Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



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En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

8 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 08-09-2014

LUNES DE LA XXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO. 8 de Septiembre del 2014 . 3º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. SS. Ntra Sra de la Caridad del Cobre, de Covadonga, del Pino, de los Llanos, del Coro, de la Victoria, de Nuria. Fausto mr, Sergio pp. Beato Federico Ozanam cf. Santoral Latinoamericano. SS. Natividad de la Santísima Virgen María, Ntra Sra de Covadonga.
LITURGIA DE LA PALABRA

Miqueas 5,1-4a . El tiempo en que la madre dé a luz
o bien
Rom 8, 28-30.A los que había escogido, Dios los predestinó
Salmo responsorial: 12. Desbordo de gozo con el Señor.
Mateo 1,1-16.18-23. La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo

PRIMERA LECTURA.
Miqueas 5,1-4a
El tiempo en que la madre dé a luz
Así dice el Señor: "Pero tú, Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel. Su origen es desde lo antiguo, de tiempo inmemorial. Los entrega hasta el tiempo en que la madre dé a luz, y el resto de sus hermanos retornará a los hijos de Israel. En pie, pastoreará con la fuerza del Señor, por el nombre glorioso del Señor, su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará grande hasta los confines de la tierra, y éste será nuestra paz."

Palabra de Dios

o bien

PRIMERA LECTURA
Rom 8, 28-30.
A los que había escogido, Dios los predestinó
Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. Á los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios

Salmo responsorial: 12 .
R/.Desbordo de gozo con el Señor.

Porque yo confío en tu misericordia: alegra mi corazón con tu auxilio. R.

Y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. R.

SANTO EVANGELIO.
Mateo 1,1-16.18-23
La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo
[Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán. Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zará, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.

David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manasés, Manasés a Amós, Amos a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.]

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados." Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros"."

Palabra del Señor.


Reflexión de la Primera Lectura. Miq 5, 1-4ª; 7. El tiempo en que la madre dé a luz.

Este oráculo del profeta Miqueas sobre Belén de Efrata es muy conocido en la tradición cristiana por el uso que hacen de él Mateo (2,5-6) y Juan (7,42). Basándose en este oráculo, la tradición judía -consignada por ambos evangelistas- veía en la villa de Belén de Judá el lugar de nacimiento del Mesías esperado. Sin embargo, Jesús, cuando manda a sus oponentes judíos que escruten las Escrituras para ver qué dicen de él, nunca hace una referencia directa a este texto de Miqueas ni a su nacimiento en Belén. En cambio, acepta que lo consideren nacido en Nazaret (cf. Jn 1,45-46; 19,19).

Miqueas predice que de Belén de Efrata saldrá «el jefe de Israel» (5,1). Con él llegará a Israel la paz (v 4). Aunque no sea posible señalar el momento histórico en que se cumplen los tiempos mesiánicos del profeta, ni su posibilidad en el futuro el texto nos traslada a la visión de un mundo nuevo, diferente, en el que el Israel histórico se transforma en otro Israel, el de la esperanza. Las palabras de Miqueas rezuman la seguridad de la victoria que se conseguirá como obra de la potencia de Yavé y de la majestad de su nombre (v 3).

Miqueas describe la misión universal de su pueblo, cuya grandeza no tiene más soporte que su Dios, no la esperanza en el hombre ni la confianza en los mortales (v 6). El anuncio de la victoria sobre la terrible Asiria no hace sino confirmar este convencimiento del profeta sobre la permanencia del «resto de Jacob» (6-7).

La historia y la grandeza del nuevo Israel, del resto de Jacob en medio de todos los pueblos, bajo la guía firme y salvadora del Mesías -que instaura la paz en todas partes- no se puede describir. No obstante, el profeta Miqueas «ve» que se «desarrollan» con todo esplendor en el «más allá» de lo que nosotros llamamos historia real.

Miqueas es un campesino de Moreset, un pueblo situado a unos 35 km, al suroeste de Jerusalén, que vive y actúa entre los años 750 y 700 a.C., la misma época que Isaías. Ha tenido que huir de su pueblo a causa de la invasión asiria, y se ha refugiado en la capital. Y allí, escandalizado por la dramática situación de injusticia social y la proliferación de cultos paganos, lanza sus oráculos de destrucción mezclados con anuncios de una nueva situación en la que se cumplirán las promesas de Dios mediante una monarquía digna de sus orígenes davídicos. El oráculo que hoy leemos es la culminación de estos anuncios de futuro.

Del nuevo rey se destaca: 1) sus orígenes humildes, como humildes fueron los orígenes de David, significados en la aldea de Belén; 2) su continuidad con la dinastía davídica, que gobierna al pueblo "desde tiempo inmemorial"; 3) serán el final del tiempo actual de abandono y dispersión: el pueblo entero, incluso el Reino del Norte destruido, será nuevamente reunido; 4) en él se manifestará la obra de Dios, que a través de este rey velará por su pueblo; 5) el objetivo es que el pueblo pueda vivir en paz, liberado de las angustias que ahora sufre: por eso este rey tiene como nombre la misma paz.

