para que, hechos uno con Él podamos dar un fiel testimonio de su amor en el mundo.

Sal. 33 (32). Somos Reino y Familia de Dios. Sea Dios bendito por siempre, pues sin mérito alguno de parte nuestra, nos llamó para que formáramos su Pueblo Santo. Él es nuestro único Dios y vela por nosotros como un Padre lo hace por sus hijos.

Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Este es el Plan de Dios sobre nosotros. Y a pesar de que muchas veces nos hemos alejado de su presencia como hijos rebeldes a su amor y a la fidelidad a su Voluntad, Él jamás ha dejado de amarnos, ni ha dado marcha atrás en su voluntad de salvarnos, pues Él no nos llamó a la vida para condenarnos sino para que vivamos con Él eternamente.

Por eso, después de pasar por muchas tribulaciones a causa de nuestra fe, tenemos la esperanza cierta de que, junto con su Hijo, nos salvará de la muerte y nos llevará sanos y salvos a su Reino celestial.

Que su Nombre sea bendito y alabado por siempre entre nosotros.

Lc. 12, 49-53. El fuego del amor es el único capaz de purificarnos. Y ese fuego del amor arde con toda su fuerza y crudeza desde la cruz. Es un amor que se hace entrega, que se hace oblación, que se convierte en perdón, que purifica, que renueva, que santifica.

No basta contemplar al crucificado; no basta creer en Él tan sólo con los labios. Hay que identificarse con Él en el amor. Hay que tomar la propia cruz y echarse a andar tras sus huellas.
Sólo el que ame como Él nos ha amado será capaz de hacer llegar a todos la salvación que el Señor nos ofrece.

No basta anunciar a Cristo con los labios. Hay que entregar a Cristo a los demás. Y lo entregaremos desde la propia vivencia, desde la propia experiencia, desde su presencia en nosotros. Por eso lo que nos une a los demás ya no son los vínculos de sangre; es el amor el que nos hace ser hermanos y tener un sólo Dios y Padre.

El que viva rechazando a Dios vivirá separado del Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, y no podrá ser de nuestra propia sangre y raza.

Por eso hemos de trabajar para que el Señor sea conocido, aceptado y amado por la humanidad entera, especialmente, aunque no de un modo exclusivo, por aquellos que son de nuestra familia conforme a los lazos humanos. Sólo entonces realmente seremos uno en Cristo Jesús.
Y en la Eucaristía llega a su plenitud nuestra comunión con Cristo y nuestra comunión como Iglesia, Cuerpo de Cristo.

Es en este momento en que Dios Padre nos fortalece interiormente con la gracia del Espíritu Santo, de modo que Cristo pueda habitar por la fe en nuestros corazones. Es aquí donde llegamos a comprender cómo Cristo ha amado a los suyos, amándolos hasta el extremo.

Mediante su Misterio Pascual el Señor no sólo ha logrado reconciliarnos con el Padre Dios perdonándonos nuestros pecados, sino que ha logrado para nosotros el primer fruto de su Pascua: el Don del Espíritu Santo, que el Padre Dios derrama en el corazón de los creyentes. Así quedamos capacitados para proclamar el Evangelio de la Gracia a todas las naciones.

Por eso la Eucaristía nos hace vivir totalmente comprometidos con Cristo y con la difusión de su Evangelio para la construcción de su Reino entre nosotros.

Dios tiene un designio de salvación universal para la humanidad de todos los tiempos y lugares. Los que hemos experimentado el amor misericordioso de Dios sabemos que así como nosotros hemos sido llamados a la comunión de Vida con Dios por medio de Cristo Jesús, así son llamados todos los pueblos sin diferencia ni distinción.

Como Iglesia sabemos que el Señor nos ha constituido en instrumento de salvación para la humanidad entera. Al reconocer nuestra fragilidad y de cómo a pesar de ella el Señor nos llamó de detrás del rebaño, de pisar la majada de nuestra maldad, y nos puso como testigos de su amor y de su misericordia, no podemos conformarnos con caer de rodillas ante nuestro Dios y Padre para darle gracias por tan grande prueba de su misericordia para con nosotros; sino que hemos de ponernos en camino, llevando el fuego del amor divino para que no sólo ilumine, sino encienda el corazón de todos y cada uno de los miembros de la humanidad, hasta que todos lleguemos a ser uno en Cristo Jesús.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de vivir con la máxima responsabilidad y amor la misión que nos ha confiado de ser portadores del fuego de su amor y de su gracia para todos los pueblos. Amén.

Homiliacatolica.com

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