Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

7 de septiembre de 2014

LECTURAS DEL DÍA 07-09-2014

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. 7 de Septiembre del 2014 . 3º semana del Salterio. (Ciclo A) TIEMPO ORDINARIO. AÑO DE LA FE..SS. Regina mr, Madelberta ab, Clodoaldo pb. Santoral Latinoamericano. SS. Regina, Anastasio. 

LITURGIA DE LA PALABRA:

Ezequiel 33,7-9 Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre 
Salmo 94 Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón." 
Romanos 13,8-10 Amar es cumplir la ley entera 
Mateo 18,15-20 Si te hace caso, has salvado a tu hermano 

La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada hermano.

Ezequiel es profeta del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo. También otros profetas han utilizado esta imagen para caracterizar su misión. La actitud vigilante es un rasgo del auténtico profeta. Estar atento a lo que pasa para alertar y prevenir al pueblo. El profeta verdadero está siempre atento a escuchar la Palabra de Dios. Lee los acontecimientos de la historia y los interpreta a la luz de la Palabra de Dios. El vigilante, celador, velador, centinela o como se le llame en nuestro medio está pendiente de los peligros que acechan al pueblo. Por eso, el profeta es responsable directo de lo que le pueda pasar. El profeta tiene la misión de abrir los ojos. Pero también el pueblo puede aceptar o rechazar la interpelación profética. Lo que no está bien es pasar por alto el peligro. 

Pablo en la carta a los Romanos invita a los creyentes que edifiquen su vida sobre la base del amor para que puedan responder a los desafíos del momento histórico que a cada creyente y a cada comunidad le toca vivir. El amor es resumen, síntesis vital, compendio de todo tipo de precepto de orden religioso. Así, Pablo entra en perfecta sintonía con la propuesta evangélica. Ciertamente que no es un rechazo rotundo de la ley. Pero el amor supera la fuerza de la ley. Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. La conversión, la metanoia, es cambio rotundo de mente y corazón. Quién se convierte asume el amor como única “norma” de vida. El amor se traduce en actitudes y compromisos muy concretos: servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.

El evangelio de Mateo nos presenta el pasaje que se ha denominado comúnmente la corrección fraterna. El Texto revela los conflictos internos que vivía la comunidad mateana. Nos encontramos, entonces, ante una página de carácter catequético que pretende enfrentar y resolver el problema de los conflictos comunitarios. El pecado no es solamente de orden individual o moral. Aquí se trata de faltas graves en contra de la comunidad. El evangelista pretende señalar dos cosas importantes: no se trata de caer en un laxismo total que conduzca al caos comunitario. Pero tampoco se trata de un rigorismo tal que nadie pueda fallar o equivocarse. El evangelista coloca el término medio. Se trata de resolver los asuntos complicados en las relaciones interpersonales siguiendo la pedagogía de Jesús. No es un proceso jurídico lo que aquí se señala. El evangelista quiere dejar en claro que se trata ante todo de salvar al trasgresor, de no condenarlo ni expulsarlo de entrada. Es un proceso pedagógico que intenta por todos medios salvar a la persona. Ahora bien, si la persona se resiste, no acepta la invitación, no da signos de arrepentimiento... entonces sí la comunidad se ve obligada a expulsarse de su seno. Al no aceptar la oferta de perdón la persona misma se excluye de la comunión.

Vivimos una cultura contradictoria. Por una parte, frente a la corrupción personal y colectiva se asume una postura de laxismo. Por otra parte, se juzga, se condena y se excluye a las personas sin antes haber averiguado los hechos a fondo. Cuando se trata de difamar a una persona, basta con que alguien tire del hilo para que se vayan difundiendo por todas partes los comentarios, murmuraciones y calumnias.

Los medios de comunicación social, que viven de chismes o de sensacionalismos, no escatiman sacrificios para buscar, alterar y tergiversar noticias sobre hechos que resulten escandalosos. Y si no lo son, ellos se encargan de busarles ese lado. Fácilmente se condena y se estigmatiza a personas, grupos e instituciones que no piensan como todo el mundo, o actúan de manera diferente o cuestionan el orden establecido.

Nuestro compromiso como creyentes es luchar por la verdad. Nuestras familias y comunidades cristianas deben ser, ante todo, lugares de reconciliación y de verdad. Exigir respeto por las personas que se equivocan pero que quieren rectificar su error es imperativo evangélico. Tampoco se trata de caer en actitudes laxistas o que respalden la impunidad. Pero ante todo, el compromiso con la justicia, la verdad y la reconciliación es una actitud profética.

