Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

16 de septiembre de 2014

Martes, 16 de Setiembre de 2014. Comentarios de las Lecturas

1 Corintios 12,12-14.27-31:La comparación de la comunidad con el cuerpo humano es muy pedagógica, y Pablo la usa para convencer a los Corintios de que tienen que construir entre todos una Iglesia más unida.

La motivación no es sólo social, sino también teológica. No somos sólo una asociación con fines comunes a la que, para ser eficaz, le interesa mantenerse unida. Esta comunidad que se llama Iglesia está convocada y unida por el Dios Trino: "todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo", "vosotros sois el cuerpo de Cristo", "Dios os ha distribuido en la Iglesia... apóstoles, profetas, maestros...".

Pablo nombra una serie de ministerios y carismas que hay en la comunidad: todos, cada uno desde su identidad, intentan construir una comunidad viva y dinámica.

Ayer nos urgía Pablo a crecer en unidad fraterna porque celebramos la Eucaristía que es la donación del Señor Resucitado a todos. Hoy argumenta desde otro punto de vista teológico: la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, y como tal Cuerpo debe mantener su unidad con la Cabeza y entre los varios miembros.

En la comunidad cristiana hay una rica pluralidad, una diversidad admirable de ministerios, gracias y cualidades. Pero esta pluralidad debe conjugarse dinámicamente con la unidad. La unidad que nos da el ser todos hijos del mismo Padre, miembros de Cristo, unidos todos vitalmente por el mismo Espíritu.

El salmo recurre al símil del pueblo y del rebaño, que es más superficial: "el Señor es Dios, él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño".

Para Pablo la perspectiva es más profunda: somos miembros de Cristo Cabeza y también miembros los unos de los otros, para la construcción de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, articulado orgánicamente y animado por el Espíritu.

Pensemos si en nuestro ambiente eclesial -parroquia, comunidad religiosa, diócesis- actuamos unidos en la construcción del Cuerpo de Cristo: sacerdotes, religiosos y laicos, hombres y mujeres, jóvenes y mayores. ¿O cada uno va por las suyas, sin colaborar en el conjunto? ¿entendemos las cualidades o los ministerios que tenemos sólo para provecho nuestro, o para el bien común?

¡Cuánto más eficaz sería nuestro crecimiento en la vida de fe y nuestra influencia evangelizadora en medio del mundo si actuáramos desde esta unidad orgánica en el Espíritu de Cristo!

J. Aldazabal
Enséñame tus caminos

Lc. 7, 11-17. Los discípulos de Jesús, que somos su Iglesia, hemos de ser conscientes de que nunca actuamos al margen de Jesús, sino más bien de que prolongamos la primera encarnación del Hijo de Dios. Efectivamente por medio nuestro es el Señor el que exhorta y llama a todos a la conversión; por medio nuestro es el Señor quien continúa ofreciendo su amor misericordioso y salvador al pecador. Por medio nuestro el Señor continúa siendo, en el mundo, el Dios-con-nosotros; Aquel que permanece con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Caminando con nosotros, con nosotros sale al encuentro de aquel que ha sido dominado por el autor del pecado y de la muerte, y le anuncia una Palabra de conversión, capaz de levantarlo de sus miserias, y capaz de convertirlo en testigo de la Buena Nueva del amor de Dios. Así, vuelto el pecador al seno de la Iglesia, podrá ser motivo de que todos glorifiquen el Nombre del Señor, pues su testimonio, nacido de una experiencia vital de la misericordia divina, se convertirá en un anuncio no inventado, sino vivido del amor que Dios tiene a todos aquellos a quienes ha venido a buscar como Buen Pastor para salvarlos y no para condenarlos.

En esta Eucaristía Dios sale a nuestro encuentro para ofrecernos su perdón y la participación de su vida divina. Celebrar la Eucaristía no sólo nos hace estar presentes en este acto litúrgico, sino que nos hace entrar en comunión con el Señor de la vida, para que, junto con Él nos convirtamos en fuente de vida para todos aquellos con quienes nos relacionemos. Así caminaremos junto con el Señor, haciendo el bien a todos y no el mal; junto con Él seremos capaces de detenernos ante la miseria humana, y de no permitir que la existencia de aquellos que van por un camino equivocado se desvíe cada vez más, sino que recuperen su dignidad de hijos de Dios y, vueltos a la vida de la gracia, puedan, nuevamente cantar la maravillas del Señor.

Al igual que Cristo pasemos haciendo siempre el bien a todos. Estemos del lado de Cristo como fieles discípulos suyos; caminemos con Él. Sepamos que, estando el Señor con nosotros, debemos convertirnos en portadores de su amor que salva, que devuelve la vida, que levanta a los abatidos y a los de corazón apocado. Aquel que dice creer en Cristo y actúa como portador de signos de muerte, destruyendo la paz y la alegría de los demás, desestabilizando naciones u hogares, no puede considerarse portador del Evangelio; pues aun cuando pronuncie discursos muy bellos sobre Cristo, su vida, sus actitudes, sus obras estarán indicando que, más que llevar un espíritu vivificado por Cristo, lleva, más bien, un espíritu dañado, muerto a causa del pecado que le ha dominado. Dejemos que el Señor nos perdone, nos devuelva a la vida, que infunda en nosotros su Espíritu; que su Palabra nos santifique y nos haga portadores de su amor, de su verdad, de su paz, de su bondad y de su misericordia para todos los pueblos.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de dejarnos amar por Dios, para que nos transforme en signos creíbles de su Vida ante nuestros hermanos; y así, guiados por su Espíritu, que colaboremos para que todos se encuentren con el Señor de la Vida, y se dejen transformar por Él. Amén.

Homiliacatolica.com

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