Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

21 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 21-09-2014

SAN MATEO, apóstol y evangelista. 21 de Septiembre del 2014 . 4º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. Mateo ap, Jonás prof, Cástor ob, Landelino mj, Maura vg. Santoral Latinoamericano. SS. Mateo 

LITURGIA DE LA PALABRA:

Isaías 55,6-9 Mis planes no son vuestros planes 
Salmo responsorial: 144 Cerca está el Señor de los que lo invocan. 
Filipenses 1,20c-24.27a Para mí la vida es Cristo
Mateo 20,1-16 ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno? 


PRIMERA LECTURA
Isaías 55,6-9 
Mis planes no son vuestros planes 

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes. 

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 144 
Cerca está el Señor de los que lo invocan. 

Día tras día, te bendeciré  y alabaré tu nombre por siempre jamás.  Grande es el Señor, merece toda alabanza,  es incalculable su grandeza. R. 

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R. 

El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R. 

SEGUNDA LECTURA
Filipenses 1,20c-24.27a 
Para mí la vida es Cristo

Hermanos: Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger. Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo. 

Palabra del Señor.

SANTO EVANGELIO
Mateo 20,1-16 
¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno? 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: "El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido." Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: "¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?" Le respondieron: "Nadie nos ha contratado." Él les dijo: "Id también vosotros a mi viña." Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: "Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros." Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: "Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno." Él replicó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia por que yo soy bueno?" Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos." 

Palabra de Dios.

Reflexión de la Primera lectura Isaías 55,6-9 Mis planes no son vuestros planes 

Contexto: El poeta que denominamos Isaías II (cap. 40-50), recibe la misión de ser el mensajero del consuelo para el pueblo desanimado del destierro. Por eso el prólogo de su obra comienza con estas palabras: "Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios... (cf. 40. 1-11). Pagado el crimen con el destierro, el Señor se acuerda de su pueblo y le ofrece el camino del retorno, de la liberación.

Pero el profeta tiene sus profundas dudas, ya que la gente que vive en el destierro se parece a una flor marchita. Por eso, con cierto aire de escepticismo, objeta a su llamada: ¿Qué debo gritar? (v. 6) ¿Es que acaso puede surgir una nueva vida de un pueblo totalmente desmoralizado y descorazonado? La respuesta a su objeción se nos da en 40. 8; frente a la veleidad de la palabra humana, "la palabra de nuestro Dios permanece para siempre". Y basado en esta palabra estable, Isaías puede y debe anunciar el mensaje de consuelo y de esperanza. El desánimo no debe cundir entre los desterrados ya que lo que el Señor promete siempre se cumple.

* Texto: Is 55. 6-11 es la conclusión al libro del consuelo de Isaías, en estrecha relación con el prólogo. Por eso nuestro texto también empieza con unos imperativos que recalcan la urgencia con que debemos afrontar lo ordenado: "Buscad al Señor", "invocadlo" (vv 6-7). Y las razones que nos da tienen su fundamento: en la perennidad de la palabra divina, en el hecho de que los planes y caminos divinos en nada se parecen a los de los mortales (vv. 8 ss.). Y por si faltara algo, el poeta nos recuerda cómo la palabra de Dios es siempre fructífera, como agua que cae sobre los campos (vv. 10 s.).

¿En qué se diferencian los planes divinos y los humanos? Los planes y caminos de Israel, a consecuencia de la grave situación en que se encuentra, son los de la duda, falta de fe, escasa confianza en sí mismos, en los otros... "¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa?" (40. 27). Y si leemos con detención 40. 12-31 nos percataremos de un interesante diálogo entre un pueblo falto de fe y lleno de amargura, por un lado, y el profeta que intenta inyectar esperanza, por el otro: "... se cansan los muchachos..., los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse" (40. 31).

Y porque la palabra divina es siempre eficaz, Is II urge a los suyos, mediante dos imperativos, a buscar al Señor; no ha muerto sino que se halla muy cerca de aquél que le busca (v. 6). En el AT "buscar al Señor" puede denotar una llamada cúltica: acudir al santuario con sacrificios y oraciones, pero no se agota aquí su sentido. Ya desde los tiempos de Amós, la búsqueda del Señor no consiste en hacer numerosos sacrificios de vacas y de ovejas, ni en peregrinar a los grandes santuarios de Guilgal, Betel, Berseba (Am 5. 4 ss.; Os 5. 6; Jr 29. 12 ss.). Buscar al Señor es hacer caso de la palabra profética que Is II está dirigiendo a su pueblo: a Dios se le puede encontrar en el desierto, ahora mismo..., sólo se exige la conversión (v. 7).

Reflexiones: La palabra profética siempre sonó y tronó en Israel, pero muchas veces su mensaje cayó en el vacío, porque el pueblo no quiso hacer caso. Basándose en ella, Is II pudo dirigir a su pueblo este precioso mensaje de consuelo y de esperanza, ya que el castigo nunca es definitivo en las páginas de la Biblia. Y esta palabra profética sigue resonando en nuestro s. XX. ¿Dónde? ¿A través de quién? Es necesario saberla captar. Muchos intentan sofocarla porque es molesta, pero nunca puede caer en saco roto. A la larga obtendrá el fruto apetecido, aunque no sepamos cuándo ni cómo. Los planes y caminos humanos son de bajo vuelo; siempre andamos tropezando con la duda, el desconsuelo, la desesperación...

Necesitamos, como el comer, la esperanza, la confianza, ese fiarnos de la palabra profética para que nuestro vuelo coja altura y evitemos el cansancio, el desmayo. Practicar el culto no se identifica con la búsqueda de Dios.

Necesitamos un buen correctivo a nuestras clásicas concepciones religiosas. Por eso no es raro que nuestras liturgias, nuestras misas, produzcan desazón, sequedad, incredulidad... en vez de liberarnos y de ofrecernos fortaleza y vida.