¿Cómo vivimos los valores de la verdad, la justicia, la reparación y la reconciliación al interior de nuestras comunidades? ¿Qué actitud asumimos frente a los medios de comunicación que manipulan y tergiversan la verdad? ¿Nos sentimos corresponsables de la suerte de nuestros hermanos?

PRIMERA LECTURA
Ezequiel 33,7-9 
Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre
Así dice el Señor: "A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida."

Palabra del Señor.

Salmo responsorial: 94 
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón."

Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:  "No endurezcáis el corazón como en Meribá,  como el día de Masá en el desierto;  cuando vuestros padres me pusieron a prueba  y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R. 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 13,8-10 
Amar es cumplir la ley entera 

Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el "no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás" y los demás mandamientos que haya, se resumen es esta frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

Palabra de Dios

SANTO EVANGELIO
Mateo 18,15-20 
Si te hace caso, has salvado a tu hermano 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos."

Palabra del Señor


Así dice el Señor: "A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida." Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. Ojalá escuchéis hoy su voz:  "No endurezcáis el corazón como en Meribá,  como el día de Masá en el desierto;  cuando vuestros padres me pusieron a prueba  y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R. Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el "no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás" y los demás mandamientos que haya, se resumen es esta frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.  En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." 
Así dice el Señor: "A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida." Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R. Ojalá escuchéis hoy su voz:  "No endurezcáis el corazón como en Meribá,  como el día de Masá en el desierto;  cuando vuestros padres me pusieron a prueba  y me tentaron, aunque habían visto mis obras." R. Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el "no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás" y los demás mandamientos que haya, se resumen es esta frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.  En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." 


Reflexión Primera Lectura: Ezequiel 33,7-9 

El trasfondo histórico del oráculo de Ezequiel es la caída de Jerusalén y la invasión de Nabucodonosor. El oráculo señala la segunda etapa de su ministerio. La misión actual del profeta es sustentar la esperanza de Israel asegurándole al pueblo exiliado que Dios cumplirá sus promesas e iniciará un nuevo período de reconstrucción nacional.


La imagen del centinela —utilizada en la vocación del profeta (3,1 6-19) en un perfecto paralelismo con esta pericopa— expresa la nueva misión de Ezequiel. Ser el vigía de un pueblo sin ciudad y sin murallas; otear desde lejos el horizonte de los acontecimientos para prevenir al pueblo de las inminentes amenazas, leer los signos recónditos de vida y muerte, interpretarlos y comunicárselos a la casa de Israel. La tarea del guardián encierra una paradoja: los peligros que apremian al pueblo no provienen de fuera, sino que dentro, del mismo Señor. Sin embargo, en lugar de acercarse sin avisar, en silencio y de puntillas, y sorprender a sus víctimas, el Señor envía al centinela para avisarles. Y, si aún fuese poco, el Señor le obliga en conciencia al «contraespionaje» para prevenir al pueblo amenazado. Es una paradoja reveladora: la secuencia pecado-amenaza castigo engloba un nuevo elemento en la sucesión, pecado-amenaza-conversión porque Dios quiere la vida y no la muerte.


Destaca el corazón cariñoso y paternal del Señor; que siempre encuentra el medio para salvar de la muerte al propio hijo, Israel, y conducirlo por el camino de la conversión y la vida. Junto al amor del Señor, fundamento de su proceder, el relato de Ezequiel resalta la responsabilidad del profeta que acoge la Palabra del Señor y se convierte en su portavoz, una responsabilidad que se detiene ante el umbral de la libre elección personal.
Comentario del Santo Evangelio: (Mateo 18,15-20)

El texto evangélico de hoy pertenece al «discurso eclesial» de Jesús (o discurso sobre la fraternidad). En el evangelio de Mateo se encuentra después de la parábola de la oveja perdida y la solicitud de Jesús con los «pequeños», con las personas más débiles en la fe y, por lo tanto, más expuestas al peligro del desaliento o la deserción. El presente relato se puede leer como la ilustración práctica de la búsqueda solícita de la oveja perdida.
Si hacemos una lectura superficial de las palabras de Jesús, nos puede dar la impresión de que se trata de un discurso duro: enumera detalladamente una serie de normas disciplinarias y concluye con una sentencia judicial. En realidad, la enseñanza de Jesús responde a una preocupación pastoral: salvar a los hermanos más frágiles y exhortar a todos para que se responsabilicen del hermano que ha pecado y le ayuden a volver.