Este rey que el profeta anuncia lo imagina para un tiempo muy cercano: los dos versículos que siguen al texto de hoy hablan de que este rey liberará al pueblo del asedio de los asirios.

Pero ciertamente que un anuncio como éste no se realizó plenamente bajo ningún rey; el Mesías que aquí se dibuja va mucho más allá de la institución monárquica israelita. El salmo (79) es probablemente una plegaria al retorno del exilio pidiendo la ayuda de Dios para la reconstrucción del pueblo. "El hombre que tú fortaleciste" podría referirse a alguno de los caudillos de la reconstrucción, Zorobabel o Esdras.

o bien

Reflexión segunda a la Primera lectura, Rom 8, 28-30.A los que había escogido, Dios los predestinó
María es la "madre del Hombre nuevo" La segunda lectura esté tomada de Rm/08/28-30 y trata de la justificación que encuentra su culminación en la vida futura. En esta visión se inscribe el papel de la Virgen, destinada ab aeterno a ser la madre del Salvador, el alma colaboradora en toda la obra de la salvación. Hay que precisar que Pablo no separa nunca a Dios creador del Dios salvador, de modo que el hombre creatura está ligado al hombre que hay que salvar, y toda la creación, unida a su vez al hombre, está destinada asimismo a la salvación. La creación entera está sometida a la vanidad o caducidad en el sentido de que el hombre está llamado a dar significado y valor a la creación, y cuando el hombre no se sirve de ella según los planes de Dios, las creaturas,
violentadas, gimen y sufren. La creación, por tanto, está sometida al destino del hombre y, por consiguiente, está fundamentada sobre la condición, o sea sobre la esperanza (ep'elpidi) de ia liberación del hombre, liberación futura. Se trata de un mundo nuevo en gestación en el actual, y que supera a éste en plenitud.

El hombre deberá salvarse con la creación y en la creación; su quehacer de salvarse, con la gracia de Dios, se refiere a su alma y a su cuerpo, más aún: a todas las creaturas. El esfuerzo del hombre consiste en mejorar el mundo; por eso aquellos que aman a Dios colaboran en ello activamente. Es un quehacer extraordinario y comprometido. Para conseguir realizarlo, el hombre debe ser una copia de la imagen del Hijo de Dios: debe
asociarse con Cristo, transformarse en él, asumiendo sus directrices y sus comportamientos.

Como consecuencia de esta semejanza con Cristo se seguirá una relación de fraternidad, porque "Cristo es el primogénito entre muchos hermanos". En este punto Pablo pone en relación encadenada los diversos estadios de la iniciativa divina, considerándolos, sin embargo, más allá de la actuación en el tiempo; por eso usa siempre el aoristo: "... ha conocido..., ha predestinado..., ha llamado..., ha justificado..., ha glorificado..." (cf vv. 29-30).

Reflexión del Salmo 12 . Desbordo de gozo con el Señor
.

Es un salmo de súplica individual, En su parte central, contiene dos peticiones, como si fueran órdenes dadas a Dios: “¡Respóndeme!”, «Ilumina» (4). Además de esto, al principio se repite cuatro veces la pregunta “¿Hasta cuándo?” (2-3), lo que pone de manifiesto que la persona está viviendo una situación dramática

Este salmo tiene tres partes, formadas por los versículos 2-3; 4- 5; 6. En la primera (2—3), aparece insistentemente la pregunta: “¿Hasta cuándo?”, dirigida a Dios. El salmista pregunta hasta cuándo seguirá olvidándolo el Señor, hasta cuándo va a esconderle su rostro (2). Además, considerando su propia situación, le pregunta —imaginando que Dios lo ha olvidado y rechazado— hasta cuándo va a tener que padecer un sufrimiento y tristeza continuos (3a). Finalmente, quiere saber hasta cuándo va a triunfar su enemigo sobre él (3b). En esta primera parte, aparecen los tres personajes del drama: el Señor; es justo y su enemigo.

La segunda parte (4-5) contiene la súplica propiamente dicha. El justo le pide a Dios que responda y que tome medidas, pues la situación es muy grave. De hecho, se menciona la posibilidad de la muerte (4). Es evidente que no se trata de una muerte natural, sino de la muerte provocada por el enemigo (los «opresores» del v. 5) que, finalmente, va a alcanzar su objetivo: la muerte del justo y su propia victoria.

En la tercera parte (6) el justo habla de su confianza en la misericordia de Dios. Tal vez el Señor haya respondido a sus peticiones. O, quién sabe, debido a su gran confianza en que será escuchado, inmediatamente después de la súplica añade una acción de gracias por la salvación que va a recibir.

Tratándose de una súplica, este salmo revela un fuerte conflicto entre el justo y los malvados, entre el justo y los injustos, a los que se llama dos veces «mi enemigo» (3.5) y una «mis opresores» (5) A simple vista, puede darnos la impresión de que se trata de un conflicto aislado entre dos personas, pero no es así. El plural «opresores» indica que se trata del enfrentamiento entre dos grupos: uno comprometido con la justicia y representado por el «justo», y otro comprometido con la injusticia y representado por el «enemigo» y los «opresores».