El cap. 55 de Is prolonga el cap. 54: después de haberse dirigido a Jerusalén, el profeta se vuelve ahora hacia los fieles que se preparan a repoblarla y precisa la naturaleza y las condiciones de este privilegio. En relación con el conjunto del segundo Isaías el cap. 55 constituye su epílogo. Lo mismo que el prólogo (40, 1-11) insiste de nuevo sobre la trascendencia de Dios, la eficacia de la Palabra y el brillo esplendoroso del nuevo éxodo. Una de las condiciones de este nuevo estado de cosas es "buscar al Señor", ponerse en un estado de acercamiento a Dios, de conversión. Podría entenderse el verso en un sentido causal: "buscad al Señor porque se deja encontrar" (como en 50,1; 53, 5:57, 17). La conversión no es una utopía inalcanzable sino que está al alcance del que tiene verdadero interés de cambio.

Se presenta a Dios perdonador con un acento particular de perdón total. Es el único empleo del término en todo el libro de Isaías.

Además, en el AT, esta forma verbal solamente tienen por sujeto a Dios. El perdón que Dios da al que hace lo posible por vivir de acuerdo con la exigencia de la fe es un acto de una misericordia que no tiene parangón entre los hombres. Pero es necesario el requisito de cambiar de planes. Una experiencia así solamente es comprensible desde una óptica de pura fe.

La era mesiánica que se anuncia es de características tan radicalmente nuevas que los planes del hombre apartado de Dios no tendrán cabida en ella. En esta dualidad Dios-hombre, en esta incomprensión del actuar de Dios generoso es donde el hombre tiene que afirmar su fe. Solamente el que tiene corazón agradecido y admite la evidencia de lo maravilloso de la generosidad de Dios puede comprender esto (cf. 3a. lectura).

Imaginería cósmica para corroborar la actuación gratuita y escandalosamente diferente del actuar de Dios. En último término la actuación de Dios no es pura arbitrariedad sino un criterio de fidelidad y de amor (cf Sal 103, 11-12). No se puede reprochar a Dios su manera de actuar cuando sabemos que en el fondo late el amor y respeto más profundo a la debilidad del hombre (cf evangelio del día).

Reflexión del Salmo responsorial: 144 Cerca está el Señor de los que lo invocan.
El salmo 144 (145 en la numeración hebrea de nuestras Biblias) constituye una alabanza continua a Dios por sus obras. Dios es un rey eterno y universal que derrama su justicia y su bondad sobre todo ser viviente. La presentación de este salmo seguirá los siguientes pasos: características literarias, estructura, exégesis, teología y lectura cristiana.

Características literarias 

Con este salmo se concluye la última colección davídica de las que componen el salterio. Basta mirar nuestra Biblia para darse cuenta de que es el último salmo que tiene como título de David.1

Es un salmo alfabético, es decir, en su texto original hebreo cada versículo inicia por una letra del alfabeto, de modo ordenado. Sin embargo, falta en el texto masorético (el texto oficial hebreo) el versículo correspondiente a la letra nun. Por este motivo sólo tiene 21 versículos, en vez de los 22 que se esperarían en una composición alfabética.

La versión griega de los Setenta2 corrige esta falta, añadiendo el versículo correspondiente, que ha pasado a las ediciones litúrgicas latinas del Salterio y a la actual edición castellana de la Liturgia de las Horas.

El autor utiliza recursos literarios de un cierto efecto para los gustos hebreos de la época, como sería la alternancia irregular entre la tercera y la segunda persona del singular para referirse a Dios: el autor pasa constantemente de hablar sobre Dios a hablar directamente a Dios, de la contemplación de sus obras, nace espontáneamente la plegaria. También alterna entre la primera persona del singular y la tercera del plural: la implicación personal en la alabanza del autor del salmo afecta también a los oyentes y a todas las criaturas.

Otra característica literaria es el uso de sinónimos por parte del autor: grandeza, proezas, prodigios, hazañas, maravillas, favores... y también: ensalzar, bendecir, alabar, aclamar, proclamar... Esta acumulación de sinónimos nos puede producir un cierto cansancio, según nuestros usos literarios actuales tendentes a evitar las repeticiones; pero es una característica literaria de la época de composición y que también hallamos en otros salmos (por ejemplo a lo largo del salmo 118).

Algunos elementos, como son el hebreo aramaizante, el concepto de reino de Dios, versículos tomados de otros salmos mueven a los comentaristas a pensar una fecha bastante reciente para la composición de este salmo; quizás uno de los más tardíos de todo el Salterio. Esto no disminuye nada la belleza de sus expresiones ni el alcance teológico de su mensaje, una prueba de ello es el gran uso que la piedad, litúrgica y privada, de la Iglesia y del judaísmo ha hecho de este salmo.

Estructura 

Estructuralmente el salmo 144 mantiene la división tradicional en tres partes: introducción (v. 1-2), cuerpo del salmo (v. 3-20) dividido en dos secciones (v. 3-12 y 13-20) y conclusión (v. 21).

En la parte introductiva está expresada la intención del salmista de elevar hacia Dios su alabanza por la grandeza de su divinidad y la majestad de su realeza.

El cuerpo del salmo, en sus dos secciones, desarrolla los temas enunciados en la introducción: la divinidad y la realeza del Señor. La trascendencia divina del Señor se expresa en la avalancha de adjetivos y de substantivos que utiliza el autor. Esta redundancia quiere crear, en el lector, la sensación que Dios ultrapasa todo lo que el hombre diga por mucho que añada. La realeza se expresa en el interés del Señor por las criaturas y por la justicia con la que gobierna a los hombres. El versículo conclusivo recupera el motivo inicial de la alabanza, sea en boca del salmista, sea en boca de cualquier ser vivo. Una alabanza que perdura siempre.