El mandato categórico «ve» (v. 15) sobreentiende que se requiere coraje para corregir al hermano extraviado, que es necesario vencer una resistencia interior para dar este paso, pues el bien del hermano vale más que el malestar percibido, y a gusto y por él, se sacrifica el propio «bienestar». Jesús sugiere el itinerario a seguir en la corrección fraterna. Se parte con una primera tentativa admonitoria, cara a cara, con delicadeza y discreción, sin intención de humillar o mortificar; sino con el deseo de comunicar el sufrimiento de la comunidad, causado por el pecado y la separación, y a la espera de abrazar afectuosamente al hermano.


Si este intento fracasa, se recurre a la corrección en presencia de dos o tres testigos; y sólo en el caso de un ulterior fracaso se hace partícipe del problema a toda la comunidad. Si a pesar de la intervención de la comunidad el resultado es negativo, queda el reconocimiento oficial de la separación del hermano de la Iglesia. No se trata, propiamente, de una «excomunión», sino de la declaración explícita de una situación de hecho ya ocurrida: «Considéralo como un pagano o un publicanos” (v. 17), es decir; como alguien extraño a la comunidad.


El hincapié sobre la comunión es insistente en los versículos finales (vv. l9ss): la concordia de los corazones —en griego, «sintonía» o «sinfonía»— puestos de acuerdo para pedir cualquier cosa asegura la acogida de la petición, la comunión «en el nombre de Jesús». Es decir; reunirse en torno a la persona de Jesús, adhiriéndose a su Palabra y a su misión en la historia, asegura la presencia de Dios. El texto evangélico podríamos leerlo ahora a partir de estos versículos finales, con cuya luz se ilumina el rostro auténtico de la Iglesia: una comunidad de amor que hunde sus raíces en el misterio de Cristo, el misterio del amor hasta el extremo.

Reflexión Salmo 94 

Esta pieza es una mezcla de dos tipos de salmo, Desde el principio hasta la mitad es un himno de alabanza; la segunda parte es una denuncia profética.

El versículo 7 divide el salmo en dos partes: l-7a; 7b-l1. En la primera (1 -7a) tenemos los elementos típicos de un himno de alabanza: una invitación “venid”, «cantemos jubilosos», «aclamemos», «entremos», «vamos a aclamarlo», (1 -2) y la exposición del motivo, introducida por la conjunción «porque» (3), que se desarrolla a continuación (4-5). Tenemos una nueva invitación (entrad, «postraos, «inclinaos») y un nuevo «porque... (7a). El ambiente es festivo, tal vez estemos en medio de una procesión. Se habla de instrumentos musicales (2). En total, tenemos ocho verbos que expresan con fuerza la invitación a la alabanza y a la fiesta. El Señor es comparado con una roca (1b), símbolo de salvación, y con un pastor que guía al pueblo, su rebaño (7a). El primero de los «porque...» presenta a Dios como Señor sobre todos los dioses (3) y como creador de todas las cosas (4-5) y, por tanto, dueño y Señor de todas ellas. Aquí el salmo salta de extremo a extremo: de las profundidades de la tierra a las cumbres de los montes (dimensión vertical), del mar a la tierra firme (dimensión horizontal). El segundo de los «porque...», además de recordar la relación pastor-rebaño, nos recuerda la Alianza. De hecho, la afirmación «él es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo» refuerza la idea de que Dios y el pueblo se pertenecen mutuamente de forma exclusiva, como miembros de una misma alianza.