¿Quién es más fuerte en este conflicto? Indudablemente, los injustos. La vida del justo corre constantemente peligro. De hecho, le pide al Señor que ilumine sus ojos —es decir, que asumo su defensa— para no hallar la muerte a causa de la persecución de los malvados. Es difícil entrar en más detalles. No obstante, el término «opresores», además de mostrar que se trata de un grupo, sugiere la existencia de persecución, de una situación de angustia y dificultad, de modo que el justo corre constantemente el riesgo de morir a manos de sus opresores. Estos, por lo que todo parece indicar, sólo descansarán cuando hayan matado al justo (4). Entonces podrán decir: «le he vencido», y se alegrarán con la muerte de quien luchó por la justicia (5). Por eso, este salmo comienza con la machacona pregunta: “¿Hasta cuándo?”, y más aún; «¿Para siempre?» (2).

¿Y los demás? Todo permite suponer que, tanto en este salmo, como en otros, tenemos el retrato de una sociedad marcada por la impunidad y el miedo. Los malvados han creado un ambiente de intimidación y de terror, de modo que casi nadie se atreve a levantar la voz o hacer nada pues, quien tiene la osadía de decir o hacer algo, pone su vida en peligro. El justo corre ese riesgo y grita, confiando en Dios y en su misericordia. El Señor es su última esperanza. Si no responde, ciertamente los opresores lo matarán.

Si en este salmo tenemos tres referencias a los adversarios del justo, también tenemos tres veces el nombre propio de Dios: “Yavé” (el Señor) al principio (2), en medio (4) y al final (6), lo que indica que está muy presente, a pesar de su aparente indiferencia o «ausencia» descritas en la primera parte (2-3). El justo se dirige a él diciendo «mi Dios», signo de intimidad y de compromiso mutuo. De hecho, el nombre propio de Dios —“Yavé” (el Señor)— y la expresión «mi Dios» nos llevan a pensar en el éxodo, la portentosa intervención del Dios liberador, que rescató a su pueblo de la esclavitud en Egipto y selló con él una alianza. Desde entonces, Dios llama a Israel «mi pueblo», e Israel se dirige al Señor llamándolo «mi Dios». Se trata, una vez más, del Dios del éxodo y de la Alianza. Sin esta clave de lectura, este salmo no se sostiene.

Por eso el justo se atreve a clamar, sabiendo que su súplica no quedará frustrada. Por esta misma razón, llama la atención de Dios y le da órdenes: “¡Atiéndeme!, Señor, mi Dios! ¡Respóndeme! Ilumina mis ojos para que no me duerma en la muerte” (4). También por este motivo, se dirige a él con esta atrevida pregunta: « ¿Hasta cuándo?».

El justo tiene la impresión de que el Señor lo ha olvidado y rechazado (le esconde su rostro). Pero su confianza tiene unas profundas raíces, tal como muestra al final del salmo (6). ¿Qué es lo que habría sucedido? ¿Habría escuchado el Señor el amor del justo y lo habría liberado? ¿O es que el justo, al haber depositado en Dios tanta confianza, concluye su súplica celebrando ya la intervención divina, aunque todavía no se haya manifestado? No lo sabemos. En cualquier caso, este final pone de manifiesto la fuerza que nace de la confianza de quien tiene al Señor como aliado.

Este salmo tiene repercusiones en el Nuevo Testamento y en la de Jesús. Basta examinar las situaciones de súplica con que se encontró y cómo dio respuesta a estas situaciones, sobre todo en casos extremos, como la muerte de alguien (Mc 5,21-24.35-43; Lc 7,1 1-17; Jn 11,1-44).

Es un salmo de súplica. Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos tanta injusticia y tanta miseria, también nosotros podemos dirigirnos a Dios en nuestras oraciones para preguntarle:«¿Hasta cuándo?». Esta pregunta pone al descubierto una serie de situaciones de ausencia de vida que pueden convertirse en motivos inspiradores de nuestra oración. Podemos rezar este salmo solidarizándonos con las personas perseguidas por causa de la justicia, con aquellos cuya muerte ha sido ya decidida. Es un salmo para cuando tenemos la sensación de que Dios está ausente o que se muestra indiferente ante los males que vemos a nuestro alrededor.

Reflexión primera del Santo Evangelio: Mt 1, 1-16.18-23. La criatura que hay en ella viene del espíritu Santo.
El exordio del evangelio según Mateo representa una especie de consulta del registro civil sobre Jesús: es como una letanía de nacimientos. Más o menos, todos los antepasados han sido protagonistas en una etapa de la historia; en el nacimiento y en la vida de muchos de ellos resultó determinante la intervención del Señor.

Al final de la lista, el evangelista —discípulo de Cristo sumiso a la cultura judía— sitúa a José, esposo de María, «de la cual nació Jesús, llamado Mesías» (y. 1 6). José no huyo ninguna presencia, sino sólo proximidad y continuidad, en el acontecimiento de la encarnación, revelado como misterio entre la Virgen y el Espíritu Santo. También José recibió este anuncio. También él fue madurando en la fe la comprensión del nacimiento de aquel que fue engendrado en María, su esposa, por el Espíritu Santo y estaba destinado a salvar al pueblo de sus pecados (v. 21). También él secundó la Palabra divina, obediente, silencioso, activo.

