Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

12 de septiembre de 2014

Viernes, 12 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas,


1Cor. 9, 16-19. 22-27. La Iglesia tiene la Misión de anunciar a Cristo para que todos alcancen en Él la salvación. Pero antes debemos anunciárnoslo a nosotros mismos. No sea que procuremos que otros alcancen la corona de la Vida y nosotros seamos descalificados. Por eso el anuncio del Evangelio no lo hemos de realizar sólo con las palabras, ni sólo desde la ciencia humana, sino desde nuestra experiencia personal del Señor como Salvador nuestro.

Desde el momento que pertenecemos a Cristo nos hemos convertido en siervos del Evangelio, no en trabajadores del mismo por propia iniciativa. No podemos, por tanto, convertirnos en mercaderes del Evangelio. Somos siervos y seremos juzgados acerca de la forma como hayamos cumplido con la misión que se nos ha confiado.

Distribuyamos, pues, gratuitamente lo que el Señor, gratuitamente, puso en nuestras manos.

Sal. 84 (83). Somos peregrinos hacia la posesión de los bienes definitivos. Dichosos los que viven ya eternamente con Dios alabándolo para siempre. Nosotros, aún peregrinos por este mundo, caminamos anhelando los atrios de la Casa del Señor.

Nos reunimos en su templo para alabar su santo Nombre en compañía de nuestros hermanos. Y el Señor nos contempla con gran amor y nos concede su gracia para que, fortalecidos y llenos de esperanza, no nos desanimemos en medio de las pruebas, ni demos marcha atrás en nuestro empeño por llegar a donde nos ha precedido Aquel que es Principio y Cabeza de la Iglesia, Cristo Jesús, Señor nuestro.

Lc. 6, 39-42. Que el Espíritu Santo lleve a cabo en nosotros la obra de salvación que Dios inició en nosotros el día de nuestro Bautismo. Es el Espíritu Santo el que nos lo revelará todo y nos irá formando día a día hasta que lleguemos a la madurez en Cristo Jesús y podamos ser como Él, nuestro Maestro, Señor y Hermano. Él no vino a condenarnos, ni a juzgarnos, sino a perdonarnos y a salvarnos para que, en Él, seamos dignos hijos de Dios. Por eso no podemos dedicarnos a juzgar y a condenar a nuestro prójimo.

Sabiendo el gran amor y la gran misericordia que ha tenido Dios para con nosotros, nosotros debemos también amar y ser misericordiosos para con nuestro prójimo, pues Dios no envió a su Iglesia a condenar al mundo sino a salvarlo, pues esa es la misma misión que el Padre Dios le confió a Él y que Él nos ha confiado a nosotros.

El Señor nos reúne para liberarnos de nuestras diversas esclavitudes al mal y al pecado. Él quiere enviarnos como testigos suyos; pero quiere hacerlo desde la experiencia que nosotros tengamos de su amor misericordioso. Él ha entregado su Vida para el perdón de nuestros pecados. Él nos ha participado de su misma Vida y ha derramado en nuestros corazones el Don de su Espíritu Santo. Así también a nosotros nos ha constituido en el Evangelio viviente del amor del Padre en el mundo.

Junto con Cristo somos siervos, que hemos sido llamados a servir y a dar nuestra vida por los demás, para que también ellos tengan vida y Vida en abundancia. La participación en la Eucaristía no es para nosotros sólo un acto de culto a Dios; es la aceptación de hacernos uno con Cristo, de identificarnos con Él y de anunciarlo tanto con las palabras como con la vida misma. Vivamos, con un verdadero espíritu de fe y de amor este momento de gracia que Dios nos concede en esta celebración.

Ser humildes y valorar en más a los demás es consecuencia de un verdadero amor fraterno. Sólo entonces podremos contemplar el mal que se ha adueñado de muchos hermanos nuestros no para criticarlos, sino para inclinarnos amorosamente hacia ellos, y darlo todo con tal de remediar sus males. Esta es la misma actitud del Hijo de Dios, que se anonadó a sí mismo y tomo la condición de esclavo para librarnos del pecado y de la muerte mediante su Misterio Pascual.

Quienes creemos en Cristo, y lo tenemos por Maestro y vamos tras sus huellas, no podemos dedicarnos a destruirnos entre nosotros mismos, desnudando a nuestro prójimo ante los demás al descubrir sus miserias y pecados, sino que, llenos de amor, a la altura del amor que Dios nos manifestó en Cristo Jesús, hemos de anunciarles a Cristo como único camino de salvación y, en su Nombre, nos hemos de inclinar hacia ellos para fortalecerlos y ayudarles a convertirse de su mala vida, e iniciar un nuevo camino, tras las huellas de Cristo, hacia la Casa Paterna, para alabar al Señor eternamente.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de amarnos siempre como hermanos y pasar haciendo el bien a todos, hasta que, algún día, todos podamos participar de su Gloria eternamente. Amén.

Homiliacatolica.com

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