Exégesis 

El salmo se inicia con una invitación a ensalzar al Señor. El concepto ensalzar, igual que exaltar y enaltecer, parte de una concepción espacial de la divinidad. La zona alta de la tierra es la más noble, por eso, el rey está sentado más alto que el resto de las personas. Dios, más poderoso que cualquier rey humano, es el altísimo, y habita en la cima de los montes donde se le construyen santuarios. Alabar a una persona o a Dios mismo, es, por tanto, ensalzarlo, exaltarlo, enaltecerlo pues todos estos términos proceden de la raíz alto.

La fórmula de la versión castellana «Dios mío, mi rey» corresponden literalmente al hebreo Dios mío, el Rey, que corresponde a su vez a una adaptación de la fórmula cortesana ¡señor mío, el rey! que se utilizaba en aquella época para dirigirse públicamente al rey de la nación. El salmo se inicia pues con un discurso, o reconocimiento, público del salmista dirigido a Dios.

«Una generación a la otra» es la manera cómo el salmista expresa la constancia divina: las generaciones pasan y cambian, pero Dios mantiene la majestad de sus favores de un modo constante.

Los primeros versículos alaban a Dios de un modo genérico, sin especificar su contenido; pero al llegar al v. 8 nos encontramos con una fórmula tradicional: «El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad». La formulación más solemne que hay en toda la Escritura es la revelación que Dios hace de sí mismo a Moisés en la cima del Sinaí: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, rebeldía y el pecado» (Ex 34,6-7a). Esta convicción fundamental, que se repetirá con diversas variantes a lo largo del Antiguo Testamento, llegará a su cima en la primera carta de Juan: «Dios es amor» (lJn 4,8).

Un rasgo notable del salmo es su universalismo. Hemos ya notado que no hace distinciones entre los fieles al tributar la alabanza a Dios. Tampoco hace distinciones al comprender que Dios lo es de todo el mundo y de todos los vivientes. No hay discriminación de destinatarios de los favores divinos, porque ama de corazón todo lo que ha creado, hombres y criaturas, y por tanto, sacia de favores a todos los que en él esperan. La alabanza no se circunscribe a un pueblo, ni a una ciudad, ni a un lugar, el templo. El Dios universal merece una alabanza universal.

Los versículos 15-16 parecen inspirados en el salmo 103,27 que hemos comentado en otra ocasión y manifiestan la providencia diaria de Dios, imaginado como un campesino que cada día da de comer a sus animales. Da un carácter cercano y simpático a la realeza sublime de Dios, que poco antes había presentado el salmista.

La afirmación «satisface los deseos de sus fieles» del v.19 puede sorprender. Lo más normal es pensar que la labor del hombre es la de realizar la voluntad de Dios, que es el Señor del universo y su creador. De hecho, los escritos sapienciales subrayan que el ideal del fiel es realizar en la vida de cada día la voluntad de Dios, que escapa a la comprensión y a la manipulación por parte del hombre. Sin embargo nuestro salmo afirma que Dios se dedica a satisfacer la voluntad de sus fieles. En vez de señor y rey, Dios es el siervo de sus fieles. La persona queda magnificada en su relación con Dios clemente y misericordioso. Cuando el creyente se ha identificado con Dios ambas voluntades coinciden y podemos pedir a Dios que haga su voluntad o bien que realice lo que le expresamos en la plegaria.

Sólo al final del salmo aparece la acción punitiva de Dios que hace desaparecer a los injustos. La bondad de Dios no significa impotencia ante el mal. Como rey bueno y justo, es el encargado de administrar justicia diariamente, defendiendo el derecho del indefenso y castigando al culpable. Así aparece una convicción fundamental en toda la fe bíblica.

Este salmo debe meditarse y rezar con el trasfondo que aportan los salmos 71(72),102 (103) y 103 (104). En ellos se explicitan las tres claves que utiliza nuestro salmista: la realeza de Dios, su bondad, su providencia. El salmo 71 construye un retrato del rey ideal, que nos permite comprender qué quiere decir el autor del salmo 144 cuando dice «Dios mio, mi rey ». El salmo 102 habla del amor misericordioso de Dios que perdona y ama como un padre a sus hijos. El salmo 103 nos presenta al Dios creador de la tierra y los océanos, de los animales y los hombres, que cuida y hace vivir a cada uno de ellos.

Teología 

Dios es imaginado como rey, y se habla de su reinado y de su gobierno. Dios es quien protege a los necesitados y elimina a los malvados, nutre a todas las criaturas. Al componerse el salmo, Israel se encuentra sin monarquía, entonces Dios es visto, más que nunca, como auténtico monarca del pueblo y Señor universal. Todo el mundo es igual ante este rey: todos son sus fieles y participan de su alabanza; el salmo no hace distinciones entre sacerdotes y fieles, entre gente noble y gente sencilla, como hacen los himnos de alabanza.

El Señor es grande, clemente y misericordioso, bondadoso para todo el mundo, sus obras son obras de amor, está cerca de los que lo invocan. Sus acciones son calificadas de grandezas, proezas, hazañas, temibles proezas, favores, gloria, majestad. Esta abundancia de sinónimos es tradicional y expresa el gusto de la época.

Cuando el autor especifica el contenido de las obras del Señor nos damos cuenta de en qué teología está la base de la obra del salmista. El Señor sostiene y endereza a los que se caen y se doblan, da la comida y sacia a todos los seres vivos, está cerca de los que lo invocan sinceramente, satisface los deseos de sus fieles y los salva, guarda a los que lo aman, destruye a los malvados.

Echamos en falta una presentación del Dios creador, y dador de vida, y una contemplación de la acción histórica de Dios a favor de su pueblo como salvador y liberador. Dios aparece en una perspectiva más cercana. Es el Dios de cada día, el Dios de los humildes que lo invocan en las necesidades cotidianas.

Comparado con otros himnos de alabanza nos puede parecer un salmo más pobre. La repetición de sinónimos y de acciones lo hacen más sencillo y cercano a la fe popular. Por eso la piedad cristiana, y sobre todo la piedad judía, lo han convertido en el salmo por excelencia.