La meditación en la fiesta del nacimiento de María se enriquece de ideas. Sólo los apócrifos se basan en la narración del nacimiento de la Madre del Salvador, empalagados de fantasías emocionadas y de hechos inverosímiles utilizables, no obstante, en el ámbito de las simbologías y como interpretaciones. En las lecturas bíblicas no se concentra la atención directamente en María, dado que faltan las fuentes relativas a su nacimiento. Por consiguiente, la meditación sobre su nacimiento tiene que pasar al menos por una afirmación central en ellas, a saber: la importancia del nacimiento.

Semejante observación podría parecer una obviedad; sin embargo, nos introduce en la búsqueda del sentido profundo, más allá de la crónica, de una existencia desde la perspectiva de la fe en Dios y desde la confianza en la nueva criatura entrada en el mundo humano.

El punto fuerte en el descubrimiento de la importancia de un nacimiento está en el descubrimiento de que Dios es el protagonista de ese nacimiento y del destino de esa persona. La presencia determinante e indispensable de Dios como protagonista se encuentra, en con secuencia y por analogía, también en el nacimiento y en la vida de María. El oráculo de Miqueas (el leccionario propone Miq 5,2-5 como primera lectura alternativa) se refiere a una maternidad, esto es, a la fuente de un nacimiento proyectado por Dios: la cita de éste en Mt 2,6 denota una convicción mesiánica, traducida por el evangelista en una convicción cristológica y contextualmente mariológica.La relectura de otro oráculo (ls 7,14) por parte del mismo evangelista señala en la virgen parturienta María a la madre designada por el mismo Dios y envuelta en el abismo místico de la comunión con el Espíritu Santo, el «Señor que da la vida». La importancia del nacimiento de María se deduce también a través de la prefiguración de ella en aquellos que fueron llamados por Dios según su designio, conocidos desde siempre, predestinados, justificados (la singular redención anticipada de la inmaculada), glorificados.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: Mt 1, 1-16.18-23. Cristo e la revelacion de la plenitud.
Hemos dividido el capítulo primero del evangelio de Mateo en las dos partes indicadas en el título. La primera recoge una genealogía fatigosa y, aparentemente al menos, innecesario. A primera vista parece ser simplemente una lista de nombres de los ancestrales de Cristo sin ningún contenido teológico ni poder alguno de interpelación. ¿Por qué la antepone Mateo a su evangelio?

Sabemos, y nos lo ha recordado el Vaticano II que Cristo es la plenitud de la revelación. El hecho de ser la plenitud de la revelación lo coloca inevitablemente en relación con la preparación de la misma, con todo el Antiguo Testamento. Mateo presenta su árbol genealógico para demostrarlo. Por eso, inmediatamente después de mencionar su nombre —nótese que es mencionado el nombre completo, «Jesucristo», que equivale a una fórmula de fe, Jesús es el Cristo, el Ungido, el Mesías— añade «hijo de David, hijo de Abraham». La genealogía nos introduce así tanto en el terreno de la historia como en el de la teología. Mateo quiere presentarnos al protagonista de su evangelio y, una vez que nos ha dicho su nombre, Jesucristo, con todo lo que significa -—Jesús es el Cristo— se apresura a demostrar su afirmación.

El Mesías debería descender de David. Pues bien, Jesús desciende de David. Precisamente por eso divide la genealogía en tres partes compuestas cada una de catorce nombres. El centro de la misma lo ocupa David, por la razón que hemos apuntado. La genealogía, por otra par te, tiene mucho de artificial. Lo demuestra el simple hecho de colocar catorce nombres en cada una de las fases en que divide la prehistoria de Cristo. El número catorce, por ser el doble del siete, indica perfección y plenitud. Aquí significaría la perfección y providencia especial de Dios en la disposición de toda la historia salvífica anterior, que culmina en Cristo.

La razón apuntada anteriormente explica también la mención de Abraham. El origen de Cristo coincide y se remonta al principio mismo de Israel. Por la misma razón son mencionados, en la primera parte de la genealogía, Judá y sus hermanos, es decir, todo Israel. En la tercera parte se resume la historia de Israel, a partir del destierro babilónico, por idéntica razón: quiere abarcar toda la historia de Israel: su origen, los momentos más importantes y la coronación o plenitud, que es Jesús.

El fin teológico de la genealogía permite a nuestro autor jugar con alguno de los nombres. Nosotros debemos descubrir su juego. Al mencionar al rey Asa, Mateo escribe Asaf, que, según el Salterio (Sal 73, 1; 75, 1...), compuso varios Salmos, y en lugar de Amón, otro de los reyes de Israel, nuestro evangelista escribe Amós, que fue uno de los célebres profetas del pueblo de Israel. ¿No querrá decirnos Mateo, con este pequeño juego, que también los Salmos y profetas alcanzan su plenitud en Cristo?

