Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

22 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 22-09-2014

LUNES DE LA XXV DEL TIEMPO ORDINARIO. 22 de Septiembre del 2014 . 1º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. Mauricio y co mrs, Emérita mr. Beatos José Aparicio y 232 mártires de Valencia. Santoral Latinoamericano. SS. Mauricio.

LITURGIA DE LA PALABRA

Pr. 3, 27-34. El Señor aborrece al perverso.
Sal 14. El justo habitará en tu monte santo, Señor
Lc 8, 16-18. El candil se pone en el candelero para que haya luz. 

Era común en las casas antiguas colocar un candil a la entrada de la casa, incluso de día. Constituía un gesto de cortesía, pero también tenía la función de iluminar corredores y ambientes oscuros, ya que el uso de las ventanas no estaba muy extendido. El refrán de Jesús invita a sus seguidores a colocar su enseñanza en el lugar más alto y visible de la comunidad, de modo que pudiera iluminar los problemas de la vida diaria. Aunque era una sabiduría nacida de la sencillez de la vida ordinaria y de la recitación constante de la Sagrada Escritura, tenía poder para transformar la vida cristiana a la luz de las acciones y palabras de Jesús. Completamente distinta de mucha sabiduría nacida de libros que se guardaban debajo de la cama o en un recipiente cerrado, para evitar que los insectos se los comieran. El evangelio tiene un carácter iluminador, como el candil, y pide ser comunicado, revelado, manifestado siempre y en cualquier lugar. El evangelio confiere una sabiduría que no merma los valores humanos, sino que los incrementa; “da más al que ya tiene”. – ¿Qué lugar damos a la enseñanza de Jesús en nuestras vidas? 

PRIMERA LECTURA
El Señor aborrece al perverso
Lectura del libro de los Proverbios 3, 27-34
Hijo mío, no niegues un favor a quien lo necesita, si está en tu mano hacérselo. Si tienes, no digas al prójimo: «Anda, vete; mañana te lo daré.» No trames daños contra tu prójimo, mientras él vive confiado contigo; no pleitees con nadie sin motivo, si no te ha hecho daño; no envidies al violento, ni sigas su camino; porque el Señor aborrece al perverso, pero se confía a los hombres rectos; el Señor maldice la casa del malvado y bendice la morada del honrado; se burla de los burlones y concede su favor a los humildes; otorga honores a los sensatos y reserva baldón para los necios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 14,
R/. El justo habitará en tu monte santo, Señor.
El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. R.

El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor. R.

El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. R.

SANTO EVANGELIO
El candil se pone en el candelero para que los que entran tengan luz
Lectura del santo evangelio según san Lucas 8, 16-18 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -«Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama; lo pone en el candelero para que los que entran tengan luz. Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. A ver si me escucháis bien: al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener.»

Palabra del Señor.



Reflexión de la Primera lectura: Proverbios 3,27-35 . El Señor aborrece al perverso. 
Durante quince días volveremos a la lectura de los Libros del Antiguo Testamento, los Libros "Sapienciales". Con este título se agrupan varios Libros cuya característica es recoger las reflexiones de tipo moral y filosófico que estaban en curso en los países limítrofes de Israel. Esas máximas de Sabiduría, -que podrían también llamarse de «buen sentido»- son un bien común de todos los pueblos. Si se han introducido en la Biblia, libro sagrado, es debido al criterio de los «sabios» que las recogieron y recopilaron. Estos creyeron que toda «sabiduría humana» deriva de la Sabiduría de Dios, puesto que, cuando el hombre es inteligente, cuando descubre una parte de verdad, participa de alguna manera de la Inteligencia divina.

Por esto, todo hombre, desde que existe la humanidad hasta ahora, está bajo el influjo del Verbo de Dios, como dirá el prólogo de san Juan.

De otra parte, los Libros Sapienciales son los últimos escritos del Antiguo Testamento, se escribieron justo antes de la aparición de Jesús, «hombre-Dios» y poco antes de la redacción de los escritos del Nuevo Testamento. A través de un «humanismo» muy simple, son ya una afirmación de la Encarnación: la Sabiduría divina está ya ahí, encarnada en esos sencillos «proverbios» humanos.