La liturgia judía reza el salmo 144 dos veces al día: al final de la plegaria litúrgica de la mañana (shaharit) y al inicio de la plegaria litúrgica del mediodía (minhah). Hay quien lo ha calificado de «colección de jaculatorias»; de hecho muchos de sus versículos tienen sentido por sí mismo y podrían ser utilizados como breve oración personal a lo largo de nuestra jornada laboral.

La liturgia cristiana de las horas reserva este salmo para el Oficio de lectura del domingo III del salterio y también para las Vísperas del viernes de la IV semana. La divinidad y la realeza de Dios se manifiestan en la resurrección de Jesús, ante la cual surge la acción de gracias confiada de la comunidad cristiana que se une a la alabanza de toda la creación.

Reflexión de la Segunda lectura Filipenses 1,20c-24.27a Para mí la vida es Cristo

La carta a los cristianos de Filipos es, quizás, una de las más personales de Pablo. Probablemente es, en su versión actual, una composición de varios escritos dirigidos por Pablo a esa comunidad. Pero ello no impide que cierto talante general discurra por las distintas secciones del escrito. Y ese talante general es, desde luego, cristológico. En Flp puede observarse mejor que en otras cartas lo que supone Xto para la persona de Pablo. Aparecen en ella más frecuentemente los sentimientos del Apóstol respecto a su Señor. A lo mejor esto se debe a que las relaciones de Pablo con los Flp eran muy buenas, que la comunidad tenía una situación relativamente tranquila y que Pablo podía abrirles su espíritu.

Este talante se observa ya desde el principio. Inmediatamente después del saludo (1. 1-11) y a propósito de las noticias que Pablo va dando de su prisión (Filipenses es la primera de las cartas llamadas de la cautividad), surge con fuerza el sentimiento y afecto de Pablo hacia Xto.

La frase principal es la del v. 21: vivir es Xto. Todo el sentido y la realidad de la vida de Pablo está en Xto. Naturalmente la frase es general y puede interpretarse de muchas maneras, ciertas todas ellas, porque es expresión de una profunda vivencia interna. A partir de ahí es comprensible lo que viene a continuación (vv 23-24). Sentir definitivamente la unión con Xto que ya se tiene ahora mismo es para Pablo lo mejor. Pero está dispuesto a sacrificar ese gozo en bien de sus hermanos. Lo cual nos prueba lo importante que son los demás para Pablo, como deberían serlo para todos.

Dos puntos básicos: amor a Xto y amor a los demás. A partir de ahí, lo que se quiera.

San Pablo escribe esta carta desde la cárcel, sin saber todavía cómo va a terminar su proceso. Pero, cualquiera que sea la sentencia de los tribunales humanos, sabe ya que tanto en su vida como en su muerte será glorificado Cristo, cuyas llagas padece él ahora en su propia carne (Gál 6,17).

Concisamente formula San Pablo la experiencia de su vinculación a Cristo: el sentido, el principio, y el fin de su vida es Cristo.

Por eso, incluso la muerte es para san Pablo una ganancia, pues así espera llegar a unirse definitivamente con el Señor.

El Apóstol considera las dos posibles sentencias que le esperan: la muerte o la libertad. No sabe qué escoger. Pues si la muerte es el paso de la esperanza a la posesión de Cristo y de la fe a la visión cara a cara del Señor, su vida en el mundo puede ser todavía útil a la Iglesia.

Pablo deja el asunto en las manos de Dios y acepta su voluntad en cualquier caso, pues todo contribuye tanto la vida como la muerte, para bien de los que se salvan. Lo importante es que los cristianos vivan dignamente y conformen su conducta a las enseñanzas del Señor (cf. Ef 4, 1; Col 1, 10).

Reflexión primera del Santo Evangelio Mateo 20,1-16 ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno?
  DIOS-JUSTICIA.

La consecuencia que Jesús quiso se dedujera de esta parábola está expresada en el v. 15. El agravio fundamental que acaba de hacerse al dueño de la viña (Dios) es su falta de "justicia".

Esta misma queja fue formulada por el hijo mayor al padre del hijo pródigo (Lc 15. 29-30), agravio de los "buenos" judíos a la audición de la doctrina de la retribución (Ez 18. 25-29), reproche de Jonás ante el perdón otorgado por Dios a Nínive, la ciudad pagana (Jon 4. 2). En cada uno de estos casos, los textos oponen la justicia de Dios, tal como los hombres la conciben, y su comportamiento misericordioso, no esperado por los hombres (Lc 15. 1-2).

Cristo sale al paso de esta objeción con un argumento "ad hominem": el amo de la viña es "justo" (según el modo humano de concebir la justicia) con los primeros, ya que les da el sueldo convenido; de igual modo es justo con los últimos de una manera divina, ya que entre el dueño y éstos no se había establecido ninguna clase de convenio condicionante del trabajo y salario. Este argumento es, no obstante, de poco valor, pues la injusticia que en este caso se le reprocha a Dios no reside en el trato dispersado a cada uno de estos grupos de jornaleros tomados separadamente de los otros, sino en la comparación entre las dos maneras de actuar. Además, Cristo pasa de un punto a otro, afirmando la primacía de la bondad de Dios. No es que su forma de actuar se oponga a la justicia humana, sino que la trasciende totalmente en el amor. Según esto, el pacto establecido entre el amo de la viña y los jornaleros se nos muestra como una imagen de la alianza entre Dios y los suyos, alianza que, por otra parte, no tiene nada que ver con el contrato "do ut des" que los judíos trataban de encontrar en ella, sino que es un acto gratuito de Dios (/Dt/07/07-10; 4. 7). La alianza es, según el texto antes citado, una gracia del amor gratuito del Padre, gracia que descansa totalmente en la libertad de Dios y que supone la nuestra (Ga 3. 16-22; 4. 21-31). Al aplicar una justicia a los primeros y otra distinta a los segundos, Dios trata de poner de manifiesto su amor a unos y a otros, teniendo siempre en cuenta las situaciones en que cada uno se encuentra.

