Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

20 de septiembre de 2014

Sábado, 20 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas

1Cor. 15, 35-37. 42-49. Nosotros nacimos como hijos de Adán, inclinados al pecado a causa de nuestra concupiscencia.

Aquel que, a pesar de haber sido hecho hijo de Dios en Cristo Jesús, continúe pecando, estará manifestando con eso que sigue sujeto al primer Adán, terreno y pecador.

No podemos en verdad llamarnos hijos de Dios cuando argumentamos haber recibido el Bautismo, pero vivimos como si no conociéramos a Dios.

Nuestra vida debe ser como un terreno fecundo, en el cual se siembre Aquel que es el Evangelio Viviente del Padre, Cristo Jesús; pues no son sólo sus palabras las que han de resonar en nuestros oídos y en nuestro corazón, es Cristo el que llega para habitar en nosotros. Él es la buena semilla sembrada en nosotros, que gracias a su muerte y resurrección, hace brotar en nosotros la Vida nueva y nos transforma en personas vivificadas por el Espíritu para que, en adelante, seamos hombres y mujeres celestiales.

Sabemos de nuestra frágil condición humana; pero no olvidemos que el Espíritu de Dios trabaja constantemente en nosotros para que lleguemos a ser conforme a la imagen del Hijo de Dios; por eso estemos dispuestos a vivir en una continua conversión, como barro tierno en manos de Dios.

Sal. 56 (55). Si Dios está con nosotros ¿quién estará en contra nuestra?

Nadie podrá levantarse para hacernos daño, pues el Señor será nuestro poderoso protector. Y a pesar de que nuestro cuerpo esté sujeto a la muerte, sin embargo nuestro Dios y Padre no nos abandonará a ella, sino que, libres de la corrupción del pecado y de la muerte, nos llevará sanos y salvos a su Reino celestial.

Pero no queramos sólo recibir los beneficios que nos vienen de Dios. Vivamos fieles a la Alianza pactada con Él, en que Él se compromete a ser nuestro Padre y nosotros nos comprometemos a ser sus hijos por nuestra unión a su Hijo único, Cristo Jesús.

Unidos a Cristo, en Él el Padre Dios nos contemplará con gran amor como contempla al Hijo de sus complacencias, y nos librará, por el amor que nos tiene, de todo mal y peligro que pudiera amenazarnos. Pero ¿en verdad vivimos como dignos hijos de Dios?

Lc. 8, 4-15. La Palabra de Dios no ha sido pronunciada sólo para ser escuchada; sino que ha sido enviada, como la buena semilla que se siembra en el buen terreno que es el corazón humano para que tome carne en nosotros.

Así la obra de salvación no es algo que nos desencarne de nuestra realidad, sino que nos compromete con mayor fuerza para darle un nuevo rumbo a nuestro mundo y a su historia.

La Iglesia debe hundir fuertemente sus raíces en Cristo, para recibir de Él la Vida que Él ha recibido del Padre.

Sólo unidos a Cristo y siendo fieles a Él podremos hacer que de la abundancia de la vida de Dios en nuestro corazón, nuestras obras sean el lenguaje a través del cual el Señor continúe su obra salvadora entre nosotros.

No seamos un terreno estéril en el que la vida de Dios caiga como en saco roto. Dejemos que el Espíritu de Dios nos transforme en Cristo, Evangelio viviente del Padre, para que, hechos semilla como Él, podamos incubar la vida divina en el corazón de la humanidad entera, de tal forma que todos tengan la oportunidad de producir abundantes frutos de salvación.

Nuestro Dios y Padre nos ha convocado para que estemos con Él en esta celebración Eucarística. Él ha pronunciado su Palabra sobre nosotros para santificarnos y transformarnos en hijos suyos. Él nos alimenta con el Pan de Vida para que, el que coma de Él, no perezca sino que tenga Vida eterna.

Nosotros no sólo hemos venido a invocar al Señor. Hemos venido para hacer nuestra su Vida, y para aceptar la Misión que quiere continuar confiándonos de ser sembradores de su Palabra, de su Vida y de su Espíritu en el corazón de la humanidad entera, para que, día a día, vaya surgiendo con toda su fuerza, el Reino de Dios entre nosotros.

Contemplemos a Cristo, sembrador de vida eterna, y no dejemos que pase de largo frente a nosotros, sino que nos haga ser receptores y portadores de su Palabra, de su Vida y de su Espíritu para la humanidad entera.

El Señor nos envió a evangelizar. Por voluntad divina, nosotros somos los responsables de Cristo en el mundo.

La Iglesia tiene la Misión de hacer llegar a la humanidad entera la presencia salvadora del Señor.

No podemos, por tanto, convertirnos en mensajeros de ideologías ajenas al Evangelio; no podemos hacer relecturas del Evangelio para acomodarlo a nuestros intereses egoístas o injustos.

La fuerza salvadora del Evangelio viene de Aquel que lo ha pronunciado y enviado al mundo como nuestra salvación; por eso hemos de ser fieles en el anuncio de lo que se nos confió, y no ser portadores de fábulas.

Que la Palabra de Dios, con toda su potencia, sea sembrada en aquellos a quienes proclamamos el Evangelio, de tal forma que transformados en Cristo, puedan manifestar con sus buenas obras, fruto de la presencia de Cristo en su Vida, que realmente Dios, por medio de quienes creemos en Él, continúa pasando entre nosotros haciendo el bien a todos.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de trabajar incansablemente a favor del Evangelio, hasta poder llegar a participar en plenitud del Reino de Dios en la eternidad. Amén.

Homiliacatolica.com

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