De repente, como si de un aguafiestas se tratara, alguien levanta la voz. Comienza aquí la segunda parte (7b-1 1), que tiene sabor a denuncia para el momento presente del salmo. Es una advertencia que pretende impedir que se repitan los errores de los padres, de los antepasados. El salmista-profeta recuerda la rebeldía de la época del desierto, los episodios de Masá y Meribá (8), que nos describe Ex 17,1-7. A pesar de que habían visto las obras del Señor, los israelitas lo pusieron a prueba y lo tentaron (9). En la concepción del salmista, una generación entera disgustó al Señor durante todo el tiempo que duró la travesía del desierto, una generación de corazón inconstante e infiel, incapaz de reconocer los caminos de Dios (10). Corno resultado de lo cual (11), la totalidad de esta generación murió en el desierto, sin llegar a entrar en la Tierra Prometida,

Tanto los himnos de alabanza, como las denuncias proféticas suponen un contexto público: la presencia de un grupo de personas reunido para alabar y dar a gracias al Señor. Un individuo anima a los presentes a celebrar y festejar a Dios, pero, al mismo tiempo, expone su denuncia, lo que viene a mostrar que detrás de la fiesta existe una tensión. En primer lugar; se habla del Señor como de «la roca que nos salva». Podemos percibir aquí una tensión, sin mayores explicaciones. A continuación encontramos un conflicto religioso. Se admite que existen otros dioses (3), pero el Señor es soberano sobre todos ellos. Ciertamente, estos dioses son los dioses de los pueblos vecinos. No obstante, Dios es también su Señor. La insistencia en el hecho de que la tierra pertenece al Señor es un síntoma de algo que puede estar sucediendo en el momento de composición de este salmo. De hecho, si la generación pasada no pudo entrar en la tierra a causa de su rebeldía con respecto a Dios, la generación presente corre el riesgo de Perder la tierra por no escuchar en el momento presente la voz del Señor. ¿Perder la tierra en favor de quién, de los pueblos vecinos o de los terratenientes del país? El salmo no nos ofrece más información al respecto, pero sabemos que los profetas eran, casi siempre, gente relacionada con la causa de la tierra. Eran los portavoces de la gente que vivía en la tierra y de la tierra. El aviso que se hace, por tanto, incluye una amenaza: la de la pérdida de la tierra. No se sabe con exactitud cuándo surgió este salmo, pero la lucha por la adquisición y conservación de la tierra recorre todo el Antiguo Testamento.

Entrar en la Tierra Prometida o conservarla son cuestiones vinculadas a la Alianza entre el Señor y su pueblo. Entrar en la tierra era consecuencia de la fidelidad a la Alianza (algo que la generación del desierto no fue capaz de mantener); conservar la tierra era resultado de una Alianza mantenida a lo largo de las generaciones. En ambos casos, el tema de la Alianza está presente. Además de todo ello, como ya hemos visto, entre Dios y su pueblo hay un compromiso de pertenencia mutua: él es el Dios de los israelitas, y el pueblo es el pueblo de Dios (7a). La imagen del pastor (7a) es también importante a la hora de descubrir el rostro de Dios que nos presenta este salmo. La principal acción del «Dios pastor» consistió en guiar a su pueblo sacándolo de la esclavitud de Egipto y conduciéndolo a través del desierto, rumbo a la libertad y a la vida en la Tierra Prometida. La gran respuesta del pueblo será dejarse guiar por este «Dios pastor», obedeciendo a su voz (7b).

Jesús se presentó como pastor (Jn 10), conocedor de la intimidad de cada persona (Jn 2,25). Por eso su voz profética denunció las injusticias y a quienes las ocasionaban (Mt 23). Denunció la existencia de una religión formalista, de apariencias (Mt 7,21) y, con un gesto profético, anunció el fin del templo y de su corrupción, a pesar de su aspecto de lugar sagrado un 2,13-22).

Jesús denunció las mismas cosas que nuestro salmista-profeta. Al igual que los antepasados de tiempos del desierto, algunos grupos de la época de Jesús vieron sin que, por ello, llegaran a creer. Vieron las acciones de Juan Bautista y de Jesús, escucharon sus palabras, pero los rechazaron; los cobradores de impuestos y las prostitutas, en cambio, sí que creyeron. Esto es lo que podemos percibir al final de la parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), destinada a los líderes judíos de tiempos de Jesús (los jefes de los sacerdotes y los ancianos).

Podemos rezar este salmo cuando querernos alabar y dar gracias al Señor, teniendo presentes sus acciones a nuestro favor; en tiempos de ídolos y de idolatría; cuando queremos aprender de los aciertos y los errores del pasado, para ser más felices; podemos rezarlo, también, para denunciar el formalismo y el ritualismo de la religión; cuando tenemos que denunciar las infidelidades para con los designios de Dios; en medio de las luchas por la posesión de la tierra o de aquello que nos permita vivir con dignidad...

