Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

18 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 18-09-2014

JUEVES DE LA XXIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. 18 de Septiembre del 2014 . 4º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. José de Cupertino pb, Ariadna mr, Sofía, Domingo Trach pb mr, Ricarda re rl. Santoral Latinoamericano. SS. José de Cupertino, Sofía 

LITURGIA DE LA PALABRA

1Co 15,1-11: Este es el Evangelio que proclamé
Salmo responsorial 117: Dad gracias al Señor porque es bueno.
Lc 7,36-50: Ama más quien más tiene que agradecer
Los fariseos siguen pegados a la letra de la Ley, que divide el mundo entre puros e impuros, incluidos y excluidos. Jesús coloca por encima de cualquier ley, tradición o institución al ser humano en su propia condición. El único parámetro o norma absoluta es el amor. Un amor auténtico que brota de lo más profundo del ser humano y lo lleva a despojarse de todo para expresar al ser amado su intensidad. Un amor que no es posesivo ni interesado, sino agradecido y oblativo. Esa mujer (¡pecadora!) rompe todos los moldes para derramar todo su amor a Jesús. Por eso él la coloca como “modelo” de quien sabe amar sin límites ni fronteras. Es que sólo el amor podrá derrotar el odio, la violencia y el egoísmo que deshumanizan y oprimen. Revisemos nuestra propia experiencia de “amor oblativo y agradecido” en nuestros contextos vitales. 

PRIMERA LECTURA.
1Corintios 15, 1-11
Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído 

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.

Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.

Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.

Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 117
R/. Dad gracias al Señor porque es bueno.
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R.

"La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa." No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R.

Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. R.

SANTO EVANGELIO
Lucas 7, 36-50
Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás, junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: "Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora". Jesús tomó la palabra y le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". El respondió: "Dímelo, maestro". Jesús le dijo: "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?". Simón contestó: "Supongo que aquel a quien le perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado rectamente".

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor, pero al que poco se le perdona, poco ama". Y a ella le dijo: "Tus pecados están perdonados". Los demás convidados empezaron a decir entre sí: "¿Quién es esté, que hasta perdona pecados?" Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

Palabra del Señor


Reflexión de la Primera lectura: 1 Corintios 15,1-11. Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído 

Este texto es central en el anuncio paulino en particular y cristiano en general. La ocasión de exponer su tema central es que -parece- en Corinto existía un grupo que negaba la resurrección de los cristianos. No la de Cristo, pero sí la de los hombres. Las razones quizá no eran por puro materialismo, sino por lo contrario: creerse ya resucitados por el bautismo.

Pero eso es menos importante. Pablo quiere hacerles ver que es imposible que se confiese, se crea en la Resurrección del Señor y no creer también en la propia. Inicialmente recuerda el Evangelio predicado por él, que ciertamente tenía como punto central la proclamación de la Resurrección de Cristo. Naturalmente, al decir que este Evangelio salva, si se permanece en él. Pablo no piensa en una aceptación meramente intelectual, sino que comprenda toda la vida (vs. 1-2), la cabeza, el corazón y las manos. Recuerda luego (vs. 3-6) una confesión tradicional. Probablemente es fórmula no suya, sino de la tradición. Con lo cual nos remontamos todavía más cerca de los acontecimientos pascuales.

Da también la primera lista, cronológicamente hablando, de los testigos de la Resurrección. Testigos oficiales por así decir que proclaman cómo el Crucificado vive actualmente y ellos mismos lo han experimentado.

También se menciona a sí mismo (vs. 8-11) sin solución de continuidad. Es un testimonio directo de su propia experiencia del Señor Jesús glorioso y resucitado. Hace algunas observaciones interesantes sobre sí mismo, en las que reconoce la gracia recibida y su propia respuesta a esa gracia.

Lo principal es el testimonio de la Resurrección de Cristo. No se insiste mucho en ella porque el anuncio inicial ya era el punto más importante. Pero se nos recuerda. Tenemos en estos versículos el texto más antiguo que habla de ese suceso central para nuestra fe.

Pablo saca a continuación la conclusión apuntada más arriba: si Cristo ha resucitado, también nosotros. Pero esto no forma parte de la lectura de hoy.

Situada entre los mares Adriático y Egeo, en la ruta comercial de oriente a occidente, capital de la provincia romana de Acaya, Corinto se había convertido en la ciudad más brillante del imperio, propicia a los negocios y a la vida alegre. Tenía dos puertos. Su población se componía, sobre todo, de colonos italianos. Los griegos volvieron poco a poco, y había también gran afluencia de orientales. Corinto era un mosaico de gentes y mentalidades distintas. Esta circunstancia facilitaba la disgregación, las rivalidades y la relativización de todo y de todos.

