Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

9 de septiembre de 2014

Martes, 9 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas,


1Cor. 6, 1-11. Hemos de aprender a vivir siempre como hermanos que se amen en Cristo Jesús. No podemos ser causa de división para los demás. No podemos dedicarnos a hacer el mal a nuestro prójimo. Cuando la fe se ha diluido en nosotros; cuando sólo hemos reducido nuestra fe a algunas prácticas cultuales es difícil evitar contiendas, despojos injustos, pues no nos interesa vivir nuestra fe y hacer el bien a los demás, sino sólo realizar algunos actos piadosos para "tranquilizar" nuestra conciencia y continuar siendo unos malvados. Si en algún momento nos hemos levantado en contra de alguien, o hemos sido víctimas de las injusticias de los demás, hemos de tratar, por todos los medios, de resolver esos problemas entre nosotros mismos desde el amor fraterno que nos ponga en diálogo amoroso, comprensivo y misericordioso. ¿Quién de nosotros podría presumir de ser una persona recta desde el principio? Sabemos que ha habido mucha carga de maldad en nosotros. Sin embargo Dios, por medio de su Hijo, ha sido misericordioso para con nosotros manifestándonos, así, su amor. Si así nos ha amado Dios, así nos hemos de amar entre nosotros, de tal forma que a nadie condenemos a causa de su maldad, sino que trabajemos para que todos, a pesar de sus grandes miserias, lleguen a la posesión de los bienes eternos, de los que Dios quiere hacernos partícipes a todos.

Sal. 149. Dios nos ama. Siempre nos ha amado. Él nos llamó con santa llamada para que, unidos a su Hijo, participemos de su Victoria sobre el pecado y la muerte. Por eso alegrémonos porque el Señor no sólo es nuestro Creador y Rey, sino porque nos ha hecho hijos suyos. Nuestra alabanza la elevamos en la Reunión litúrgica, como Pueblo Santo suyo. Pero no limitamos a ese momento nuestra unión a Él, pues nos sabemos hijos suyos siempre. Por eso toda nuestra vida se convierte en una continua alabanza a su Santo Nombre, haciendo que la alegría con que nos regocijamos con el Señor llegue también a nuestros hogares y a los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra vida. Vivamos cada momento de nuestra historia personal con la conciencia de que somos hijos de Dios, de tal forma que, por nuestras buenas obras, todos puedan glorificar el Santo Nombre de Dios.

Lc. 6, 12-19. Toda la vida de Jesús es una relación continua con su Padre Dios. Es una relación llena de amor que le lleva, incluso, a desvelarse toda la noche para estar con Él. El momento supremo de su estar con su Padre Dios será cuando vuelva a Él lleno de gloria, después de haber cumplido con amor fiel la Misión que el mismo Padre Dios le confió. Aquellos que Él había escogido serán entonces sus enviados como Apóstoles. No irán a cumplir con un simple oficio, sino con la Misión de continuar la obra de salvación del Hijo de Dios en el mundo. Entonces la Iglesia, a cuya cabeza estarán los Apóstoles y sus sucesores, continuará salvando, sanando de los diversos males y haciendo que el reino del mal vaya desapareciendo del corazón de los hombres. Ésta es la Misión que el Señor nos ha confiado. Puestos en manos de Dios y conducidos por su Espíritu no nos dediquemos simplemente a proclamar el Evangelio como una obligación o como una forma de ganarnos la vida, sino como el Momento de Gracia que el Señor concede a la gente de nuestro tiempo por medio de su Iglesia para que todos alcancen su salvación en Cristo Jesús.

Nos acercamos al Señor, Fuente de agua viva y Pan de Vida eterna para nosotros. En Él bebemos de su amor, de su bondad, de su misericordia, de su alegría y de su paz. Haciendo nuestra su vida y alimentándonos de Él en la Eucaristía nos vamos, día a día, transformando en Él, de tal forma que la Iglesia pueda transparentar el amor salvador que Dios ofreció al mundo por medio de su Hijo encarnado. Dios nos llamó a nosotros no sólo para que lo contemplemos, sino porque quiere enviarnos al mundo, a los diversos ambientes en que se desarrolle nuestra vida, especialmente al ambiente familiar, para que procuremos que todo retorne a Él y Él nos conduzca al Padre. Unido a Cristo en esta Eucaristía hagamos nuestra la Misión salvadora que el Padre Dios le confió.

Jesús es el Enviado del Padre. Él ha venido como Salvador nuestro, para el perdón de nuestros pecados y para que seamos hechos, unidos a Él, hijos de Dios. Una vez cumplida su Misión, ha confiado esta misma a sus Apóstoles, y, en ellos, a sus sucesores. Ellos son los enviados del Padre entre nosotros a través de la historia. La Iglesia, unida a ellos, se convierte en la Iglesia Apostólica, por cimentar su fe en Cristo y en la fe de los apóstoles, enviados, después de la resurrección de Cristo, a llevar la Buena Noticia del Amor de Dios a la humanidad de todos los tiempos y lugares. Más aún: ellos, los apóstoles, por su unión a Cristo y por la Misión a ellos confiada, serán el Evangelio viviente del amor salvador del Padre en el mundo y su historia. Nosotros, unidos a ellos, nos convertimos en Misioneros del Evangelio, pues somos los miembros que, diseminados por el mundo y trabajando en una diversidad de ambientes, damos testimonio del Señor en medio de nuestros hermanos, y colaboramos, conforme a la gracia recibida, en la construcción del Reino de Dios entre nosotros. Vivamos con gran amor y fidelidad aquello que el Padre Dios nos ha encomendado: dar testimonio de la Verdad en plena comunión de vida y de fe con los sucesores de los apóstoles.

Roguémosle al Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, que nos conceda la gracia de saber cumplir con la Misión que tenemos en la Iglesia, colaborando así en la salvación de la humanidad entera. Amén.

Homiliacatolica.com

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