Reflexión de la Segunda lectura: Romanos 13,8-10 

El Fragmento de la Carta a los Romanos pertenece a la parte exhortativa, donde Pablo pasa del plano doctrinal al práctico, a la vida del cristiano. El apóstol centra la atención del relato en el mandamiento del amor, con unas expresiones tan sintéticas y eficaces que perfectamente podría llevar por título «el segundo himno paulino a la caridad».
En los versículos precedentes, Pablo se detenía en los deberes del cristiano y las autoridades civiles, particularmente en el cumplimiento de dar «a cada cual lo que le corresponda»; ahora, habla de la «deuda singular, inextinguible: la del amor mutuo. Esta deuda, observaba H. U. von Baltasar, «desciende del título de cristianos; la contraen porque quieren vivir de acuerdo a la alianza de amor de Dios con la humanidad, alianza que se realiza en el sacramento de la iglesia. Nadie los obliga a creer, aunque si “creen” deben “amar” libremente, incondicionalmente, como lo es la fe Y “deben”, como Cristo, amar “libremente” a los enemigos como amigos, única posibilidad para atraer a los enemigos a la reciprocidad del amor o encomendarlos a la correspondencia de la nueva y eterna alianza


Pablo está citando Lv 19,18 ( a tu prójimo como a ti mismo») y lo interpreta según la nueva acepción ofrecida por Jesús en Mt 22,40, donde el «prójimo» no es solamente uno de los míos, el hermano y miembro de la comunidad cristiana, sino cada persona. El proyecto de vida cristiana encuentra su fulcro en el mandamiento del amor, compendio y resumen de la Ley tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. En este
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Después de haber dicho a los cristianos que debían formar entre ellos una comunidad fraterna y unida, san Pablo aborda otro caso concreto, otro «deber» esencial ¡el de nuestras relaciones con «las autoridades civiles"!

El cristiano moderno alardea, a veces, de despreciar las leyes civiles o de mantener hacia ellas una actitud calculadamente desenvuelta, sobre todo respecto a las leyes fiscales o penales. ¡Pablo pide a sus fieles que se «sometan a las autoridades» ! Y se atreve a pedir a los cristianos que sean fieles a la "ciudad temporal"... que, en las reglamentaciones de la «sociedad» vean una manera de amar a sus hermanos. No olvidemos que el «Poder» de la época era Roma, ¡un Estado pagano y perseguidor! Es en este contexto que escuchamos lo siguiente:

-A nadie le quedéis debiendo nada, fuera del amor mutuo.

Se trata pues de reconocer siempre los "derechos" de los demás. Se trata de saldar nuestras "deudas", lo que "debemos" a los demás. ¡«Ninguna»... deuda! Hacia... ¡«a nadie»! fuera del amor mutuo, que ¡es una deuda que nunca queda saldada del todo!

Amar, no tiene término. Nunca estamos exentos de amar.

Hay que avanzar siempre en el amor. Aplico este principio pensando en los que conviven conmigo.

-Pues el que «ama" al otro tiene cumplida la Ley.

Es lo que Jesús había dicho ya.

El amor es el compendio de la Ley.

"Aquel que ama a los demás"... una definición del cristiano. ¡Cuán lejos solemos estar de esto, Señor! Ayúdanos a no soñar en este amor, sino a llevarlo a la práctica humildemente, modestamente, cada día.

Guardo un momento de silencio para convencerme nuevamente de esta necesidad: Oigo que Jesús me lo repite... oigo que Pablo me lo repite... oigo que el mundo actual, tan exigente con los cristianos en este sentido, me lo repite.

Descubrir de nuevo mis puntos de inserción concretos, en este amor a los demás. ¿A quién... tengo que amar? ¿Cómo... debo amarlos? ¿Qué gestos, qué actitudes, qué palabras, qué compromisos... esperan los demás de mí?

-La Ley dice: «No cometerás adulterio, no matarás, no robarás... no codiciarás..... Estos mandamientos y todos los demás se resumen en esta fórmula: amarás al prójimo como a ti mismo.

Es más que un resumen, es un cambio completo de perspectiva. Se pasa de lo "negativo", de lo "interdicto", de lo «permitido y de lo prohibido"... no... no... A lo "positivo", al "dinamismo interior", a la exigencia infinita... ¡ama!

Las reglas de la Ley son una especie de "minimum":

Cuando las hemos cumplido, podemos creer que estamos en regla. Pero el amor es una "llamada", dirigida a todos.