¿Estoy también yo atento a los movimientos del pensamiento humano de «mi época» tratando de contemplar la Verdad divina que se encuentra expresada en ellos?

-Hijo mío, no niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo.

No digas a tu prójimo «vete, te daré mañana» si tienes algo para darle.

En Oriente y en África, se viven mejor estos valores humanos que entre nosotros los occidentales: ¡Si tienen, dan!

Entre nosotros, muchos no cristianos viven también esas sencillas actitudes de solidaridad profunda.

Señor, ayúdanos a ver en ellas tu presencia... aun cuando la ignoran los que las viven. Y ayúdanos a que pongamos en práctica estas actitudes tan humanas. No solamente, ni ante todo importa "dar limosna", sino estar en continua disponibiiidad para los demás: dar, equivale a darse, es decir, a servir.

-No te querelles sin motivo contra nadie, que no te ha hecho ningún mal. No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos.

Son también máximas de buen sentido. Pueden parecer muy a ras de tierra; pero la vida cotidiana es así. Y allí nos espera Dios.

Ser un hombre de "paz", de "perdón", de "reconciliación": el evangelio está cerca... es Jesús quien está ahí en esas máximas humanas. Y es Jesús quien está presente cada vez que un hombre toma estas actitudes.

-Porque el Señor abomina a los perversos, pero abre su intimidad a los hombres que obran con rectitud.

Todavía no se había hecho mención de "Dios" en ese texto, todo se refería a comportamientos humanos. Pero: ¡ahí está! Ya estaba. Ayúdanos Señor, a tomarnos en serio nuestra sencilla vida humana.

Reflexión del Salmo 14. El justo habitará en tu monte santo, SeñorSe trata de un salmo litúrgico a semejanza del salmo 24 con el que tiene un gran parecido. Pertenece a este tipo de salmos —litúrgicos— porque incluye un fragmento de un antiguo ritual, una liturgia de la que tenemos escaso conocimiento. El Antiguo Testamento no confirma la existencia de este ritual. Se supone que los peregrinos, que subían a Jerusalén con motivo de las fiestas anuales, eran acogidos por un sacerdote a la entrada del templo. Estos preguntaban a quien los recibía: « ¿Cuáles son los requisitos que hay que cumplir para entrar en el recinto del templo y permanecer ahí durante los días de la fiesta?» (Las grandes fiestas duraban ocho días). El sacerdote respondía enumerando es tos requisitos. Algunos investigadores le dan a este salmo el nombre de litúrgica de la puerta.

Este salmo tiene tres partes: 1; 2-5a; 5b. La primera (1), está formada por la pregunta de los peregrinos que llegan a las puertas del templo, que recibe el nombre de «tienda». Los que se dirigen en peregrinación le preguntan al encargado de recibirlos por las condiciones para acceder al recinto sagrado del templo, hospedarse allí y entrar en comunión con Dios durante los días de fiesta.

La segunda parte (2-5a) contiene la respuesta. Se trata de una importante lista de requisitos. Los peregrinos podían estar ritualmente impuros por numerosos motivos: el contacto con animales muertos, con cosas consideradas impuras, por las secreciones del organismo (menstruación en el caso de las mujeres, poluciones en el de los hombres...), Nada de esto es importante. Los requisitos presentados van todos en la línea horizontal, poniendo así de manifiesto que la verdadera religión consiste en establecer relaciones de fraternidad y justicia entre las personas. El sacerdote presenta doce exigencias. Ninguna de ellas se refiere directamente a Dios. Por el contrario, todas van al encuentro del prójimo, iluminando las relaciones.

La tercera parte consta de una sola frase: « ¡El que así obra nunca se tambaleará!» (Sirve de conclusión, mostrando que, no sólo durante las fiestas, sino para toda la vida, la verdadera religión es la que crea lazos de justicia y solidaridad entre las personas. Esto nos convierte en íntimos de Dios.