La segunda parte del capítulo presenta el nacimiento de Cristo como algo absolutamente milagroso. María concibió a Jesús sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo. Y al mencionar al Espíritu Santo o al Espíritu de Dios, Mateo —como cualquier escritor judío— piensa en el poder creador de Dios. Afirmado el hecho —concepción milagrosa de Jesús—, Mateo se detiene con cierta amplitud en exponer las consecuencias del mismo. La primera es el natural desconcierto de José. María y José estaban desposados. Según la ley judía, esto quería decir que el contrato de matrimonio había sido sellado seria y firmemente. Únicamente faltaba la ceremonia de la boda, que culminaba llevando a la novia a vivir en la misma casa del novio. La ley judía no consideraba pecado serio la relación sexual habida entre los novios-desposados en el tiempo intermedio entre desposorios y casamiento. Más aún, en caso de que naciese un hijo en ese tiempo intermedio, era considerado por la ley como hijo legítimo.

Teniendo en cuenta la ley y costumbres judías, el estado de María únicamente creaba problema a José. ¿Por qué? Creemos que él estaba al corriente de lo ocurrido No vemos ninguna razón para que Maria, su esposa, no le hubiese informado de todo. Entonces, ¿por qué la duda? La duda de José no fue acerca de la culpabilidad o inocencia de María, sino sobre el papel que él personalmente tenía que jugar en todo aquello. Una intervención sobrenatural —aparece el motivo del ángel— se lo aclara: deberá poner el nombre al niño, es decir; deberá ser su padre legal (era el padre quien imponía el nombre) y entonces, conocido su papel en aquel matrimonio, cesa su turbación, desconcierto o duda.

El anuncio del ángel a José es un resumen completo del Nuevo Testamento: Jesús salvará al pueblo de sus pecados. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento la expresión «perdón de los pecados» no significa el perdón de una falta concreta sino que es el resumen de toda la acción salvadora de Dios. Quiere decir esto que, con la aparición de Jesús, ha sido superada la separación entre Dios y el hombre. Porque él es “el Dios con nosotros”, para nuestra salvación, Decir Jesús o salvador es exactamente lo mismo. El nacimiento de Jesús, su vida y actividad fue —y es— Dios con nosotros. Como lo había anunciado el profeta Isaías

Reflexión tercera del Santo Evangelio: Mt 1, 1-16.18-23. Genealogía del Mesias, hijo de Davida, hijo de Abrán.

El evangelio según Mateo se abre con un título solemne: «Genealogía de Jesús, Mesías, hijo de David, hijo de Abrahán», seguido de un largísimo elenco de nombres de elevado significado teológico. El verbo que domina el pasaje es “engendrar”, que, en su sentido más profundo, significa “crear por Dios”, “crear en nombre de Dios”. En efecto, las genealogías ejercen en las Escrituras el papel de interpretar la historia a partir de su fundamento, de la vida transmitida como bendición divina.

Entre las distintas genealogías bíblicas sólo hay una introducida de manera semejante a la de Mateo: se trata del “Libro de la generación de Adán”, o sea, del «primer hombre», que, hecho a imagen y semejanza de Dios, engendra hijos comunicándoles esta misma semejanza (cf. Gn 5,1-32), Mateo, por consiguiente, recorre el río de las generaciones para indicar que la cadena de la transmisión de la vida a través de la carne y de la sangre se detiene en Jesucristo: con él comienza una nueva creación, obra del Espíritu (v. 18; cf. Jn 1 ,12s). Este cambio decisivo está indicado por el mismo verbo “engendrar» empleado en forma pasiva (v. 16).

En el texto aparece también la mención insólita de cuatro mujeres —además de María—, de las que tres son de origen extranjero y vivieron la maternidad en condiciones irregulares; se confirma así el aspecto universal de la Buena Noticia, implícito ya en el v. 1, así como su absoluta gratuidad. Allí, en efecto, se definió a Jesús como Mesías, hijo de David (por consiguiente, corno el Mesías esperado por Israel), hijo de Abrahán (por consiguiente, como el verdadero hijo de la promesa), heredero de la bendición para todas las naciones.

Mateo atribuye un significado particular a la subdivisión de las generaciones en tres series de catorce (dos veces siete, número que indica la perfección), hasta el punto de hacer que salgan las cuentas sólo con un cierto artificio. El evangelista quiere demostrar que en Jesús ha llegado la plenitud ele los tiempos, el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo y a todas las gentes.

El comienzo de] evangelio según Mateo nos sorprende con su larga serie de nombres, en su mayoría desconocidos: nos encontramos frente a una cultura muy diferente de la nuestra y sentimos la tentación de tomar nuestras distancias. Con todo, si sentimos en nuestro corazón el deseo de entrar en la “Buena Nueva”, entonces la genealogía, como la corriente de un río, nos empuja siempre más allá, hacia las profundidades del misterio de Dios, que no desdeña entrar él mismo en la historia humana para convertirla en una historia sagrada.

Reflexión cuarta del Santo Evangelio: Mt 1, 1-16.18-23. 
Con esta genealogía se inserta el Mesías en la historia. Hombre entre los hombres. Solidaridad: su ascendencia empieza con la de un idólatra convertido (Abrahán) y pasa por todas las clases sociales: patriarcas opulentos, esclavos en Egipto, pastor llegado a rey (David), carpintero (José).

Aparte María su madre, de las cuatro mujeres citadas, Tamar se prostituyó (Gn 38,2-26), Rut era extranjera, Rahab extranjera y prostituta (Jos 2,1), Betsabé, «la de Urías», adúltera (2 Sm 11,4). Ni racismo ni pureza de sangre, la humanidad como es.