En esta perícopa, Cristo pretende dar a entender a los oyentes de su Palabra el comportamiento misericordioso de Dios, al margen de los cauces excesivamente estrechos y de las concepciones en que le darían cabida la visión humana de la justicia y los contratos bilaterales que rigen exclusivamente las relaciones entre los hombres.

Reflexión segunda del Santo Evangelio Mateo 20,1-16 ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno?
TIEMPO/HORAS-JUDIAS: DIVISIÓN DE LAS HORAS DIURNAS DE LOS JUDÍOS. CRISTIANO/GRATUIDAD: VIVE ASOMBRADO DE LO QUE ES. AGRADECE SERLO. TODO LO EXPERIMENTA COMO DON. NO EXIGE. NO COMPARA. NO PASA LA HOJA DE SERVICIOS PRESTADOS.

Para la comprensión de este texto es absolutamente indispensable tener en cuenta el contexto precedente. Al joven que quería saber lo que tendría que hacer para alcanzar la vida eterna, Jesús le ha propuesto repartir sus posesiones entre los pobres y seguirle.

Oída la propuesta, es Pedro una vez más quien pregunta: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte; ¿qué recibiremos por ello?" Respuesta de Jesús: "Todos los que hayan dejado esposa... por causa mía, recibirán la herencia de la vida eterna. Ahora bien, muchos que son primeros, serán últimos y muchos que son últimos, serán primeros". La respuesta va dirigida exclusivamente a los discípulos y tiene una doble vertiente: promesas y llamada de atención. Por haber dejado todo, los discípulos son primeros, pero pueden ser últimos.

El texto de hoy empalma con esta respuesta de Jesús, explicando y dando razón a los discípulos de la llamada de atención que se les ha hecho. De ahí que, al final, se vuelva a repetir la inversión propuesta: "Así es como los últimos serán los primeros y los primeros los últimos" (v. 16). El sentido general del texto es, pues, el de hacer ver a los discípulos que ellos pueden ser los últimos.

Centrándonos ya en el texto, éste es una parábola. Por estar dirigida a los discípulos no se trata de una parábola pura. El versículo final, en efecto, ofrece la pauta para su interpretación.

La horas de contratación manejadas en la parábola son las siguientes: 6 de la mañana (amanecer, hora primera, prima), 9 (media mañana, hora tercera, tercia), 12 (mediodía, hora sexta), 3 de la tarde (media tarde, hora novena, nona), 5 de la tarde (caer de la tarde, hora undécima). Los judíos computaban las horas diurnas de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Por consiguiente, los primeros jornaleros contratados trabajan doce horas frente a una que trabajan los últimos. El contraste entre los primeros y últimos no puede ser más gráfico y cortante.

El pago comienza por los últimos y termina por los primeros. Comienzo de la inversión: los últimos pasan a primeros y los primeros a últimos. Al ser el mismo el pago para todos, la inversión disgusta a los últimos en cobrar: éstos comparan y exigen. Se consuma así la inversión. Los últimos en cobrar no tienen altura ni categoría. Son, efectivamente, últimos, no porque sean malos sino porque no dan la talla en el Reino de Dios.

* Comentario: Presumo que muchos pensamos como los jornaleros de las 6 de la mañana. Lo siento. Somos buenos y muy trabajadores, pero no somos discípulos de Jesús. ¿Va quedando ya claro que ser discípulo de Jesús no es ser mejor sino ser diferente? El discípulo de Jesús no pasa la cuenta ni la hoja de servicios prestados; no exige; no establece comparaciones.

El discípulo de Jesús es; está; todo lo experimenta como don; vive asombrado de lo que es; agradece ser discípulo el mayor tiempo posible, sin preocuparle "el peso del día y el bochorno"; no se entiende a sí mismo ni actúa desde lo que está mandado ni desde el raquitismo de la ley del mínimo esfuerzo. He aquí algunos de los rasgos que conforman la talla de persona del Reino de los Cielos. 

Reflexión tercera del Santo Evangelio Mateo 20,1-16 ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno? 

MERITO/FARISEO: EL PROBLEMA DE LOS "JUSTOS" ARRANCA PRECISAMENTE DE SU "JUSTICIA"/DE SU OBLIGACIÓN CUMPLIDA/COMO DERECHO ADQUIRIDO/EXIGENCIA /SUPERIORIDAD. FARISEÍSMO/JUSTOS.

¿Qué te parece? Los de las 5 de la tarde son primeros y los de las 6 de la mañana últimos. Insisto: ¿Qué te parece? Formulémoslo de otra manera, tomando como base a Mt 19. 29: los que no han dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, son primeros, y los que han dejado todo esto por Jesús, son últimos. Y de nuevo te pregunto: ¿Qué te parece? Queda descartado que se trate de un problema de injusticia. "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete". Indudablemente la parábola dibuja un perfil que rompe esquemas basados en conceptos tales como justicia-injusticia, obligación-derecho, cumplimiento-exigencia.

Un domingo más caemos en la cuenta, y son ya cinco, que Mt nos está introduciendo en un talante de vida que tiene poco que ver con esquemas y criterios habituales, incluso exquisitamente justos. Un talante de vida que tiene poco que ver con estos esquemas porque va más allá de ellos, los sobrepasa. A este talante se refiere ya Mt en 5. 20 con las siguientes palabras: "Si vuestra justicia no sobrepasa la de los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos". Varias veces, a lo largo de este ciclo, he escrito que el problema de los letrados y fariseos no es de maldad, de incumplimiento, de injusticia o de falta de prestación. Al contrario: ellos son primeros, de las 6 de la mañana, de los trabajadores que han aguantado el peso del día y el bochorno.