Cuando habla de la «tienda», este salmo se está refiriendo al templo de Jerusalén. Y también recuerda cómo el pueblo suele acudir a él en peregrinación con motivo de tas fiestas importantes, hospedándose en los patios y pórticos que lo rodean. Uno de los requisitos para poder entrar en este recinto sagrado tenía que ver con la pureza ritual de las personas y de los animales que habían de ser sacrificados (el Levítico desarrolla esta cuestión con todo lujo de detalles).

Parece que este salmo está en abierta oposición a esas normas de pureza ritual, proponiendo una nueva moralidad como puerta de acceso a la religión y al Dios de Israel. Supongamos por un momento que en las puertas del templo estuviera un sacerdote partidario de las cuestiones de la pureza ritual. ¿Qué habría dicho? ¿Qué es lo que habría exigido a los que pretendieran entrar? Sencillamente, el cumplimiento de las prescripciones. Sin embargo, en el salmo 14 no encontrarnos nada parecido. Todas esas minuciosas normas de pureza ritual no son tenidas en cuenta. En su lugar encontramos doce condiciones, una especie de síntesis o explicación del Decálogo en lo que respecta a las relaciones entre personas (véase Ex 20,12-17).

Estas condiciones o requisitos son: 1. ser íntegro; 2. practicar la justicia; 3. hablar con sinceridad; 4. no calumniar; 5. no hacer mal al prójimo; 6. no difamar al vecino; 7. despreciar al malvado (es decir, no asociarse con él); 8. Honrar a los que temen al Señor: aunar esfuerzos con los justos); 9. Mantener lo que se ha jurado (tal vez como testigo en el tribunal); 10. No dar marcha atrás con respecto al juramento, aunque esto vaya en daño propio (pérdida de dinero, de fama, de honor); 11. No prestar dinero con interés (el Antiguo Testamento ve en ello una forma de avaricia); 12. No aceptar (en un juicio) soborno contra el inocente.

Estas condiciones comienzan hablando de una integridad que se manifiesta en el exterior. Se trata de una ética que conduce a una práctica; práctica que se traduce en unas relaciones de justicia y que abarca todos los ámbitos de la vida: el ámbito social (no hacer daño, no difamar; etc.), el ámbito económico (no prestar cobrando intereses) y el jurídico (no dejarse comprar por los corruptores que pretenden eliminar al inocente). Esto es religión. Las condiciones exigen un respeto absoluto del ser humano y de la vida en teclas sus dimensiones. La calumnia y la difamación son tan destructivas como la usura, la avaricia, los sobornos y la corrupción.

En el Antiguo Testamento (al igual que en tiempos de Jesús) había quienes defendían una religión de ritos Uno llega a entrar en comunión con Dios (religión, «re-ligación») mediante la práctica de la Ley. Este salmo dice que, caminando por la senda de la integridad, de la justicia y de la verdad, se llega a la verdadera religión. Se trata de un conflicto que todavía existe en nuestros días según este salmo (la gente del campo no siempre pensó de este modo), Dios habita en el templo de Jerusalén y ahí recibe a sus huéspedes. Pero es un Dios fuertemente vinculado a las exigencias del éxodo, cuando el Señor sacó a los israelitas de Egipto selló con ellos un pacto para que construyeran en la Tierra Prometida una nueva realidad, caracterizada por la igualdad, la justicia y la solidaridad. A pesar de que su casa se haya reducido al templo, el Señor no ha olvidado las exigencias del desierto, y esto es lo que pide a sus huéspedes.

Es interesante señalar que el Señor no pide nada para sí; ni donativos, ni sacrificios, ni oblaciones, ni holocaustos. Nada. Es como si le dijera a cada uno: “¿Quieres ser mi huésped, amigo?” Entonces acoge al otro, sé su amigo en la integridad, en la verdad, en la justicia y en la solidaridad». Dios no quiere nada para sí. Si queremos ofrecerle algo, tenemos que ofrecérselo a los demás, tenemos que ofrecernos nosotros mismos a los demás.

