Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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NOTICIAS SOBRE S.S.FRANCISCO

Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

10 de septiembre de 2014

Miércoles, 10 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas,

1Cor. 7, 25-31. Algún día, finalmente, estaremos con el Señor eternamente. Entonces seremos como los ángeles de Dios, y le perteneceremos para siempre.
Pero mientras llega ese momento, seamos casados o solteros, no olvidemos que le pertenecemos al Señor.

Ciertamente la persona de fe, que está casada, permanece con el corazón dividido, pues debe amar a su cónyuge, y al mismo tiempo agradar al Señor. Sin embargo no hay obstáculo alguno para amar al Señor desde la condición matrimonial, pues ahí, de un modo concreto, se ha de convertir la persona en un signo claro y creíble del amor que Cristo tiene a su Iglesia.

La persona no casada ha renunciado al matrimonio para consagrarse totalmente al Señor. Y el Señor no quiere a esa persona sólo de rodillas en su presencia; sino que la quiere convertida en un signo de su amor salvador para toda la humanidad, de tal forma que a través de quienes se consagraron al Señor, el mundo pueda experimentar con mayor certeza que Dios nos sigue amando y nos continúa liberando de nuestras diversas esclavitudes.

Por eso vivamos cada uno nuestro compromiso con el Señor, sin olvidar nuestros compromisos familiares para que en todas partes, siendo portadores de Cristo y de su Evangelio, colaboremos para que cada día brille con mayor claridad el Rostro de Cristo como Luz para todos los pueblos.

Sal. 45 (44). El seguimiento del Señor requiere, de parte de quien se consagra a Él, el abandono de todo aquello que impida un amor único y fiel a Cristo.

Ciertamente Dios se ha prendado de nosotros, pues por pura gracia nos llamó a la vida y nos ha hecho partícipes de su Vida y de su Espíritu, y nos ha llamado para que, algún día, junto con su Hijo, participemos de la herencia que a Éste le corresponde como a Hijo unigénito del Padre.

No podemos decir que realmente hayamos aceptado vivir en una nueva y definitiva Alianza con Dios al continuar viviendo bajo el signo del pecado y de la muerte.
Todo aquel que no se convierta en un signo auténtico y creíble del amor de Dios para los demás, estará manifestando que su compromiso de fe es una veleidad, una hipocresía.

Si hoy entramos a la presencia del Señor para vivir con Él y hacer que sea nuestro único Dios y Señor mediante la Comunión y participación en su Misterio Pascual, tratemos de vivir en medio de las realidades temporales dando testimonio de que en verdad, junto con Él, trabajamos por su Reino, haciendo que el amor fraterno, la justicia social y la paz vayan anidando en el corazón de todos.

Lc. 6, 20-26. Alaba mi alma la grandeza del Señor, porque su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.

El Señor no rechaza a los ricos; Él rechaza a los soberbios de corazón y a quienes han puesto su confianza en los bienes pasajeros. Y puesto que nosotros somos fácil presa de las riquezas, que nos pueden hacer orgulloso y llevarnos a rechazar a Dios, ¡Qué difícil es que un rico se salve! es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el Reino de los cielos.

Si Jesús privilegia a los pobres, es porque ha venido a salvar lo que estaba perdido, a levantar los corazones de los oprimidos, a anunciar el Evangelio a los pobres, a manifestar que Dios ama a aquellos que los hombres desprecian.

Ojalá y las bienaventuranzas las vivamos a profundidad sabiendo que hay situaciones penosas entre nosotros que han de ser resueltas de un modo concreto.
No podemos conformarnos pensando que somos hijos de Dios cuando, estando en su presencia, lo alabamos, pero después no somos capaces de vivir conforme a sus enseñanzas.

Ojalá y al final de nuestra vida no vayan a ser nuestros los ayees y la condenación que hoy proclama el Señor para quienes sólo le dieron culto con los labios, pero no vivieron con lealtad el compromiso de su fe.

En esta Eucaristía nos encontramos disfrutando de los bienes de arriba. El Señor se ha hecho cercano a nosotros para que podamos gozar de su vida, de su paz, de su misericordia, de su bondad, de su amor.

Mediante su Misterio Pascual, cuyo memorial estamos celebrando, nosotros, muertos al pecado, escondemos nuestra vida con Cristo en Dios. Pero no la escondemos por cobardía, como queriendo apartarnos inútilmente del mundo. Ponemos nuestra vida en Dios como el campesino oculta la semilla sembrándola en su campo para que germine y produzca fruto abundante. Así nosotros, en esta Eucaristía, ponemos nuestra vida en Dios para que, fortalecidos por su Espíritu, podamos manifestarnos gloriosamente junto con Cristo, despojados del hombre viejo, renovados en el Señor y con abundancia de obras buenas

Los que hemos hecho nuestra la Vida de Dios por nuestra unión con Cristo, no podemos generar más pobreza en el mundo, sino remediarla, en la medida que esté en nuestras manos. No podemos generar más hambrientos en razón del pago injustificado del trabajo de los obreros, muchas veces marginados y desprotegidos de sus derechos más fundamentales. No podemos generar más dolor a causa de ir cegando la vida de los inocentes con tal de conservar el propio prestigio o el poder. 

No podemos perseguir a ninguna persona a causa de su fe en Cristo, o por no creer en Él.

El Señor nos ha enviado para convertirnos no en simples habladores, sino en testigos de su amor, de su misericordia, de su bondad, de su preocupación por los desprotegidos.

Sin embargo recordemos que, siendo testigos de Cristo, no podemos pensar que hayamos cumplido con la Misión confiada cuando se logre un mundo más justo y más fraterno; es necesario que la salvación que Dios nos ofrece llegue al corazón de las personas, compartiendo así no sólo nuestros bienes materiales, sino especialmente nuestra fe en Cristo dándole, así, mayor estabilidad a nuestro caminar como hermanos con visión de eternidad.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de saber dar un auténtico testimonio de nuestra fe en Cristo, su Hijo, con las obras que, acompañando nuestras palabras, manifiesten que en verdad vivimos nuestro compromiso con el Señor que nos ha puesto al servicio de todos, especialmente de los pobres, de los marginados y de los pecadores, para ayudarlos tanto a vivir con mayor dignidad, como a vivir como hijos de Dios. Amén.

Homiliacatolica.com

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