El problema de los primeros, de los de las 6 de la mañana, arranca precisamente de su justicia, de su obligación cumplida, de su prestación, de su cumplimiento. Todo esto lo vivencian como derecho adquirido, como exigencia, como superioridad. ¡Este es el problema! La novela de Bruce Marshall, "A cada uno un denario" podría ser un animado comentario al texto de hoy.

La parábola parte de la existencia de obreros parados que se presentaban en la plaza pública a la libre contratación de un propietario que necesitase de su trabajo. El tiempo de la jornada de trabajo está limitado por la luz del día: "desde la salida del sol hasta la aparición de las estrellas". El jornal diario normal era un denario. Exactamente lo convenido con los trabajadores de primera hora. Junto a ellos hay otros que han trabajado en la viña desde las nueve, las tres y las cinco de la tarde respectivamente. Esta diversidad en la duración del trabajo tiende a poner de relieve la enseñanza principal de la parábola.

Según las prescripciones del Antiguo Testamento el salario debía pagarse el mismo día en que había sido realizado el trabajo (Lev 19, 13; Deut 24, 15). El dueño de la viña manda a su mayordomo que pague a los obreros en orden inverso a como habían sido contratados. Y que todos reciban la misma cantidad. Estos dos detalles tienen también importancia para la enseñanza de la parábola. Las protestas de los obreros de primera hora no estarían justificadas en la parábola si no hubiesen visto que los de última hora recibían un denario. Es entonces cuando se acusa de injusticia al señor de la viña. Este, sin embargo, atribuye la protesta a que "tu ojo es malo", es decir, a la envidia y animosidad contra los favorecidos.

La parábola podía haberse titulado "recompensa igual para un trabajo desigual". La parábola pretende únicamente acentuar la diversidad en el trabajo. No hace referencia ni a los diversos períodos en la historia de la salvación o de la humanidad ni a la diferente edad en que el hombre atiende la invitación que se le hace para formar parte del reino. Precisamente por eso resulta ilegítimo concluir que los últimos recibieron la misma recompensa que los primeros por su mayor aplicación y rendimiento en el trabajo. Esta interpretación destruiría la intención primera de la enseñanza parabólica.

El centro de interés lo tenemos en el v. 15: "¿No puedo hacer lo que quiero de mis bienes? ¿O has de ver con mal ojo que yo sea bueno?", y también en la recompensa, que es igual para todos.

Como el dueño de la viña es Dios, la parábola pone todo su acento en la liberalidad soberana de su actuación independiente.

Actuación divina que, juzgada con criterio humano, resulta incomprensible, pero lógica. ¿Quién puede pedir cuentas a Dios por su conducta? El hombre es su siervo (Lc 17,7-10). No puede presentarse ante su Señor con pretendidos derechos. La recompensa que Dios otorga al hombre será siempre pura gracia. El hombre nunca tiene derecho a pasar la factura a Dios. Cierto que Pablo espera la recompensa que le es debida en justicia (2 Tim 4,7).

Pero este premio tiene su último fundamento en la gracia previamente concedida por el Señor.

La conclusión de la parábola es, pues, la siguiente: Dios obra como el dueño de la viña en cuestión, que, por su bondad, se compadeció de aquellos hombres e hizo que, sin merecerlo, también llegase a ellos un salario desproporcionado a su trabajo. Pura gracia del Señor. ¡Así es Dios, así de bueno con los hombres! La sentencia final de los últimos y los primeros se halla en la misma línea de la parábola: los primeros son, en este caso, los fariseos y, en general, el pueblo elegido, que se creía con peculiares privilegios ante Dios y con el derecho de pasarle la factura. Jesús, con la parábola en cuestión y la sentencia final, dio el golpe de gracia a este concepto de Dios y de su retribución. Porque el escándalo por el proceder de Dios no estaba justificado desde el terreno de la justicia. ¡Lo había provocado su bondad! Pero, ¿la bondad para con el prójimo justifica esta clase de escándalos?

Reflexión cuarta del Santo Evangelio Mateo 20,1-16 ¿Vas a tener tú envidia porque soy bueno? 

EGOISMO/SERVICIO: QUEREMOS COMERCIAR CON DIOS Y QUE NOS PAGUE PUNTUALMENTE EL TIEMPO QUE LE DEDICAMOS. MERITO/GRACIA. 


El Talmud de Jerusalén contiene un relato parecido en la forma a la parábola que hemos escuchado. Se trata del discurso funerario que pronuncia un rabino al sepultar a un joven maestro de 28 años. En él se cuenta cómo un rey contrató obreros para su viña y también pagó a todos lo mismo. Pero, ante las protestas, su contestación fue: éste ha trabajado en dos horas más que vosotros en todo el día. El joven rabino difunto había hecho más en 28 años que muchos doctores en cien. Se le premiaba la cantidad de trabajo que fue capaz de realizar en poco tiempo. La forma narrativa, como se ve, es bien similar, pero el fondo es muy distinto: mientras el discurso rabínico habla de mérito, la parábola de Jesús se refiere a la gracia. En el primer caso, la causa del premio está en el trabajo de quien lo recibe; en el segundo, en la bondad del que lo otorga. En alguna ocasión, la liturgia de la misa recoge en sus oraciones: no por nuestros méritos sino conforme a tu bondad.

Nos cuesta entender que los caminos del Señor son distintos a los nuestros. Dios se presenta como un amo generoso que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido. Esta es la buena noticia del evangelio. Pero nosotros insistimos en atribuirle el metro siempre injusto de nuestra humana justicia.

En vez de parecernos a él intentamos que él se parezca a nosotros con salarios, tarifas, comisiones y porcentajes. Queremos comerciar con él y que nos pague puntualmente el tiempo que le dedicamos y que prácticamente se reduce al empleado en unos ritos sin compromiso y unas oraciones sin corazón.

