Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

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Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

30 de septiembre de 2014

Pero volviéndose, les reprendió. Lc 9, 51-56.

Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Lc 9, 51-56
Reflexión: 

Jesús tiene muy claro su propósito y por lo que debe pasar para cumplir su Misión. Todo tiene que ocurrir conforme el Plan de Dios, que Él ha venido a cumplir, hasta el fin. No hay cambios inesperados, ni ajustes, ni nada dejado a medias. El propósito es claro y como quien tiene plena fe en las instrucciones recibidas, las aplica. Casi me estaba animando a decir ciegamente, pero no…porque el Señor no actúa ciegamente. El ve observa, comprende, se conmueve, se compadece y cura a todo aquel que se le cruza en su camino y requiere su intervención. Quizás esta sea la lección que debemos meditar y aprender hoy. Tener muy claro y firme el propósito; no perderlo de vista, y sin embargo ser capaces de compadecernos de nuestro prójimo, de dejarnos conmover y aliviar -en lo que esté a nuestro alcance-, sus padecimientos. Compasión quiero y no sacrificios, es lo que debemos recordar. En ese caminar a Jerusalén, en ese transitar a nuestra Misión, donde todo converge, debemos tener nuestros ojos muy abiertos y nuestro corazón dispuesto para sumar, para agregar, para arrastrar, para llevar, para conducir, para convencer, para enseñar, para mostrar el Camino. «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.

Algo que también podemos obtener de la lectura es que habrán contratiempos, que aun cuando hagamos nuestro mejor esfuerzo por dirigirnos allá donde sabemos que tenemos que ir, aun cuando tengamos a Jesús y la Vida Eterna como metas, no siempre encontraremos que todo se resuelve conforme a nuestro propósito. Encontraremos dificultades y oposición. Habrá quienes pudiendo, simplemente no quieren ayudarnos, no quieren darnos las facilidades que tienen a su alcance, tal vez porque no nos entienden, tal vez por que no están de acuerdo, o tal vez porque les parece una locura lo que estamos haciendo y no encuentra otra forma de prevenirnos, de evitar que hagamos lo que nos proponemos, incluso con buena intención. El asunto es entonces un poco más complejo de lo que parece y hay situaciones que no podemos forzar, mucho menos con el poder de Dios aplicado con violencia. ¡Esto es claramente un disparate, una pretensión absurda! Por eso el Señor reprende a sus discípulos. Aunque solo menciona la palabra, podemos imaginar lo que les dijo y debió ser muy enérgico, porque estaban totalmente desubicados.«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.


Para finalizar, nos parece importante reflexionar un momento en la reprensión de Jesús a sus discípulos. Quien pretende imponer la Misión, quien pretende que los demás le otorguen facilidades por la fuerza, está totalmente fuera de foco. No ha entendido una sola palabra del mensaje de Jesús, tiene cerrado el corazón o se le ha nublado el pensamiento. ¿Cómo puede ser que eso ocurra precisamente con los discípulos, las personas que Jesús tenía más cerca, acompañándolo en su peregrinar a Jerusalén? ¿Es que acaso no han oído los discursos de Jesús? ¿Es que acaso no han comprendido su proceder, su forma de actuar? ¿No ha resumido para ellos la ley y los profetas? ¿No han entendido aquello de amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos? Realmente su proceder es desconcertante, como puede ser el nuestro. Hemos de examinar nuestro comportamiento una y otra vez a la luz del amor. Esto es lo primero. El amor exige respeto por la libertad…¡Guau! Haber si lo entendemos…¡No podemos imponer nada a nadie! Ni aun cuando nos parezca lógico y loable. Cada quien debe razonar y decidir libremente, tal como el Señor nos deja a nosotros optar, con plena libertad. Es cierto que es lo que más nos conviene, pero cada quien debe descubrirlo y optar libremente por poner todos los medios para alcanzarlo, sin forzar a nadie. «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.
Oremos:La violencia nunca estará justificada, ni aun a nombre de la Misión. El poder de Dios no nos ha sido concedido para eso. Pensemos un momento que si así fuera, Jesús nunca hubiera pasado por el Sacrificio de la Cruz. No hubiera tenido sentido, hubiera borrado con solo el poder de su pensamiento a todos sus enemigos. Nada de lo que hizo tendría sentido, porque incluso podría habernos convencido y salvado con solo desearlo. Pero Dios que nos creo por amor, a imagen y semejanza suyo, quiso, precisamente por ello, respetar plenamente la dignidad de sus criaturas, al extremo de dejarlas en COMPLETA LIBERTAD para decidir lo que les conviene. Dios no nos fuerza. Nos invita insistentemente a escoger el Camino correcto, porque nos ama, porque no quiere que ni uno solo se pierda. Nos ama tanto que para evitar nuestras negativas, para superarlas por completo, envía a Su propio Hijo a mostrarnos el Camino y el llega al extremo de pasar por la pasión y muerte, para, resucitando, mostrarnos el Camino. A ese extremo llega su negativa a imponernos algo…¿¡Cómo podía permitir aquel exabrupto de sus discípulos, pretendiendo usar el poder de Dios contra sus hermanos, por el simple hecho de no darles posada, de obstaculizar su peregrinación, su Camino!? El en cambio, decidió llevarlos a otro pueblo; tomo otra ruta; evitó el enfrentamiento; acató su negativa, sin dejar por ello de avanzar. Cuando encontremos obstáculos, detengámonos a pensar y resolvamos creativamente, sin abandonar nuestra misión, pero teniendo en cuenta que la violencia nunca será el Camino elegido por Dios. «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?». Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo.
Padre Santo, ayúdanos a comprender y respetar la libertado; que evangelicemos tocando el corazón, sensibilizando, pero sin imponer. Que sea el amor de Jesús finalmente el que los mueva. Que sepamos darlo a conocer. Enséñanos a orar; enséñanos a pedir; enséñanos a usar el poder del Espíritu Santo… Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

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