La comunidad cristiana de Corinto no era excepción a la regla. En ella se da toda la anterior problemática: elitismos, separatismos, fanatismos. En este fragmento, Pablo sale al paso de la tendencia relativizadora de todo y de todos, recordando lo que está por encima de todo partidismo o ideología: la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús. Porque éste es el acontecimiento único que hace feliz a la humanidad: un hombre ha resucitado y nos resucitará a nosotros. Este es el corazón del mensaje cristiano.

Después de abordar una serie de cuestiones prácticas para la convivencia comunitaria y de cuestiones morales para la vida cristiana en general. Pablo vuelve a lo que es principio y fundamento de la fe con todas sus exigencias o deberes. No quiere terminar su carta sin recordarles el Evangelio que les predicó y que ellos aceptaron, el Evangelio que es lo único que puede salvarles si es que no lo han olvidado. Porque tiene sus dudas al respecto, ya que algunos niegan la resurrección de los muertos (v.12).

EVANGELIO/TRADICION: El Evangelio no es propiamente una doctrina, sino el anuncio de un hecho de salvación. Su contenido es, ante todo, el mensaje apostólico de la resurrección del Señor. Su forma es la tradición viva. Pablo se presenta como testigo de esa tradición que viene de los Apóstoles, de los que vieron y oyeron. El transmite lo que ha recibido. Cuando él comienza a predicar, la tradición ya está en marcha. El empalma con ella en Antioquía, de esta iglesia recibe la tradición formulada en un símbolo (vv. 3-5) y como enviado de esta iglesia la difunde entre los gentiles. Pero la proclamación del Evangelio no es sólo la difusión de una noticia, sino también la difusión del Espíritu con cuya fuerza se proclama. Por eso es una tradición viva y vivificante.

Aunque Pablo no pertenece ya a la generación de los Doce, se considera apóstol por excepción. Pues ha tenido también su "experiencia" del Señor resucitado. Su caso excepcional es como un nacimiento fuera de tiempo, como un aborto. Por eso Pablo no puede predicar el Evangelio sólo desde su experiencia, sino ateniéndose también al testimonio de los mayores, de las columnas de la iglesia, transmitiendo lo que ha recibido con fidelidad.
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Parece ser que entre los cristianos de Corinto se propagaba la duda sobre la verdad de la resurrección de Cristo, con perjuicio no sólo para la integridad de la Fe cristiana, sino también para la unidad de la iglesia de Corinto. Pablo no puede eludir la cuestión e interviene más o menos así.

El acontecimiento ele la resurrección de Cristo es objeto del testimonio apostólico: son muchos, y todos ellos dignos de fe, los que vieron el sepulcro vacío y vieron resucitado al Señor. Entre ellos estoy también yo —afirma Pablo—, que «por la gracia de Dios soy lo que soy» (v. 10). El acontecimiento de la resurrección de Jesús ha entrado también en la predicación apostólica. A partir de ella los apóstoles no sólo se adhirieron a la novedad de Cristo con todas sus Fuerzas, sino que fueron investidos también para su tarea misionera. Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra predicación sería vana —afirma Pablo— y nosotros habríamos trabajado en vano. El mismo acontecimiento de la resurrección de Cristo es objeto directo e inmediato de la fe de los primeros cristianos: si Cristo no hubiera resucitado, vana sería también vuestra fe —remacha el apóstol—, y nosotros seríamos las personas más infelices del mundo: infelices porque habríamos vivido engañados y nos sentiríamos decepcionados. Está claro, por tanto, que al servicio de este acontecimiento fundador del cristianismo está no sólo la tradición apostólica, sino también el testimonio de la comunidad creyente y de todo auténtico discípulo de Jesús.

Reflexión del Salmo 117. Dad gracias al Señor porque es bueno. 
En el conjunto del salterio, este salmo concluye la «alabanza» o «Hallel» (Sal 113-118) que cantan los judíos en las principales solemnidades y que cantaron también Jesús y sus discípulos después de la Ultima Cena, No cabe deuda de que se trata de una acción de gracias. La única dificultad que plantea estriba en de terminar si quien da gracias es un individuo o se trata, más bien, de todo el pueblo. A simple vista, parece que se trata de una sola persona. Sin embargo, la expresión «todas las naciones me rodearon» (10a) lleva a pensar más en todo el pueblo que en un solo individuo, En este caso, el salmista estaría dando gracias, en nombre de todo Israel, por la liberación obtenida. Por eso lo consideramos un salmo de acción de gracias colectiva.