Jesús asumió plenamente este salmo. Véase, por ejemplo, lo que dice del templo como lugar de una religión opresora (Jn 2,13- 22), lo que dice a propósito de la cuestión «puro e impuro» (Mc 7,1-23), de la hipocresía de los fariseos (Lc 11,37-44); véase, también, cómo el samaritano (Lc 10,29-37) —considerado un hereje— tiene una actitud religiosa perfecta.

Es un salmo para rezar cuando nos sentimos cansados de una religión de palabras; cuando creemos que Dios pide muchas cosas para sí; cuando no estamos de acuerdo con el ritualismo dentro de las iglesias; cuando sentimos la tentación de adoptar una espiritualidad alienante y desencarnada; cuando queremos cambiar nuestras celebraciones.

Reflexión primera del Santo Evangelio: Lucas 8,16-18 . El candil se pone en el candelero para que haya luz.Los dichos de Jesús que hemos leído hoy probablemente diseminados en su origen— han sido recogidos por Lucas en una sección (8,4-21) que tiene como tema la Palabra de Dios. Desde esta perspectiva los leemos nosotros.

El primero de ellos (v. 16) parece temer el riesgo del anonimato: no se pone una luz debajo de la cama. La advertencia parece dirigida a los cristianos que —por miedo o porque consideran inútil hacerlo— no se exponen en público. La Palabra es pública y visible: esconderla es un modo de hacerla morir.

El segundo dicho (v. 17) parece temer más bien el riesgo del secreto. La advertencia va dirigida a los grupos cristianos que se cierran en sí mismos y anuncian la Palabra en secreto, sólo a los iniciados. Porque la Palabra, en virtud de su naturaleza no es para todos.

El tercer dicho (v. 18) es más difícil. A buen seguro, llama la atención sobre la importancia de la escucha; más aún, sobre los modos como se escucha: «Prestar atención a cómo escucháis». Hay quien no escucha, pero hay también quien escucha mal. ¿Qué significado hemos de dar a esta afirmación, un tanto enigmática: «Al que tiene se le da, y al que no tiene se le quitará incluso lo que cree tener»? ¿Qué significa el «porque»: v. 18h) que condiciona estrechamente el crecimiento o la pérdida a la escucha de la Palabra? Quizás signifique que es importante escuchar bien, porque es precisamente la escucha lo que enriquece. Quien no escucha o escucha mal se empobrece. No sólo no crece, sino que pierde también lo que considera tener. La escucha de la Palabra es, por consiguiente, el camino necesario para el crecimiento en la fe. Si falta, desaparece la fe.

Jesús nos habla de la necesidad de iluminar Pero habla también de la necesidad de encender la lámpara. El discípulo no alumbra con su propia luz, sino con la única luz que viene de Cristo, el Señor Si lo hace de manera diferente, sentirá la tentación de confundir sus propias ideas, sus propios gustos y sus propias opciones con las de Cristo, y de proponer así cosas y realidades que no tienen nada que ver con Cristo. De ahí la necesidad de encender cada día, constantemente, nuestra propia lámpara con la luz de Cristo. Es la lumen christi la que ilumina el mundo, no mi luz. Esta última puede iluminar sólo si es reflejo de la luz de Cristo.