En Jesús Mesías va a culminar la historia de Israel. La genealogía se divide en tres períodos de catorce generaciones, marcados por David y por la deportación a Babilonia. La división en generaciones no es estrictamente histórica, sino arreglada por el evangelista para obtener el número «catorce» (valor numérico de las letras con que se escribe el nombre de David), estableciendo al mismo tiempo seis septenarios o «semanas» de generaciones. Jesús, el Mesías, comienza la séptima semana, que representa la época final de Israel y de la humanidad. La octava será el mundo futuro. Con la aparición de Jesús Mesías da comienzo, por tanto, la última edad del mundo.

«Engendrar», en el lenguaje bíblico, significa transmitir no sólo el propio ser, sino la propia manera de ser y de comportarse. El hijo es imagen de su padre. Por eso, la genealogía se interrumpe bruscamente al final. José no es padre natural de Jesús, sino solamente legal. Es decir, a Jesús pertenece toda la tradición anterior, pero él no es imagen de José; no está condicionado por una herencia histórica; su único Padre será Dios, su ser y su actividad reflejarán los de Dios mismo. El Mesías no es un producto de la historia, sino una novedad en ella. Su mesianismo no será davídico (cf. 22,4146).

Mateo hace comenzar la genealogía de Jesús con los comienzos de Israel (Abrahán) (Lc 3, 23-38 se remonta hasta Adán). Esto corresponde a su visión teológica que integra en el Israel mesiánico a todo hombre que dé su adhesión a Jesús. La historia de Israel es, para Mateo, la de la humanidad.

El hecho de que Abrahán no lleve patronímico y, por otra parte, se niegue la paternidad de José respecto de Jesús, puede indicar un nuevo comienzo. Así como con Abrahán empieza el Israel étnico, con Jesús va a empezar el Israel universal, que abarcará a la humanidad entera.


El Mesías salvador nace por una intervención de Dios en la historia humana. Jesús no es un hombre cualquiera. El significado primario del nacimiento virginal, por obra del Espíritu Santo, hace aparecer esta acción divina como una segunda creación, que supera la descrita en Gn 1,lss. En la primera (Gn 1,2), el Espíritu de Dios actuaba sobre el mundo material ("El Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas"); ahora hace culminar en Jesús la creación del hombre. Esta culminación no es mera evolución o desarrollo de lo pasado; por ser nueva creación se realiza mediante una intervención de Dios mismo.

Puede aún compararse Mt 1,2-17 y 1,18-25 con los dos relatos de la creación del hombre. En el primero (Gn 1,1-2,3) aparece el hombre como la obra final de la creación del mundo; en el segundo (Gn 2,4bss) se describe con detalle la creación del hombre, separado del resto de las obras de Dios. Así Mateo coloca a Jesús, por una parte, como la culminación de una historia pasada (genealogía) y, a continuación, describe en detalle el modo de su concepción y nacimiento, con los que comienza la nueva humanidad. Jesús es al mismo tiempo novedad absoluta y plenitud de un proceso histórico.

La escena presenta tres personajes: José, María y el ángel del Señor, denominación del AT para designar al mensajero de Dios, que a veces se confunde con Dios mismo (Gn 16,7; 22,11; Ex 3,2, etc.).


v. 18: Así nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

El matrimonio judío se celebraba en dos etapas: el contrato y la cohabitación. Entre uno y otra transcurría un intervalo, que podía durar un año. El contrato podía hacerse desde que la joven tenía doce años; el intervalo daba tiempo a la maduración física de la esposa. María está ya unida a José por contrato, pero aún no cohabitan. La fidelidad que debe la desposada a su marido es la propia de personas casadas, de modo que la infidelidad se consideraba adulterio. El «Espíritu Santo» (en gr. sin artículo en todo el pasaje) es la fuerza vital de Dios (espíritu = viento, aliento), que hace concebir a María. El Padre de Jesús es, por tanto, Dios mismo. Su concepción y nacimiento no son casuales, tienen lugar por voluntad y obra de Dios. Así expresa el evangelista la elección de Jesús para su misión mesiánica y la novedad absoluta que supone en la historia (nueva creación).


v. 19: Su esposo, José, que era hombre justo y no quería infamarla, decidió repudiarla en secreto.

José es el hombre justo o recto. Por el uso positivo que hace Mateo del término (cf. 13,17; 23,29; en ambos casos «justos» asociados a «profetas») se ve que es prototipo del israelita fiel a los mandamientos de Dios, que da fe a los anuncios proféticos y espera su cumplimiento; puede considerarse figura del resto de Israel. Su amor o fidelidad a Dios (cf. 22,37) lo manifiesta queriendo cumplir la Ley, que lo obligaba a repudiar a María, a la que consideraba culpable de adulterio; el amor al prójimo como a sí mismo (cf. 22,39) le impedía, sin embargo, infamarla. De ahí su decisión de repudiarla en secreto y no exponerla a la vergüenza pública. Interviene «el ángel del Señor» (cf. 28,2), y José, que encarna al resto de Israel, es dócil a su aviso; comprende que la expectación ha llegado a su término: se va a cumplir lo anunciado por los profetas.