Existen diversas maneras de entender la estructura de este salmo. La que aquí proponemos supone la presencia del pueblo congregado (tal vez en el templo de Jerusalén) para dar gracias. Podemos imaginar a una persona que habla en nombre de todos, y al pueblo, dividido en grupos que aclaman por medio de estribillos. De este modo, en el salmo podemos distinguir una introducción (1-4), un cuerpo (5-28, que puede dividirse, a su vez, en dos partes 5-18 y 19-28) y una conclusión (29), que es idéntica al primer versículo.

La introducción (1-4) comienza exhortando al pueblo a que dé gracias por la bondad y el amor eternos del Señor (1; compárese con la conclusión en el v. 29). A continuación, la persona que representa al pueblo se dirige a tres grupos distintos (los mismos que aparecen en Sal 115,9-11), para que, de uno en uno, respondan con la aclamación: « ¡Su amor es para siempre!». Es tos tres grupos representan a la totalidad del pueblo: la casa de Israel, la casa de Aarón (los sacerdotes, funcionarios del templo) y los que temen a Dios (2-4). El pueblo se reúne con una única convicción: el amor del Señor no se agota nunca.

La primera parte del cuerpo (5-18) presenta también algunas intervenciones del salmista en las que se intercalan aclamaciones de todo el pueblo. Habla del conflicto a que han tenido que hacer frente (6-7); la intervención del Señor colmé al pueblo de una confianza inconmovible. A continuación viene la respuesta del pueblo (8-9), que confirma que el Señor no traiciona la confianza de cuantos se refugian en él. El salmista vuelve a describir el conflicto (10-14) La situación ha ido volviéndose cada vez más dramática. Se compara a los enemigos con un enjambre de avispas que atacan y con el fuego que arde en un zarzal seco (12). Pero el Señor ha sido auxilio y salvación. El pueblo interviene (15-16) manifestando su alegría y hace tres elogios de la diestra del Señor, su mano fuerte y liberadora. En el pasado, esa mano liberó a los israelitas de Egipto. Tras la nueva liberación, pueden oírse los gritos de alegría y de victoria en las tiendas de los justos. Vuelve a tomar la palabra el salmista, pero no habla ahora de la situación de peligro, sino del convencimiento que invade al pueblo tras la superación del peligro (17-13); habla de una vida consagrada a narrar las hazañas del Señor. La opresión es vista como castigo de Dios, un castigo que no condujo a la muerte.

En la segunda parte del cuerpo (19-28) tenemos restos de un rito de entrada en el templo. Se supone que el salmista y los diferentes grupos se encontraban presentes desde el comienzo del salmo. El primero pide que se abran las puertas del triunfo (del templo) para entrar a dar gracias (19). Alguien de la casa de Aarón (por tanto, un sacerdote) responde, indicando la puerta (que probablemente se abriría en ese momento). Es la puerta por la que entran los vencedores (20). El salmista comienza su acción de gracias (21-24): en no del pueblo da gracias por la salvación y por el cambio de suerte. La imagen de la piedra angular (22-23) está tomada de la construcción de arcos. La piedra que se coloca en el vértice de un arco es la que sostiene toda la construcción. El día de la victoria es llamado «el día en que actuó el Señor» (24a). El pueblo responde, pidiendo la salvación, que se traduce en prosperidad (25). Los sacerdotes (los descendientes de Aarón) bendicen al pueblo (26), invitándole a formar filas para la procesión hasta el altar (27). Interviene por última vez el salmista, dando gracias y ensalzando a Dios (28). Se su pone que, a continuación, se ofrecerían sacrificios en el templo, culminando la alegría de la fiesta con un banquete para todos.