Y, llegados aquí, el problema se vuelve serio, porque la luz de la que habla Jesús no es sólo doctrina, sino también testimonio, es decir, doctrina que se hace vida, que transforma la vida: que afecta a mi modo de ser, a mi modo de valorar las cosas. Soy luz cuando difundo la doctrina de Cristo con los criterios de Cristo, esto es, con humildad y pobreza. Cuando no hablo, por ejemplo, de humildad desde una posición de poder, cuando no anuncio la pobreza con medios que hablan de abundancia de bienes. Soy, en suma, luz puesta en el candelero cuando represento —lo menos lejos posible— el modo de ser, de obrar, de pensar y de hablar de Jesús. Es bueno reflexionar un poco sobre esto, porque en este sector son grandes las ilusiones. Pensar que ilumina nos sólo porque decimos las palabras de Jesús, sin dejar iluminar nuestra propia vida con la luz de Jesús, es como cubrir con una vasija la lámpara. Es como afirmar algo sin la prueba de los hechos, Es adoctrinar, no evangelizar.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Lucas 8,16-18 . El candil se pone en el candelero para que haya luz. No se enciende el candil para tapar su luz.Esta perícopa incluye tres pequeñas unidades (8, 16; 8, 17 y 8, 18). La primera (8, 16) está directamente dedicada al tema de la luz; a su esencia pertenece el expandirse y alumbrar, por eso es antinatural el ocultarla. Dentro de nuestro contexto, esa luz que se expande es la verdad de Cristo y su evangelio; es la verdad de la semilla del reino que Jesús ha introducido en el surco de la tierra y que se extiende y fructifica a pesar de todos los esfuerzos de aquéllos que pretendan ocultarla. Esta certeza del triunfo de la luz, esta confianza absoluta en el poder de expansión y en la victoria final del evangelio, está la base de todo el mensaje de Jesús y de la Iglesia.

Con esto pasamos a la segunda unidad (8, 17). Ante la fuerza del reino que Jesús ha iluminado sobre el mundo esclarece la verdad de la existencia de los hombres. Tomadas en sí mismas, las palabras pueden ser escandalosas: «Nada hay oculto que no llegue a descubrirse...» Se tiene la impresión de que el hombre pierde el derecho la intimidad, al secreto del corazón, a ese misterio que quiere hacer patente a nadie. Pues bien, nuestro texto desvela la ambivalencia de la intimidad, que puede ser fruto de un ocultamiento egoísta o expresión de una gracia, de una vida anterior, que se abre amorosamente al otro. Desde aquí se esclarecen las palabras de Jesús. La luz es gracia cuando penetra en el interior, lo vuelve transparente hacia los otros y lo abre hacia el misterio de la vida (la resurrección); de esta forma no se pierde la intimidad, sino que se comparte (se introduce en el misterio Cristo y se muestra como amor hacia los otros). Pero esa luz es condena cuando patentiza la contradicción del hombre que, debiendo estar abierto hacia la gracia, se ha encerrado en sí mismo, convirtiéndose en un puro egoísmo (vivir para sí, vivir para la tierra).

La tercera unidad (8, 18) es uno de los textos más externamente escandalosos de todo el evangelio. Resulta que el mensaje de Jesús se resumía como un don que se halla abierto hacia los pobres: al que no tiene se le ofrece la plenitud del reino; al que confía en su riqueza se le dice que vendrá a quedar vacío. Pues bien, ahora se proclama algo totalmente contrario: «Al que tiene se le dará, al que no tiene se le quitará hasta lo que cree tener» ¿Cómo se entiende esta palabra?

Veamos. La primera sentencia se refiere a la condición del hombre ante la gracia; frente al don original de Dios es necesario estar vacíos, por eso la ventaja es de los pobres, los hambrientos, los que sabe su pecado y se mantienen a la espera. Nuestro texto (8, 18) se sitúa sobre un fondo diferente; nos hallamos frente al hombre que se ha abierto ante la gracia o se ha creado. « El que tiene» es decir, el que se mantiene abierto ante el don de la vida que Cristo le ofrece «recibirá más» (recibirá la plenitud del reino); por el contrario, « aquél que no tiene» (no ha dejado que la gracia le penetre) perderá aun aquello que parecía poseer fracasando totalmente. Nos hallamos ante el misterio de la perdición definitiva (del fracaso) de aquél que no ha vivido en el plano de la gracia, por más que su existencia fuera rica en otros plano (en lo económico, intelectual, social).