El fariseo de la parábola "estaba en regla". Jesús dice que no quedó justificado. El publicano, en cambio, era un pobre pecador, que no estaba en regla con la Ley, pero que estaba "abierto al amor". Jesús dice que éste quedó justificado.

-El amor no hace mal al prójimo.

«Hacer un mal". Dañar a...

La expresión es fuerte y nueva.

Comparar la fórmula: «Hacer el mal»... con "hacer un mal"...

En el primer caso, se está ante una abstracción, ante un principio.

En el segundo, se está ante "alguien", ante una persona.

¡Ayúdanos, Señor, a no hacer daño a nadie! Al menos, voluntariamente. Ayúdanos a sanar, en lo posible, las heridas que hemos podido causar.

Reflexión primera  del Santo Evangelio: (Mateo 18,15-20) 

El texto evangélico de hoy pertenece al «discurso eclesial» de Jesús (o discurso sobre la fraternidad). En el evangelio de Mateo se encuentra después de la parábola de la oveja perdida y la solicitud de Jesús con los «pequeños», con las personas más débiles en la fe y, por lo tanto, más expuestas al peligro del desaliento o la deserción. El presente relato se puede leer como la ilustración práctica de la búsqueda solícita de la oveja perdida.
Si hacemos una lectura superficial de las palabras de Jesús, nos puede dar la impresión de que se trata de un discurso duro: enumera detalladamente una serie de normas disciplinarias y concluye con una sentencia judicial. En realidad, la enseñanza de Jesús responde a una preocupación pastoral: salvar a los hermanos más frágiles y exhortar a todos para que se responsabilicen del hermano que ha pecado y le ayuden a volver.


El mandato categórico «ve» (v. 15) sobreentiende que se requiere coraje para corregir al hermano extraviado, que es necesario vencer una resistencia interior para dar este paso, pues el bien del hermano vale más que el malestar percibido, y a gusto y por él, se sacrifica el propio «bienestar». Jesús sugiere el itinerario a seguir en la corrección fraterna. Se parte con una primera tentativa admonitoria, cara a cara, con delicadeza y discreción, sin intención de humillar o mortificar; sino con el deseo de comunicar el sufrimiento de la comunidad, causado por el pecado y la separación, y a la espera de abrazar afectuosamente al hermano.


Si este intento fracasa, se recurre a la corrección en presencia de dos o tres testigos; y sólo en el caso de un ulterior fracaso se hace partícipe del problema a toda la comunidad. Si a pesar de la intervención de la comunidad el resultado es negativo, queda el reconocimiento oficial de la separación del hermano de la Iglesia. No se trata, propiamente, de una «excomunión», sino de la declaración explícita de una situación de hecho ya ocurrida: «Considéralo como un pagano o un publicanos” (v. 17), es decir; como alguien extraño a la comunidad.


El hincapié sobre la comunión es insistente en los versículos finales (vv. l9ss): la concordia de los corazones —en griego, «sintonía» o «sinfonía»— puestos de acuerdo para pedir cualquier cosa asegura la acogida de la petición, la comunión «en el nombre de Jesús». Es decir; reunirse en torno a la persona de Jesús, adhiriéndose a su Palabra y a su misión en la historia, asegura la presencia de Dios. El texto evangélico podríamos leerlo ahora a partir de estos versículos finales, con cuya luz se ilumina el rostro auténtico de la Iglesia: una comunidad de amor que hunde sus raíces en el misterio de Cristo, el misterio del amor hasta el extremo.

Reflexión segunda del Santo Evangelio: (Mateo 18,15-20) 

El texto evangélico de hoy pertenece al «discurso eclesial» de Jesús (o discurso sobre la fraternidad). En el evangelio de Mateo se encuentra después de la parábola de la oveja perdida y la solicitud de Jesús con los «pequeños», con las personas más débiles en la fe y, por lo tanto, más expuestas al peligro del desaliento o la deserción. El presente relato se puede leer como la ilustración práctica de la búsqueda solícita de la oveja perdida.