Este salmo respira fiesta, alegría, es una acción de gracias que concluye con una procesión por la superación de un conflicto. La situación en que se encontraba el pueblo antes de la súplica era muy grave. El salmo nos habla del clamor en el momento de la angustia (de los enemigos (7b) y de los jefes (Más aún, las naciones habían plantado un cerco contra el pueblo, aumentando cada vez más la opresión. El pueblo estaba siendo empujado, en una situación que hace pensar en la muerte (17a). Con el auxilio del nombre del Señor, el pueblo rechazó a sus enemigos, provocando gritos de júbilo y de victoria en las tiendas de los justos (15). El pueblo volvió a la vida (17) y ahora tiene la misión de contar las maravillas del Señor, que se sintetizan en la salvación (14b). El Señor cambió radicalmente la suerte de su pueblo; convirtió la piedra rechazada en piedra clave que sostiene el edificio (22). Esto se considera una «maravilla» (23), término que nos lleva a pensar en las grandes intervenciones liberadoras del Señor en el Antiguo Testamento. El día en que se produjo este cambio, es llamado aquí «el día del Señor», rescatándose así toda la esperanza que esta expresión le transmitía al pueblo, sobre todo en tiempos de dificultad. Resulta difícil determinar a qué momento de la historia se refiere este salmo. Pero esto, no obstante, no es de terminante. La petición de «prosperidad» (25b) nos lleva a pensar en la posterior inmediatamente posterior al exilio en Babilonia.

Lo primero que nos llama la atención es la frecuencia con que aparecen el nombre «el Señor» y la expresión «en nombre del Señor». Sabemos que el nombre propio de Dios en el Antiguo Testamento es «el Señor» —Yavé, en hebreo— y que este nombre está unido a la liberación de Egipto. Su nombre recuerda la liberación, la alianza y la conquista de la tierra. Se entiende, pues, que este salmo insista en que su amor es para siempre. Amor y fidelidad son las dos características fundamentales del Señor en su alianza con Israel. El salmo dice que Dios escucha y alivia (5), que carnina junto a su pueblo y le ayuda (7a), haciendo que venia a sus enemigos (7b). El recuerdo de la «diestra» de Dios hace pensar en la primera «maravilla» del Señor: la liberación de Egipto. El pueblo ha experimentado una nueva liberación, semejan te a la que se narra en el libro del Éxodo. El «día del Señor», expresión que subyace al v. 24, muestra otra importante característica de Dios. Durante el caminar del pueblo, esta expresión hacía soñar con las grandes intervenciones del Dios que libera a su aliado de todas las opresiones. La expresión «mi Dios» (28) también surgió en un contexto de alianza entre el Señor y su pueblo.

Jesús es la máxima expresión del amor de Dios. En Jesús aprendemos que Dios es amor (1Jn 4,8). Jesús fue también capaz de manifestar a todos ese amor, entregando su vida a causa de él Qn 13,1). La liturgia cristiana ha leído este salmo a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. La carta a los Efesios (1,3- 14) nos ayuda a bendecid a Dios, por Jesús, con una alabanza universal.

La liturgia nos invita a rezarlo en el Tiempo de Pascua, a la luz de la muerte y la resurrección de Jesús. Conviene rezarlo en comunión con otros creyentes, dando gracias por las «maravillas» que Dios ha realizado y sigue realizando en medio de nosotros; también podemos rezarlo cuando celebramos las duras conquistas del pueblo y de Los grupos populares en la lucha por la vida...

Reflexión primera del Santo Evangelio: Lucas 7,36-50. Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor
En este fragmento evangélico se entrelazan dos temas de fondo: el primero asume un tono polémico y contempla a Jesús contrapuesto a un fariseo; el segundo, en cambio, tiene un tono de propuesta y está ligado a la relación entre Jesús y la mujer pecadora. Considerando atentamente el relato advertimos, no obstante, que los dos temas se entrelazan y se iluminan recíprocamente.

Al fariseo le quiere hacer comprender Jesús que la persona no ha de ser considerada sólo a partir del exterior ni siquiera sólo a partir de su experiencia anterior Una mujer, aunque sea notoriamente pecadora, siempre es capaz de levantarse y emprender un camino nuevo. Lo único que necesita es encontrar, no hermanos hipercríticos y quizás también envidiosos, sino por lo menos un hermano que la comprenda y la redima. Y él, Jesús, ha venido para eso.

A la mujer le quiere hacer comprender Jesús que la vida vale, no por el cúmulo de las experiencias realizadas, por lo general negativas y deletéreas, sino por el encuentro central y decisivo con una persona capaz no sólo de comprender y perdonar, sino también de rescatar y renovar. Y él, Jesús, ha venido para eso.

A nosotros, destinatarios del Evangelio de Jesús, nos quiere hacer comprender que es la le lo que nos salva: la Fe en él, verdadero hombre, amigo de los hombres, especialmente de los pecadores, y verdadero Dios, el Dios hecho hombre, que se hizo amigo de los publicanos, de los pecadores y de las meretrices, el Dios capaz, de perdonar todos nuestros pecados, el Dios que, con su Palabra consoladora y eficaz, nos dice también a cada uno de nosotros: «Tu fe te ha salvado; vete en paz» (v. 50).