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Lucas 8,16-18 . El candil se pone en el candelero para que haya luz. 
La primera frase declaratoria contiene, en forma de un dicho de sabiduría, una evidencia todo lo demás sería insensato. En aquel entonces, la imagen era conocida para cualquiera. Lucas piensa en una pequeña lámpara de barro, llena de aceite y provista de una mecha. Sobre la lámpara fácilmente se podía invertir un jarrón para apagarla. Se podía colocar sobre un soporte o ser colgada. En el contexto literario se identifica la proclamación de la Palabra con la luz.

Este dicho de Jesús es menos evidente. También aquí se trata de un dicho de sabiduría. Para su comprensión es decisivo qué se entiende por “ocultar”. De acuerdo con la interpretación judía, hay muchos misterios de Dios que aún están ocultos, pero al final de los tiempos serán revelados. Desde la perspectiva de Lucas, el misterio de Jesús debe ser proclamado sobre las azoteas.

El imperativo es una exhortación a escuchar correctamente la Palabra. La fundamentación anexa es en sí lógica. En su conexión literaria, el “tener” se refiere a la Palabra de Dios (vv. 11-15). A quien se abre a la Palabra de Dios, ésta se le abrirá cada vez más profundamente. Pero quien solamente persigue sus propias nociones de Dios, al final tendrá que darse cuenta de que fue presa de un espejismo.

a) El brillar delante de los hombres no es en el cristianismo una finalidad en sí misma, sino que surge espontáneamente, como la ciudad edificada en lo alto de un monte, que no puede ocultarse a los ojos. Así también, la escucha de la Palabra debe llevar a las buenas obras, que “brillan” y dan luz a los que están en la oscuridad. Éste es el contexto del dicho de la luz. Es más, las buenas obras son garantía de haber escuchado bien la Palabra.

b) El Reino es siempre pequeño y oculto en sus inicios, pero tiene que ser conocido por todos los hombres. Y no con palabras, sino con obras. Por eso el contexto del v. 17 es el de la escucha fructuosa de la palabra. El aspecto misionero de este versículo se deberá basar en las obras (en el “dar fruto al ciento por uno” de la parábola).

c) La lógica de la escucha de la Palabra y la aceptación del Reino se salen de la lógica normal. Los que tienen recibirán más, y es porque lo que tienen lo tienen por haber abierto sus oídos y su corazón a la Palabra. El secreto d esta paradoja está en que la salvación del hombre es, básicamente, gracia, don y regalo de Dios. El que tiene la disposición de recibir; recibe, y recibe más y más; el que no, se va quedando relegado.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Lucas 8,16-18 . El candil se pone en el candelero para que haya luz.-Jesús decía a sus discípulos: "Nadie enciende una lámpara para cubrirla con una vasija o ponerla debajo de la cama..."

Se dice a veces, y es verdad, que la mentalidad moderna se ocupa mucho de rendimiento y de eficacia. Pero en todo tiempo el hombre ha buscado el rendimiento máximo para sus empresas: es una característica del hombre creado por Dios. Sí, dice Jesús, cuando se enciende una lámpara se la coloca en el lugar más adecuado para que alumbre al máximo.

-Se la pone sobre un candelero, para que los que entran vean la luz.

Me gusta, Señor, descubrir que eres una persona práctica y procuras la eficacia.

En medio de ese mundo moderno tan apegado al rendimiento, ayúdanos a comprender ese valor humano, que tan firmemente recomienda el evangelio.

¡Dar fruto en abundancia, si es un árbol! ¡Dar ciento por uno, si es una semilla! ¡Iluminar todo el entorno, si es una lámpara! Pero cuidado a no aplicar esta exigencia... a los demás solamente.

Yo, en mi vida ¿tengo una verdadera solicitud por "hacer que la luz rinda" al máximo su resplandor y claridad?

-Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no llegue a ser conocido y manifiesto.

San Lucas cita esta parábola como una especie de conclusión al discurso de Jesús: es ciertamente la "Palabra de Dios" esa luz que hay que colocar y presentar en su máximo valor.