Se percibe al mismo tiempo el significado que el evangelista atribuye a la figura de María quien más tarde aparecerá asociada a Jesús, en ausencia de José (2, 11). Ella representa a la comunidad cristiana, en cuyo seno nace la nueva creación por la obra continua del Espíritu. La duda de José refleja, por tanto, el conflicto interno de los israelitas fieles ante la nueva realidad la comunidad cristiana. Por la ruptura con la tradición que percibe en esta comunidad (= nacimiento virginal, sin padre o modelo humano/judío), José/Israel debe repudiarla para ser fiel a esa tradición; por otra parte, no tiene motivo alguno real para difamarla pues su conducta intachable es patente. El ángel del Señor, que representa a Dios mismo, resuelve el conflicto invitando al Israel fiel a aceptar la nueva comunidad, porque lo 'que nace en ella es obra de Dios. Ese Israel comprende entonces la novedad del mesianismo de Jesús y acepta la ruptura con el pasado.


v. 20: Pero, apenas tomó esta resolución, se le apareció en sueños el ángel del Señor, que le dijo: José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo.

La apelación «hijo de David» aplicada a José, indica, en relación con 1,1, que el derecho a la realeza le viene a Jesús por la línea de José (cf 12,23; 20,30) El hecho de que el ángel se aparezca a José siempre en sueños (2,13.19) muestra que el evangelista no quiere subrayar la realidad del ángel del Señor.


v. 21: Dará a luz un hijo, y le pondrás de nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

El ángel disipa las dudas de José, le anuncia el nacimiento y le encarga, como a padre legal de imponer el nombre al niño. El nombre Jesús, «Dios salva» es el mismo de Josué, el que introdujo al pueblo en la tierra prometida. Se imponía en la ceremonia de la circuncisión, que incorporaba al niño al pueblo de alianza. El significado del nombre se explica por la misión del niño: éste va a salvar a «su pueblo», el que pertenecía a Dios (Dt 27,9; 32,9; Ex 15,16; 19,5; Sal 135,4): se anticipa el contenido de la profecía citada a continuación. El va a ocupar el puesto de Dios en el pueblo. No va a salvar del yugo de los enemigos o del poder extranjero, sino de «los pecados», es decir, de un pasado de injusticia. «Salvar» significa hacer pasar de un estado de mal y de peligro a otro de bien y de seguridad: el mal y el peligro del pueblo están sobre todo en «sus pecados», en la injusticia de la sociedad, a la que todos contribuyen.


vv. 22-23: Esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: 23Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán de nombre Emanuel (Is 7,14) (que significa «Dios con nosotros»)...

El evangelista comenta el hecho y lo considera cumplimiento de una profecía (1,22: "Todo esto sucedió etc."). Mientras, por un lado, el nacimiento de Jesús es un nuevo punto de partida en la historia, por otro es el punto de llegada de un largo y atormentado proceso. Con el término Emmanuel, «Dios con nosotros» o, mejor, «entre nosotros» da la clave de interpretación de la persona y obra de Jesús. No es éste un mero enviado divino en paralelo con los del AT. Representa una novedad radical. El que nace sin padre humano, sin modelo humano al que ajustarse, es el que puede ser y de hecho va a ser la presencia de Dios en la tierra, y por eso será el salvador. Respeto de José por el designio de Dios cumplido en María.

Elevación Espiritual para este día.
Y he aquí que dos mensajeros llegaron a ella, diciéndole: Joaquín, tu marido, viene a ti con sus rebaños. Porque un ángel del Señor ha descendido hasta él, diciéndole: Joaquín, Joaquín, el Señor ha oído y aceptado tu ruego. Sal de aquí, porque tu mujer, Ana, concebirá en su seno.

Y Joaquín salió y llamó a sus pastores, diciendo: Traedme diez corderos sin mácula, y serán para el Señor mi Dios; y doce terneros, y serán para los sacerdotes y para el consejo de los ancianos; y cien cabritos, y serán para los pobres del pueblo.

Y he aquí que Joaquín llegó con sus rebaños, y Ana, que lo esperaba en la puerta de su casa, lo vio venir y, corriendo hacia él, le echó los brazos al cuello, diciendo: Ahora conozco que el Señor, mi Dios, me ha colmado de bendiciones, porque era viuda, y ya no lo soy; estaba sin hijo, y voy a concebir uno en mis entrañas. Y Joaquín guardó reposo en su hogar aquel primer día.

Y los meses de Ana se cumplieron y, al noveno, dio a luz. Y preguntó a la partera: ¿Qué he parido? La partera contestó: Una niña. Y Ana repuso: Mi alma se ha glorificado en este día. Y acostó a la niña en su cama. Y, transcurridos los días legales, Ana se lavó, dio el pecho a la niña y la llamó María.