Si la eucaristía constituye el centro de la fe cristiana —lo hemos estado meditando estos últimos días—, la resurrección de Jesús es la cumbre de su vida y de toda la historia de la salvación y, por consiguiente, también de nuestro camino de fe. En verdad, para usar las palabras del mismo apóstol Pablo, si ese acontecimiento no fuera real, se desmoronarían el testimonio apostólico y nuestra misma fe. Para profundizar en esta verdad podemos considerar algunas expresiones de este fragmento paulino.

La resurrección es, en primer lugar, un evangelio, una alegre noticia, precisamente porque en ella se manifiesta de modo luminoso la omnipotencia de Dios para salvar a toda la humanidad. Es una noticia bella destinada a embellecer nuestra historia personal y comunitaria, y a difundir belleza y armonía por todo el cosmos. La resurrección es el punto de llegada de la vida de Jesús y el punto de partida de la historia de la Iglesia: es cima y fuente. Constituye el punto de conexión entre la historia de Cristo y la historia de la Iglesia, creando entre ambas una unidad indisoluble. En consecuencia, nosotros no creemos en una verdad abstracta, sino en un acontecimiento histórico que nos compromete de manera personal y comunitaria. El acontecimiento de la resurrección de Jesús es también una promesa, porque ha abierto y abre de continuo una perspectiva de novedad de vida y de renovación de la historia para todo hombre toda mujer de buena voluntad. Desde este punto de vista, la resurrección de Jesús puede ser considerada también como un acontecimiento inconcluso hasta que también nosotros resucitemos.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Lucas 7,36-50 La publicana no está invitada, pero viene.
Dividimos el texto en dos unidades fundamentales (7, 36-50 y 8, 1-3), ocupándonos principalmente de la primera, centrada sobre el tema del amor y del perdón. El contexto de la escena es un banquete; Jesús participa como invitado y dos personas muy distintas (un fariseo y una prostituta) vienen a ofrecerle sus dones.

El fariseo le invita a una comida material. Evidentemente sería exagerado el acusarlo de mala voluntad; quizá siente respeto por Jesús, cuando le llama, Sin embargo, en el fondo de su gesto existe un rasgo de juicio y de dominio; por eso se atreve a sancionar la actitud del maestro. Tiene su verdad hecha, conoce ya a Dios y no necesita que nadie le enseñe la nueva profundidad del reino y de la vida.

La publicana no está invitada, pero viene. Sabe que Jesús ofrece un mensaje salvador, ha conocido su calidad de hombre que se entrega totalmente a los demás y por eso viene a ofrecerle simplemente lo que tiene: el perfume que utiliza en su trabajo, sus lágrimas, sus besos. Tomado en sí mismo, ese gesto resulta ambivalente. El publicano, regido por las normas de una moral estricta, condena a la mujer, reprueba su gesto de liviandad y juzga a Jesús que ha permitido que le traten de una forma semejante. Jesús, en cambio, ha interpretado la actitud de la mujer como un efecto de su amor, como expresión de gratitud por haber sido comprendida y perdonada.

La visión de Jesús se ilumina a partir de una parábola (7, 41-43): de dos deudores insolventes amará más al Señor aquel a quien le ha sido perdonad a la mayor de las deudas. Aplicando la parábola se precisa la actitud del fariseo y de la prostituta.

Todo el evangelio está mostrando ese mensaje: Jesús ofrece el perdón de Dios a los hombres insolventes de la tierra. Entre ellos se encuentran el fariseo y la prostituta. El fariseo no se ha preocupado de aceptar ese perdón piensa que sus cuentas están claras, se siente plenamente en paz y por lo tanto, le resbalan las palabras de Jesús que aluden al don de Dios que borra los pecados. Convida a Jesús pero lo hace por curiosidad, en el fondo no 1o ama, porque no se reconoce (no quiere ser) perdonado. La mujer, en cambio, se sabe pecadora; ante Dios y ante los hombres confiesa que su deuda es impagable; por eso se ha sentido condenada. Pero ahora que Jesús ha llegado a la ciudad, una vez que ha proclamado su palabra de gracia universal, ella se ha sentido (se ha sabido) perdonada. Por eso, superando todos los convencionalismos, aprovecha la ocasión y viene hasta Jesús para demostrarle su agradecimiento y su amor: la grandeza del perdón que Dios le ha concedido se demuestra a partir de la grandeza del amor que ese perdón ha suscitado.