¿Tengo yo esa solicitud? Jesús piensa en sus propias palabras: cuando las pronuncia ante el pequeño auditorio de sus primeros discípulos, sabe que son aún como una luz "escondida", pero Jesús entrevé el día en el cual el evangelio será proclamado "a plena luz" . ¿Procuro que mi vida y mis palabras, en ocasiones oportunas, sean evangelizadoras?

¿Guardo mi fe solamente como un "secreto" personal? ¿Considero mi religión como un "asunto privado"? ¿Se sabe, a mi alrededor que soy cristiano que amo a Dios y a todos los hombres mis hermanos, como Cristo nos enseña? ¿Por medio de qué signos visibles, se traduce exteriormente mi Fe?

-Estad atentos al modo como escucháis y aprendéis...

Hay que "ser luz" antes de querer alumbrar a los demás; porque esa luz, que es divina, hay que recibirla primero.

"Estad atentos... escuchad..." Hay muchos modos de escuchar. La calidad de la luz depende de esa disposición. En un aula de alumnos, en un grupo que escucha una conferencia, hallamos todos los grados de recepción. Algunos asistentes están soñolientos, distraídos y no retendrán nada de lo que se ha dicho. Otros están allí, ávidos, activos, los ojos fijos en el que habla, la inteligencia despierta, el bolígrafo en la mano sobre el bloc de notas, dispuestos a contestar, si se hace una pregunta...

¿Cuál es mi avidez por la luz, por la Palabra de Dios? ¿Cómo me esfuerzo para conocerla mejor? ¿Cuánto tiempo le dedico? ¿Con qué atención? ¿Cuál es el rendimiento de mi atención?

-Porque al que tenga se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará...

Sí, es una verdad popular, de experiencia: se pierden los dones que no se hacen fructificar... se atrofian los músculos que no se hacen actuar... se apaga poco a poco la Fe que no se lleva a la práctica.

Elevación Espiritual para este díaEl liderato cristiano del futuro no debe ser ya un liderato de poder y de control, sino un liderato de impotencia y de humildad, en el que se manifieste Jesucristo, siervo doliente de Dios. Como es obvio, no estoy hablando de un liderato psicológicamente débil, en el que el líder cristiano sea simplemente una víctima pasiva de la manipulación de su ambiente. No, estoy hablando de un liderato en el que se renuncia constantemente al poder y se opta por el amor. Se trata de un verdadero liderato espiritual. La impotencia y la humildad en la vida no son, a buen seguro, las del hombre que no tiene espina dorsal y deja que sean los otros quienes decidan por él; se trata, más bien, de la impotencia y la humildad de quien está totalmente enamorado de Jesús hasta el punto, de seguirle allí a donde le lleve, con la seguridad de que, con Él, encontrará la vida y la encontrará en abundancia. Es preciso que el líder del futuro sea radicalmente pobre y que, cuando viaje, no lleve consigo más que el bastón — no pan, ni alforja, ni dinero, ni dos túnicas» (Mc 6,8) —. ¿De qué sirve ser pobre? Sirve sólo para brindarnos la posibilidad de guiar a los otros dejándonos guiar. Deberemos depender así de las reacciones positivas o negativas de aquellos entre quienes andemos, y seremos llevados verdaderamente allí a donde quiera llevarnos el Espíritu de Jesús. La riqueza y el bienestar nos impiden discernir el camino de Jesús. Escribe Pablo a Timoteo: «Los que quieren enriquecerse caen en trampas y tentaciones, y se dejan dominar por muchos deseos insensatos y funestos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición» (1Tm 6,9).

Si puede haber aún una esperanza para la Iglesia del futuro, ésa es la esperanza de una Iglesia pobre, cuyos guías estén dispuestos a dejarse guiar.

Reflexión Espiritual para el díaCuando Jesús está presente, todo es bueno y no parece cosa difícil, mas, cuando está ausente, todo es duro. Cuando Jesús no habla dentro, vil es la consolación, más, si Jesús habla una sola palabra, gran consolación se siente.

¿No se levantó María Magdalena luego del lugar donde lloró, cuando le dijo Marta: «El Maestro está aquí y te llama»? (Jn 11,28). ¡Oh, bienaventurada ahora, cuando Jesús llama de las lágrimas al gozo del espíritu!