Y cuando la niña llegó a la edad de tres años, Joaquín dijo: Llamad a las hijas de los hebreos que estén sin mancilla, y que tome cada cual una lámpara, y que estas lámparas se enciendan, para que la niña no vuelva atrás y para que su corazón no se fije en nada que esté fuera del templo del Señor. Y ellas hicieron lo que se les mandaba, hasta el momento en que subieron al templo del Señor. Y el gran sacerdote recibió a la niña y, abrazándola, la bendijo y exclamó: El Señor ha glorificado tu nombre en todas las generaciones. Y en ti, hasta el último día, el Señor hará ver la redención por el concedida a los hijos de Israel.

Reflexión Espiritual para el día
¿De dónde, repito, te ha llegado tan gran bien? Eres virgen, eres santa, has hecho un voto; pero es muy grande lo que has merecido; mejor, lo que has recibido. ¿Cómo lo has merecido? Se forma en ti quien te hizo a ti; se hace en ti aquel por quien fuiste hecha tú; más aún, aquel por quien fueron hechos el cielo y la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas; en ti la Palabra se hace carne recibiendo la carne, sin perder la divinidad. Hasta la Palabra se junta y une con la carne, y tu acoges en tu ser inmaculado al Verbo divino hecho hombre. Al ser concebido te encontró virgen, y, una vez nacido, te deja virgen. Te otorga la fecundidad, sin privarte de la integridad. ¿De dónde te ha venido? ¿Quizá parezca insolente interrogar así a una virgen y pulsar inoportuna mente con estas mis palabras a sus castos oídos? Mas veo que ella, llena de rubor, me responde y me alecciona: « ¿me preguntas de dónde me ha venido todo esto? Me ruborizo al responder acerca de mí bien; escucha el saludo del ángel y reconoce en mí tu salvación. Cree a quien yo he creído. Me preguntas de dónde me ha venido eso. Que el ángel te dé la respuesta». Dime, ángel, ¿de dónde le ha venido eso a María? Ya lo dije cuando la saludé: Salve, llena de gracia (Lc 1,28).

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la Sagrada Biblia y el Magisterio de la Santa Iglesia: Riesgos del profeta.
En el cumplimiento de su misión, el profeta está expuesto a ciertos riesgos que, cuando cae en ellos, lo convierten de verdadero en falso. E. Jacob enumera cuatro: la presión del poder, la tradición inmovilista, dejarse llevar por la gente y buscar el triunfo personal.

Por lo que se refiere a la presión del poder, los ejemplos son numerosos, pero se lee uno en Am 7,10-15, que vale por toda una disertación. En este texto se contraponen dos clases de profetismo: el de Amós, que no se pliega a las presiones del sacerdote de Betel respaldado por el rey, sino que se mantiene fiel a la misión que Dios le ha confiado (verdadero profetismo); y un profetismo profesional burocrático, que convive pacíficamente con Amasías y Jeroboán II, porque se somete servilmente a los intereses del poder constituido (falso profetismo). En la misma línea de Amós están Natán y Elías, que se enfrentan con David y Ajab, así como todos los verdaderos profetas, que denuncian los abusos de las clases dominantes.

El profetismo profesional clerical y cortesano, no sólo se pliega al poder constituido por servilismo, sino que se deja llevar, a su vez, por una tradición inmovilista, que lo conduce a la rutina y cierra sus oídos a la voz de Dios. Esta es la postura de un profetismo romo, sin imaginación ni creatividad, que repetía siempre los mismos tópicos. El ejemplo más significativo lo presenta Jr 28, donde se describe el enfrentamiento entre los profetas Jeremías y Ananías a propósito del retorno de los desterrados. Ananías representa “la ideo- logia política intemporal y abstracta, mientras que Jeremías busca la salvación concreta del hombre de carne y hueso”. “Ananías personifica al patriota inmovilista, bloqueado por axiomas teológicos. Jeremías, en cambio, es el humilde partero de una sociedad nueva, atenta a los signos de los tiempos”.

La tentación de dejarse llevar por la gente, confundiendo la voz del pueblo con la voz de Dios, la sufrió incluso el propio Jesús, el profeta por antonomasia. Cuando el pueblo, enfervorizado por la multiplicación de los panes, quiso arrebatarlo y proclamarlo rey, Jesús se sintió sin duda halagado, pero esquivó el peligro y se refugió en la oración (Jn 6,15). En el Antiguo Testamento son bien conocidos los llamados “profetas-paz”, denunciados por Miqueas, Jeremías y Ezequiel, porque profetizan paz y bonanza de manera mecánica y rutinaria, sin prestar atención a la voz de Dios y a la coyuntura histórica, llevados simplemente por el deseo de halagar los oídos de la gente (Jr 14, 13-16; Miq 3,5-8; Ez 13; 1 Re 22).

Una de las acusaciones que se hace a los falsos profetas es que emplean el ministerio como plataforma para medrar y mejorar su posición personal y social. Amós y Miqueas acusan a los falsos profetas de obrar por interés ya que a quienes los agasajan con regalos y donativos les anuncian bienes y venturas; a los que no les dan nada, males y desventuras (Am 7,12; Miq 3,5-8). El sacerdote de Bétel, Amasias, confunde a Amós con los profetas profesionales que hacen del ministerio un medio de vida. Pero Amós deja bien claro que él no es de esos, que él no es un mercenario ni un asalariado sino un profeta de vocación; su profesión es la de agricultor y de ella vive (Am 7, 10-15). +

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