Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

5 de septiembre de 2014

Meditación diaria para hoy Septiembre 5, 2014

Meditación: 1 Corintios 4,1-5



¡Cuánto nos importan el prestigio social y la posición económica! En cambio, Pablo demostraba ser un auténtico seguidor de Cristo, porque no se preocupaba en absoluto de lo que pensaran de él (1 Corintios 4,3).
Los títulos por los que quería ser conocido eran bastante humildes según las costumbres de la época: Servidor de Cristo, administrador de los misterios de Dios (4,1). ¡Es decir, muestras de “poder e influencia” que hoy difícilmente impresionarían al gerente general de una gran empresa moderna!
¿Cómo llegó Pablo a despojarse del afán de reconocimiento y prestigio social? Lo logró cuando se convenció de que si uno está en Cristo posee todo lo que realmente vale la pena poseer, porque tiene a Jesús y él lo tiene a uno (1 Corintios 3, 21). San Pablo bien pudo haber rezado con las palabras del salmo: “¿A quién tengo en el cielo? ¡Sólo a ti! Estando contigo nada quiero en la tierra” (Salmo 73, 25). El apóstol puso toda su vida en manos del Señor y encontró tal alegría y contento en ello que las opiniones y las críticas del mundo perdieron toda importancia para él.
Además, si bien Pablo no procuraba ganarse el reconocimiento público, tampoco temía el rechazo; por eso dijo a los corintios: “Lo que menos me preocupa es que me juzguen ustedes o un tribunal humano” (1 Corintios 4,3). Había una sola Persona a quien Pablo quería complacer, una sola Persona a quien no quería decepcionar: Jesucristo, el Mesías. El Señor le había dado tanto entendimiento que Pablo no se preocupaba en absoluto de lo que otros pensaran de él.
Pablo, lleno de la presencia de Cristo, era libre para amar a los corintios. En efecto, en lugar de buscar admiración, simplemente quería servir a los cristianos, evitando que su persona los distrajera del mensaje de la salvación en Cristo. Ese es el camino, y si ponemos toda la atención en el Señor y nos dedicamos a ser administradores de los misterios de Dios, Jesús vendrá a llenarnos también de entendimiento y tampoco tendremos razones para preocuparnos de lo que otros piensen de nosotros.
“Espíritu Santo, Señor, lléname de la presencia de Jesús. Que mi gozo esté en saber que la sangre del Cordero me ha redimido, que todas las cosas son mías en Cristo Jesús, y yo le pertenezco a él.”
Salmo 36, 3-6. 27-28. 39-40; 
Lucas 5, 33-39

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