Con una mentalidad utilitarista, muy propia de nuestro tiempo, preguntamos: ¿Para qué sirve ir a misa, si Dios nos va a querer igual? Así evidenciamos que no hemos tenido la experiencia de que Dios nos quiere y no reaccionamos en consecuencia amándole también más por encima de leyes y medidas. Dios es gratuito.

Nuestra tendencia farisea (para enfado de Pablo) surge exigiendo normas cuyo cumplimiento diferencie a los buenos de los malos.

Vemos absurdo y hasta injusto ser queridos todos por igual. ¡A cada uno lo suyo!, decimos como quien da un argumento incontestable con tono de protesta sindical ante Dios. Tardamos en comprender que la traducción no es: "Paz a los hombres de buena voluntad", sino: "Paz a los hombres que Dios ama". Tampoco hay conexión entre culpa y desgracia. Olvidamos que la gracia ha sustituido a la ley. Necesitamos que existan los malos para podernos calificar de buenos. De esta forma, el amor al hermano se torna imposible.

ACEPTACION-DE-SI: El hombre no puede pedirle cuentas a Dios. Pero esta verdad de que todo está comprendido dentro de la libre misericordia y de la incalculable disposición de Dios, es también una verdad que nos consuela y levanta, una verdad que nos libera de una opresión.

Lo que Dios dispone, aquello sobre lo que no podemos entrar en cuentas ni pleitos con él, somos en último término nosotros mismos. Tal como somos: con nuestra vida, con nuestro temperamento, con nuestro destino, con nuestra circunstancia, con nuestras taras hereditarias, con nuestros parientes, con nuestra estirpe, con todo lo que concreta y claramente somos, sin que lo podamos cambiar. Y, si entramos a menudo en el coro y en el corro de los que murmuran, de los que apuntan con el dedo a otros, en que Dios lo ha hecho de otro modo, somos en el fondo de los que no quieren aceptarse a sí mismos de manos de Dios. Y ahora podría decir que la parábola nos dice que somos nosotros los que recibimos el denario, y los que, a la vez, somos el denario. Y es así que nos recibimos a nosotros mismos con nuestro destino, con nuestra libertad, desde luego, con lo que hacemos con esta libertad; pero, a la postre, lo que recibimos somos nosotros mismos. Y hemos de recibirlo, no sólo sin murmurar; no sólo sin protestar interiormente, sino con verdadero gusto, pues ello es lo que Dios nos da al mismo tiempo que nos dice: ¿Es que no puedo yo ser bueno? De ahí que la gran hazaña de nuestra vida sea aceptarnos como un regalo incomprendido, sólo lentamente descubierto, de la eterna bondad de Dios. Porque saber que todo lo que somos y tenemos, aún lo amargo e incomprendido, es don de la bondad de Dios; sobre la que no murmuramos, sino que la aceptamos, sabiendo que si lo hacemos -y aquí vamos, una vez más, más allá de la parábola- Dios mismo se nos da juntamente con su don, y que así se nos da todo lo que podemos recibir; he ahí la sabiduría y la gran hazaña de nuestra vida cristiana.

Elevación Espiritual para el día 

La moral cristiana, que parte, en línea recta, del AT, es una moral sencilla, que tiene su gran punto de referencia en el amor al prójimo. Todos los preceptos de la ética cristiana quedan profundamente condicionados por éste del amor al prójimo.

Ahora bien, no olvidemos que siempre se dice: "amar al prójimo como a sí mismo". Esto implica que el hombre tiene que amarse a sí mismo; o sea, que una inmolación irracional del "yo" en aras de un hipotético "bien común" es profundamente contraria a este módulo ético. A veces se ha pregonado como cristiana una mística suicida, en virtud de la cual el "yo" no tenía significación alguna frente al "nosotros" social o comunitario. Y lo peor es que este "nosotros" no era más que el disfraz del "egoísmo común" de un grupo dominante y avasallador.

Ahora bien, si el amor al prójimo debe montarse según el modelo del amor a sí mismo, también este amor al prójimo tiene que tener una fuerte impronta personalista. El prójimo no es una abstracción filosófica o literaria, sino una realidad concreta que está frente a nosotros y que no siempre tiene las características que hemos soñado para él. El prójimo no se escoge, sino que se acepta. En este sentido, la moral cristiana debería denunciar el uso idealista de la palabra "pueblo", con el que cada grupo socio-político pretende designar ese tipo de "prójimo a la medida". El prójimo es, de alguna manera, como Dios: insospechado, sorprendente y completamente "otro".

Reflexión Espiritual para este día 

 ALABANZAS A DIOS 


Tú eres Santo, Señor, Dios solo que haces maravillas.
Tú eres Fuerte, tú eres Grande, tú eres Altísimo.
Tú eres Rey Omnipotente; tú, Padre Santo, eres Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres Trino y Uno, solo Señor Dios, Todo Bien.

Tú eres el Bien, todo bien, el Sumo Bien, Señor, Dios vivo y verdadero.
Tú eres el Amor, la Caridad, Tú eres la Sabiduría, tú eres la Humildad,
Tú eres la Paciencia, tú eres la seguridad, Tú eres Justicia y Templanza.
Tú eres toda Riqueza suficientísima, Tú eres la Belleza, tú la Mansedumbre,

Tú eres Protector, Custodio y Defensor. Tú eres Fortaleza y Refrigerio, nuestra Esperanza.
Tú eres nuestra Fe, nuestra grande Dulzura. Tú eres nuestra Vida Eterna,

Grande y Admirable Señor, Dios Omnipotente, Misericordioso Salvador.