En torno a esta relación de Jesús con la pecadora debemos añadir unas notaciones marginales: 1) en sentido estricto el amor de la mujer es siempre una respuesta porque el primer paso lo ofrece el mismo Dios que perdona a todos por medio de Jesús. Sin embargo, no podemos olvidar que en la historia de cada vida la dialéctica - perdón-amor puede revestir modalidades diferentes, de tal manera que en algún caso el amor en vez de ser un signo o consecuencia puede venir a convertirse en principio del perdón. 2) Como ejemplo de una existencia humana fundada en la gratitud por el perdón que ha sido concedido se sitúan las mujeres del texto siguiente de san Lucas (8, 1-3); esas mujeres, que han sido curadas, liberadas, perdonadas por Jesús, han respondido a su don con un gesto de amor comprometido que las convierte en auténticas discípulas (seguidoras) del maestro. 3) Este rasgo de un amor total con que se responde al perdón (al don de gracia) de Jesús se ajusta más a la tipología de la mujer, de tal manera que una parte de la espiritualidad femenina puede basarse en estos fundamentos; sin embargo, no debemos olvidar que la misma espiritualidad de los varones puede y debe responder a este principio del perdón y del amor como respuesta. 4) Es curioso señalar que en esta caracterización del seguimiento de Jesús, Lucas concede ventaja a la mujer (es tipo de auténtica discípula), cosa inaudita y revolucionaria en la sociología humana y religiosa de aquel tiempo.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Lucas 7,36-50. La mujer pecadora.
Tenemos que hacer algunas observaciones acerca de la redacción de Lucas, comparada con la de los otros sinópticos (Mt 26,6-13; Mc 14,3-9) y la de Juan en la unción de Betania (Jn 12,1-8).

En Lucas, el relato se centra simplemente en una mujer pecadora; en Marcos y Mateo, por el contrario, no se supone en modo alguno que la mujer sea pecadora. En Juan, ella se llama María, hermana de Marta. En Lucas, no se dice el nombre y el anfitrión es Simón el fariseo; en Marcos, es simplemente Simón; en Mateo, Si el leproso; en Juan, la escena tiene lugar en una casa en la que María sirve y Lázaro está a la mesa (en Betania), etc. Es difícil establecer la identidad de la pecadora. Pero eso no es importante en la narración de Lucas.

Hay quien ha pensado que las fracturas del texto o dificultades para leerlo en una lectura sincrónica se deben a que el texto es heterogéneo. Según este presupuesto, en el v. 47a, el amor aparece como causa del perdón, y 47b es su efecto. En los vv. 37.38.44.46, los gestos de la mujer demuestran un gran amor; lo que le hace merecer el perdón de sus faltas: de ahí la conclusión 47a. Pero en los vv. 40-43 se ha incluido una parábola, cuya lección es la inversa: un perdón mayor produce un amor mayor; de ahí la conclusión 47b. Pero, en realidad, la parábola (vv. 40-43) tiene la finalidad primaria de mostrar el perdón de Dios: la pecadora está amando mucho porque Dios le ha perdonado mucho (vv 42 y 47b). No es intención de Lucas decir cómo obtuvo la mujer el perdón, pero se ve que es precisamente a partir del amor y el arrepentimiento: a eso se refieren probablemente los vv. 47a.48.50: “que dan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor”, “tus pecados quedan perdonados”, “tu fe te ha salvado”. Éste es el estilo literario de Lucas. En otras ocasiones hace afirmaciones globales que hay que matizar o que él mismo matiza.

Para percatarse de la coherencia del texto, el lector debe observar que la parábola está dirigida a fortalecer una idea clara: a quien mucho se le perdona, mucho ama; a la mujer, pues, se le está perdonando mucho, dado el amor que manifiesta. Su amor es un indicativo de lo que se le está perdonando. Esto implica varios presupuestos:
a) Que Dios perdona a quien se arrepiente.

h) Que los gestos de la mujer, aunque escandalosos para los fariseos, son auténticos para Dios, que ve los corazones.

Esta observación es impresionante. Dios acepta al hombre y a la mujer como ellos son en cada instante de su vida. Y acepta a las manifestaciones de amor que cada uno pueda dar de acuerdo con su situación de fe de ética y amor.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Lucas 7,36-50
-Un fariseo invitó a Jesús a comer con él...