¡Cuán seco y duro eres sin Jesús! ¡Cuán necio y vano si codicias algo fuera de Jesús! Dime: ¿no es peor daño que si todo el mundo perdieses?

¿Qué te puede dar el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es grave infierno; estar con Jesús es dulce paraíso.

Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte. El que halla a Jesús halla un buen tesoro, y de verdad bueno sobre todo bien. El que pierde a Jesús pierde muy mucho y más que todo el mundo.

Pobrísimo es el que vive sin Jesús, y riquísimo el que está bien con Jesús. Grande arte es saber conversar con Jesús, y gran prudencia saber tener a Jesús.

Sé humilde y pacífico, y será contigo Jesús; sé devoto y sosegado, y permanecerá contigo Jesús, El rostro de los

Personajes y pasajes de la Sagrada Biblia: Pr 3, 27-34. El hombre, desde que existe la humanidad, está bajo el influjo del Verbo de Dios. 
Durante quince días volveremos a la lectura de los Libros del Antiguo Testamento, los Libros "Sapienciales". Con este título se agrupan varios Libros cuya característica es recoger las reflexiones de tipo moral y filosófico que estaban en curso en los países limítrofes de Israel. Esas máximas de Sabiduría, -que podrían también llamarse de «buen sentido»- son un bien común de todos los pueblos. Si se han introducido en la Biblia, libro sagrado, es debido al criterio de los «sabios» que las recogieron y recopilaron. Estos creyeron que toda «sabiduría humana» deriva de la Sabiduría de Dios, puesto que, cuando el hombre es inteligente, cuando descubre una parte de verdad, participa de alguna manera de la Inteligencia divina.

Por esto, todo hombre, desde que existe la humanidad hasta ahora, está bajo el influjo del Verbo de Dios, como dirá el prólogo de san Juan.

De otra parte, los Libros Sapienciales son los últimos escritos del Antiguo Testamento, se escribieron justo antes de la aparición de Jesús, «hombre-Dios» y poco antes de la redacción de los escritos del Nuevo Testamento. A través de un «humanismo» muy simple, son ya una afirmación de la Encarnación: la Sabiduría divina está ya ahí, encarnada en esos sencillos «proverbios» humanos.

¿Estoy también yo atento a los movimientos del pensamiento humano de «mi época» tratando de contemplar la Verdad divina que se encuentra expresada en ellos?

-Hijo mío, no niegues un favor a quien es debido, si en tu mano está el hacérselo. No digas a tu prójimo «vete, te daré mañana» si tienes algo para darle. En Oriente y en África, se viven mejor estos valores humanos que entre nosotros los occidentales: ¡Si tienen, dan!

Entre nosotros, muchos no cristianos viven también esas sencillas actitudes de solidaridad profunda. Señor, ayúdanos a ver en ellas tu presencia... aun cuando la ignoran los que las viven. Y ayúdanos a que pongamos en práctica estas actitudes tan humanas. No solamente, ni ante todo importa "dar limosna", sino estar en continua disponibilidad para los demás: dar, equivale a darse, es decir, a servir.

-No te querelles sin motivo contra nadie, que no te ha hecho ningún mal. No envidies al hombre violento, ni elijas ninguno de sus caminos.

Son también máximas de buen sentido. Pueden parecer muy a ras de tierra; pero la vida cotidiana es así. Y allí nos espera Dios.

Ser un hombre de "paz", de "perdón", de "reconciliación": el evangelio está cerca... es Jesús quien está ahí en esas máximas humanas. Y es Jesús quien está presente cada vez que un hombre toma estas actitudes.

-Porque el Señor abomina a los perversos, pero abre su intimidad a los hombres que obran con rectitud. Todavía no se había hecho mención de "Dios" en ese texto, todo se refería a comportamientos humanos. Pero: ¡ahí está! Ya estaba. Ayúdanos Señor, a tomarnos en serio nuestra sencilla vida humana. +

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