Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

13 de septiembre de 2014

Sábado, 13 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas.


1Cor. 10, 14-22. Mediante la participación en la Eucaristía nos unimos a Cristo, formando un sólo Cuerpo con Él. Así, en Cristo, nos unimos a Dios y somos hechos de su mismo linaje.

Los que nos unimos a Cristo formamos la Comunidad de creyentes, la Iglesia, la cual se construye en torno a la Eucaristía.

Debemos aprender a ser fieles al Señor, de tal forma que su vida no sólo se nos comunique, sino que se manifieste en nuestros comportamientos de cada día.

De nada nos serviría participar de la mesa del Señor si después unimos nuestra vida al Malo, pues aun cuando no lo aceptemos de un modo directo, con nuestras malas obras estaríamos indicando que no es a Cristo sino al Demonio a quien nos hemos unido.

Dejemos que el Espíritu del Señor nos vaya transformando día a día en una imagen cada vez más perfecta del Hijo de Dios, de tal forma que nuestra fe tanto se exprese con nuestras palabras, como con nuestras obras y con nuestra vida misma.

Sal. 116 (115). La celebración Eucarística es nuestra mejor acción de gracias por todos los beneficios que hemos recibido de Dios. Él ha sido misericordioso para con nosotros. Él jamás nos ha abandonado ni ha dejado de amarnos.

Acudir a la celebración Eucarística manifiesta que en verdad amamos al Señor y vivimos con un corazón agradecido por habernos redimido del pecado y de la muerte, y habernos hecho hijos de Dios.

Sin embargo nuestra gratitud debe ir más allá del momento en que le damos culto al Señor.

Efectivamente toda nuestra vida debe convertirse en una continua alabanza del Nombre de Dios. Y esto será realidad en la medida en que seamos fieles a nuestros compromisos adquiridos en nuestro Bautismo, pues no podemos pretender ser hijos de Dios cuando, después de darle culto al Señor, viviésemos como si no lo conociésemos.

Lc. 6, 43-49. Mediante nuestros sentidos vamos llenando nuestro corazón de una serie de experiencias, que después aflorarán en nuestra vida diaria. En nuestro corazón el Señor quiere también hacer su morada; ojalá y no sólo vayamos a la fuente de Agua Viva, sino que nos llevemos el Manantial con nosotros para que nos transforme de pecadores en justos, y haga que nuestras obras sean hechas conforme a su Voluntad santísima.

Ya el Señor decía a los judíos que no creían en Él: Si no quieren dar crédito a mis palabras, crean por mis obras pues ellas dan testimonio de que realmente yo vengo de Dios. ¿Podríamos nosotros decir lo mismo?

Reconocemos nuestra fragilidad, que muchas veces nos ha llevado a abandonar los caminos de Dios y a quedarnos con un invocarlo sólo con los labios.

La firmeza de nuestra fe se manifestará en la medida en que no sólo llamemos Señor, Señor, a Jesús, sino en la forma en que escuchemos su Palabra, la meditemos en nuestro corazón, la pongamos en práctica y la anunciemos a los demás desde nuestra propia experiencia, como testigos y no como expertos conforme a los criterios de este mundo.

Cuando anunciamos lo que vivimos estamos dando a conocer que Cristo está en el centro de nuestra vida y que nos hemos afianzado fuertemente en Él.

El Señor es quien edifica nuestra vida como una morada digna para Él. Sabemos nosotros la fuerza de nuestras palabras y de nuestras obras. Podremos aparentar ser personas rectas; sin embargo nuestras palabras y lo que hagamos manifestarán qué clase de personas somos realmente.

Hoy el Señor nos reúne para alimentar nuestra vida, nuestro corazón, con su Palabra, que, como una buena semilla, se siembra en nosotros para que produzca abundantes frutos de salvación.

El Señor quiere que nos hagamos uno con Él en la participación de su Cuerpo y de su Sangre, y que seamos signo de unidad y no de división.

Los que participamos de la Mesa del Señor no podemos vivir divididos a causa de nuestros egoísmos. El amor fraterno debe ser el primer fruto de nuestra unión a Cristo, pues quien odia a su hermano es un mentiroso cuando dice que ama a Dios.

No nos convirtamos en destructores de la Iglesia, más bien construyámosla mediante una vida recta, que propicie la alegría y la paz entre nosotros.

Al paso del tiempo no podemos vivir a la deriva. Los que no tienen un rumbo definido en su vida no pueden decir que están extraviados o perdidos.

¿Qué somos actualmente? ¿Qué cimientos tiene nuestra vida? Puede ser que iniciemos muchas cosas y fácilmente las abandonemos no sólo por falta de una sana disciplina, sino porque no sabemos lo que realmente pretendemos.

Contemplar hacia el horizonte y vernos realizados de alguna forma nos pone en camino; de lo contrario el futuro nos encontrará desprevenidos y nos derrumbaremos estrepitosamente en la decepción y en la depresión.

El Señor no sólo nos quiere en diálogo llamándolo a Él Señor, y hermano a nuestro prójimo. Nos quiere cercanos unos a otros e identificados con Él.

Mientras la Palabra de Dios no transforme nuestra vida, y mientras la palabra de nuestro prójimo no nos ponga en camino para remediar sus males no podemos decir que realmente vivimos con firmeza nuestra fe.

Si hemos entrado en comunión de vida con el Señor no nos quedemos en una fe de labios para afuera; si somos hijos de Dios que sean nuestras obras las que manifiesten lo que realmente llevamos en nuestro corazón.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber escuchar su Palabra y ponerla en práctica, para que no sólo nos llamemos hijos de Dios, sino que lo seamos en verdad y lo manifestemos con nuestras palabras, con nuestras obras, y con nuestra vida misma. Amén.

Homiliacatolica.com

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