Tres veces (Lc 7, 36; 11, 37; 14, 1) Lucas anota que algunos fariseos invitaban a Jesús a su propia mesa... ¡Y que Jesús aceptaba la invitación! Lucas es el único que nos cuenta estos hechos. Marcos y Mateo, por el contrario, han descrito sistemáticamente a los fariseos como adversarios de Jesús. El juicio más matizado de Lucas está sin duda más cercano a la verdad histórica: Jesús no tenía exclusivas a priori, y hubo algunos fariseos que así lo reconocieron.

-En esto una mujer, conocida como pecadora en la ciudad... llegó con un frasco lleno de perfume... se colocó detrás de Jesús junto a sus pies, llorando, y empezó a regarle los pies con sus lágrimas; se los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con perfume...

El fariseo era un "puro". La escena le choca profundamente: "Si este hombre fuera un profeta sabría quién es esa mujer que lo toca: ¡una pecadora!" Efectivamente, se trataba de una pecadora, y todo induce a creer que era una prostituta. Pecados, los que había acumulado... hasta el hastío de sí misma y de los demás. ¡Ah! ¡no se envanecía por ello!

Era capaz de humillarse públicamente.

De otra parte, todo el mundo la conocía.

"¡Si solamente él, el profeta Jesús, pudiera salvarme!" Y allí está, abatida en el suelo, a los pies de Jesús. Sollozos ruidosos agitan todo su cuerpo. Cubre de besos los pies de Jesús y su perfume embriagador llena la sala del banquete.

¿Por qué los evangelistas relataron una escena tan ambigua? Porque a propósito de esto, Jesús tiene un mensaje importante a transmitirnos.

Pienso en mis propios pecados, y en la sucia marea de todos los pecados del mundo: Tú debes estar habituado, Señor, desde que hay hombres sobre la tierra.

-"Simón, tengo algo que decirte: Un acreedor tenía dos deudores... Uno le debía una gran suma, la deuda del otro era muy pequeña... Se las perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le amará más?" Los acreedores humanos no se comportan de ese modo, habitualmente.

¡Pero Dios sí! Es El quien lo dice. Y nos pide que nos portemos también así: "perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

Si te colocas sobre ese terreno, Señor, entonces es mejor ser Magdalena que Simón...

-Ves a esta mujer...?

Y Jesús hace su elogio. Habla de ella con respeto, la valora.

Subraya todo lo que ha hecho bien. Había sufrido mucho.

Señor, ayúdame a ver a los pecadores con tu propia mirada llena de bondad y misericordia. Dame el don de saberlos rehabilitar a sus propios ojos. Que todas mis palabras y mis actitudes digan ¡cuán bueno eres, Señor!

-Quedan perdonados sus muchos pecados porque muestra un gran amor... A quien poco se le perdona poco amor muestra...

Esas dos frases contienen una de las mayores revelaciones sobre el "pecado":

- el amor provoca el perdón: Tú le perdonas sus pecados porque ama...

- el perdón provoca el amor: cuanto más perdonado se ha sido, tanto más se siente uno llevado a amar.

¡Gracias, Señor! El amor es la causa y la consecuencia del perdón.

Quizá es por esto que, después de todo, Tú permites, Señor, nuestros pecados... ¡para que un día se transformen en amor! Cada uno de mis pecados, ¡qué misterio! podría llegar a ser una ocasión de amar más a Dios: instante este maravilloso en el que tomo conciencia de la misericordia... en el que adivino "hasta dónde" me ama Dios... Es el instante del perdón, el instante del mayor amor. ¿No vale la pena de celebrarlo en el sacramento de penitencia o reconciliación?

Elevación Espiritual para este día
Hay dos cosas que son de la exclusiva de Dios: la honra de la confesión y el poder de perdonar. Hemos de confesarnos a él. Hemos de esperar de él el perdón. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios? Por eso, tenemos de confesar ante él. Pero, al desposarse el Omnipotente con la débil, el Altísimo con la humilde, haciendo reina a la esclava, puso en su costado a la que estaba a sus pies. Porque brotó de su costado. En él le otorgó las arras de su matrimonio. Y, del mismo modo que todo lo del Padre es del Hijo, y todo lo del Hijo es del Padre, por que por naturaleza son uno, igualmente el Esposo dio todo lo suyo a la esposa, y la esposa dio todo lo suyo al Esposo, y así la hizo uno consigo mismo y con el Padre: Este es mi deseo, dice Cristo, dirigiéndose al Padre en favor de su esposa, que ellos también sean uno en nosotros, como tú en mí y yo en ti.