Este escrito de puño y letra de Francisco que se conserva en el Sacro convento de Asís, de probada autenticidad, contiene la expresión de su ánimo en circunstancias de su estigmatización sobre el monte Alvernia. "Con acento apasionado se muestra concentrado todo en Dios, que le inspira y hace esperarlo todo de él, que lo hace feliz de no poseer nada más que a él" (J.Pablo II). Magnifica un "tú" repetido y sostenido con admiración, adoración y con la convicción de que uno no termina nunca de embargarse en Dios. Los nombres que a El le asigna cantan su Altísima grandeza y su cercanía inimaginable y bondadosa. Si bien explícitamente solo nombra al "Padre Santo, Rey del cielo y de la tierra" el Hijo y el Espíritu Santo aparecen también como objeto de su alabanza al asignarla a la Santísima Trinidad misma y entera, diciendo: "Tú eres Trino y Uno, solo Señor Dios, Todo Bien".

Su admiración se refiere pues tanto al Padre, al Hijo como al Espíritu. Por demás varios de los calificativos de esta apología de Dios son asignados comúnmente y en forma especial al Espíritu Santo. Así los de: santo, fuerte, amor, caridad, sabiduría; protector, custodio y defensor esto es 'Paráclito'; como los de Espíritu de fortaleza y de refrigerio. Los mismos se enumera habitualmente también cual 'dones y frutos del Espíritu Santo'.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia: 

ABRAHAM EL CRISTIANO 


La Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén podría ser el lugar más cristiano de la tierra, y la masa de roca gris del Gólgota (o Calvario), el lugar más sagrado de la Iglesia. Según la tradición, aquí fue crucificado Jesús. Justo encima de la extensión rocosa protegida con plexiglás, hay una capilla que comparten la Iglesia católica y la ortodoxa griega. La parte católica está decorada con tres mosaicos. En el centro está María Magdalena; a la izquierda Cristo tras bajarlo de la cruz; y a la derecha nada más y nada menos que Abraham, a punto de sacrificar a Isaac. Feiler apunta: "La imagen de Jesús que yace sobre la piedra de unción es casi idéntica a la de Isaac sobre el altar". La Epístola a los Romanos del Nuevo Testamento dice que las ataduras y la liberación de Isaac son un acto profético de la Resurrección.

El hombre al que se atribuye esta idea es el apóstol Pablo. Jesús menciona a Abraham en los Evangelios, pero fue Pablo el que hizo el trabajo más exhaustivo, al citar al patriarca en sus epístolas del Nuevo Testamento más que a cualquier otra figura, excepto a Cristo. Es evidente que Pablo, tal vez el que más se identificaba como judío entre los apóstoles, presentía la importancia de conectar su nuevo movimiento con el patriarca del Judaísmo. Y lo hizo principalmente mediante la repuesta original de Abraham a la llamada de Dios, y con su fe ciega en que Dios le daría un hijo. Su fe, escribió Pablo, convirtió a Abraham en "el padre de todos los creyentes".

Sin embargo, la ofrenda abrahámica de Pablo a su religión de nacimiento estaba envenenada. Uno de sus temas preferidos era que el creyente ya no necesitaba ser judío ni seguir la ley judía para ser redimido. El camino hacia la salvación pasaba por Cristo. La historia de Abraham también le servía para este propósito. Su Alianza era mucho más antigua que las tablas de la ley judía que Moisés trajo de la montaña y, por eso, Pablo escribió: "la promesa a Abraham y a sus descendientes... no fue dada por la ley".

Y tampoco le fue dada por herencia tribal. El Dios de la Biblia hebrea, escribió Pablo, decidió que Abraham era "justo" varios años antes de su circuncisión, lo que quería decir que sus oyentes no necesitaban convertirse en judíos circuncidados para ser los herederos de Abraham. El Bautismo y la fe serían más que suficiente. Pablo se mostró impreciso sobre si el cristianismo anulaba la Alianza abrahámica del judaísmo. Pero sus sucesores asumieron que eso fue lo que había querido decir.

ABRAHAM EL MUSULMÁN 

No hay ninguna fe tan conscientemente monoteísta como el Islam, que acepta con gozo a Abraham. Si muchos judíos lo consideran el abuelo dinástico cuyo nieto Jacob fundó el pueblo de Israel, para los musulmanes es uno de los cuatro profetas más importantes. Tan pura es su sumisión al Dios único que Mahoma dirá más tarde que su mensaje no es más que la restauración de la fe de Abraham. El Corán incluye escenas de la infancia de Abraham, en las que recrimina a su padre por creer en ídolos y sobrevive, como Daniel, en un horno al que es condenado por su lealtad a Alá. Y en la versión coránica de su prueba definitiva, cuando Abraham le comunica a su hijo la orden de Dios, el chico le responde: "¡Padre mío! Haz lo que se te ordena. Y si Alá quiere, hallarás en mí uno de los fieles". El Corán indica con aprobación: "Los dos se habían rendido", usando el verbo cuya forma nominal es la palabra Islam. Al superar semejantes pruebas, Alá le dice a Abraham: "¡Mira, te he nombrado guía de la humanidad!".

Pero no como judío. De forma parecida a Pablo, el Islam concluyó que Dios elegía a su gente por su compromiso espiritual y no por su linaje, por lo cual los únicos seguidores verdaderos de Abraham son los creyentes auténticos, es decir, los musulmanes. Es más, si Alá llegó a tener un pacto con los judíos como raza, estos los rompieron con episodios como la adoración del ternero de oro del Libro del Éxodo de la Torá. De hecho, el Corán aconseja a los musulmanes que se sientan tentados por la conversión tanto si procede de los judíos como de los cristianos, a decir: "No... (nosotros seguimos) la religión de Abraham".

Y además está la cuestión de Isaac e Ismael. Al contrario que la Torá, el Corán no especifica qué hijo le pide Dios a Abraham que sacrifique. Los intérpretes musulmanes de la generación posterior a Mahoma concluyeron que el profeta descendía del hijo de la esclava Agar, Ismael. Varios siglos más tarde, después de muchas deliberaciones, la opinión académica determinó que Ismael fue también el hijo que se puso debajo del cuchillo. La decisión terminaba de despojar de derechos a los judíos: no solo su demanda genealógica no era válida, sino que su patriarca se quedó sin papel en el gran drama de la rendición. +

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