Por eso, el Esposo, que es uno con el Padre y uno con la esposa, hizo desaparecer de su esposa toda lo que halló en ella de impropio, lo clavó en la cruz y en ella expió todos los pecados de la esposa. Todo lo borró por el madero. Tomó sobre sí lo que era propio de la naturaleza de la esposa y se revistió de ello; a su vez, le otorgó lo que era propio de la naturaleza divina. En efecto, hizo desaparecer lo que era diabólico, tomó sobre sí lo que era humano y comunicó lo divino. Y así es del Esposo todo lo de la esposa.

Reflexión Espiritual para el día
El Dios Uno y Trino, en un decreto de amor rebosante, llamó a los hombres a que fueran, en cierto modo, miembros de su familia trinitaria, que consiste en una inefable comunión de amor. Por esta pietas suya, por la que ve en nosotros no sólo criaturas, sino hijos amados, se siente tan herido por nuestros pecados, se indigna tanto y experimenta tan viva misericordia por nosotros. A buen seguro, la «santa misericordia de Dios» exige corazones dispuestos a hacer penitencia, pero también este hecho es una prueba de que él nos considera como suyos.

Su pietas —su amor de Padre, su sentido familiar— es superior a nuestros pecados: éstos son una violación de la pietas, del sentimiento de pertenecer a la familia divina, pero la pietas de Dios está más arraigada, es más tenaz que la nuestra; más aún, es ella también la que va despertando continuamente en nosotros el espíritu de adopción y del sentido de familia.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia: Lo que predicamos, es lo que habéis creído. 
-La «buena nueva»... El evangelio... Lo habéis recibido, y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados si lo guardáis tal como os lo anuncié... Si no, habríais creído en vano...

En esta sola fórmula hay muchas puntualizaciones que son hoy muy actuales:

El evangelio es una alegría, un gozo, es algo «bueno».

El evangelio no se inventa: se «recibe».

El evangelio no se deforma, se lo toma «tal cual es».

El evangelio es «salvador», restaura al hombre, lo reconstruye. ¿Cuál es mi aprecio por el evangelio? ¿Hago selecciones en él? Retengo quizá lo que me place, corriendo el riesgo, como dice san Pablo, de no hallar ya «nada» en él porque ¡me encontraría sólo a mí!

Si, de vez en cuando, Dios no es como un intruso que nos desconcierta y nos choca, si Dios no es el «totalmente otro» es porque en el evangelio buscamos tan solo una justificación a nuestras propias tesis.

-Os he transmitido lo que yo mismo he recibido.

Profunda humildad del apóstol, es el primero en someterse al mensaje que ha de transmitir.

-Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras... Fue sepultado... Resucitó al tercer día según las Escrituras...

Tenemos aquí, sin duda uno de los primeros «credo» que recitaban las comunidades primitivas. Diríamos que es una formula mínima de profesión de Fe. Una fe extremadamente simple, toda ella concentrada en "tres acontecimientos históricos": la muerte, la sepultura, la resurrección. ¡Tres hechos! Que se produjeron de una vez.

Pero tres hechos «significativos» anunciados en todo tiempo por las «escrituras». La fórmula repetida, «conforme a las Escrituras» muestran que la muerte y la resurrección de Jesús eran unos hechos esenciales en el plan de Dios para la salvación del mundo, "por nuestros pecados"...

-Se apareció a Pedro, a los doce, luego a quinientos hermanos, y a mí el más pequeño de los apóstoles.

Pablo cita una lista no exhaustiva -ninguna aparición a Magdalena- de testigos que se beneficiaron de las apariciones del "resucitado". Es una lista muy jerarquizada.

-Más por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. He trabajado penosamente... Pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.

Así, los "tres acontecimientos" citados no son solamente hechos históricos "antiguos", son fuente de una vida nueva: Pablo "ha muerto a su pecado" y ha "resucitado", por así decir, con Cristo.

La fórmula algo embarazosa de Pablo es muy reveladora: ni yo solo, ni Dios solo, sino Dios y yo... en una unión indivisible. Admirable expresión de la «gracia» que no trabaja sin nosotros pero con la cual hacemos mucho más de lo que lograríamos con nuestras solas fuerzas.

¿Podría decir yo lo mismo? ¿Cómo es mi compañerismo con Dios? ¿Hay ósmosis entre Dios y yo, como en san Pablo? +

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