Si hacemos una lectura superficial de las palabras de Jesús, nos puede dar la impresión de que se trata de un discurso duro: enumera detalladamente una serie de normas disciplinarias y concluye con una sentencia judicial. En realidad, la enseñanza de Jesús responde a una preocupación pastoral: salvar a los hermanos más frágiles y exhortar a todos para que se responsabilicen del hermano que ha pecado y le ayuden a volver.
El mandato categórico «ve» (v. 15) sobreentiende que se requiere coraje para corregir al hermano extraviado, que es necesario vencer una resistencia interior para dar este paso, pues el bien del hermano vale más que el malestar percibido, y a gusto y por él, se sacrifica el propio «bienestar». Jesús sugiere el itinerario a seguir en la corrección fraterna. Se parte con una primera tentativa admonitoria, cara a cara, con delicadeza y discreción, sin intención de humillar o mortificar; sino con el deseo de comunicar el sufrimiento de la comunidad, causado por el pecado y la separación, y a la espera de abrazar afectuosamente al hermano.


Si este intento fracasa, se recurre a la corrección en presencia de dos o tres testigos; y sólo en el caso de un ulterior fracaso se hace partícipe del problema a toda la comunidad. Si a pesar de la intervención de la comunidad el resultado es negativo, queda el reconocimiento oficial de la separación del hermano de la Iglesia. No se trata, propiamente, de una «excomunión», sino de la declaración explícita de una situación de hecho ya ocurrida: «Considéralo como un pagano o un publicanos” (v. 17), es decir; como alguien extraño a la comunidad.


El hincapié sobre la comunión es insistente en los versículos finales (vv. l9ss): la concordia de los corazones —en griego, «sintonía» o «sinfonía»— puestos de acuerdo para pedir cualquier cosa asegura la acogida de la petición, la comunión «en el nombre de Jesús». Es decir; reunirse en torno a la persona de Jesús, adhiriéndose a su Palabra y a su misión en la historia, asegura la presencia de Dios. El texto evangélico podríamos leerlo ahora a partir de estos versículos finales, con cuya luz se ilumina el rostro auténtico de la Iglesia: una comunidad de amor que hunde sus raíces en el misterio de Cristo, el misterio del amor hasta el extremo.

Reflexión tercera del Santo Evangelio: (Mt18, 15-20), 

Para la comprensión de las normas que establece esta pequeña sección es necesario tomar como punto de partida la frase conclusiva de la perícopa precedente. Dio, no quiere que se pierda ninguno de estos pequeñuelos Consiguientemente los dirigentes de la comunidad antes de de decidirse a separar de la misma a alguien que haya «extraviado», deben seguir el camino de la corrección fraterna. La organización de la Iglesia, según esita perícopa de Mateo, se halla calcada sobre el patrón de la sinagoga. Era una «congregación» de la que se excluía, todo aquél que no aceptase al judaísmo como medio único de salvación. Los que así pensaban eran considerad como los paganos o los publicanos.


La norma de la Iglesia debe ser diferente. El camino seguir, para todos, debe ser el de la corrección fraterna. No debía existir por principio la separación o excomunión automática ante un pecado determinado, sea el fuere (así procedía la sinagoga; Jesús condena este procedimiento y no quiere que su Iglesia actúe como ella). Esto no obstante, puede llegar el momento en que los dirigentes de la Iglesia deban aplicar esta sanción última. Las mismas palabras de Jesús les autorizan para hacerlo. Esta es la razón por la cual aparecen aquí las palabras de Jesús a Pedro dándole la máxima autoridad de atar y desatar.


A continuación viene el proverbio sobre la eficacia de la oración. El “acuerdo” alude a la plegaria comunitaria hecha en el lugar destinado al culto. Allí era donde se reunían «dos o tres en el nombre de Cristo». El verdadero poder de la comunidad reside en la oración (Rom 15, 30; 1Tes 5, 25; Col 4, 3). Este poder ilimitado de la oración se halla en la misma línea de otras palabras de Jesús: pedid, buscad, llamad... (7, 7-11). Se supone que la oración está hecha con las características que Jesús fijó en la oración específicamente cristiana, el Padrenuestro.


La última sentencia, que garantiza la presencia de Jesús donde se hallen reunidos dos o tres en su nombre, tiene también paralelos en la literatura rabínica. De un rabino de la época es la frase siguiente: «Donde hay dos reunidos en el estudio de la Ley, la shekina (la gloria o presencia divina) está en medio de ellos». Jesús está presente en la Iglesia: todo lo que ella predica hace o sufre s palabra, hecho o sufrimiento de Cristo. Esto supone que el centro de interés ya no es la ley, sino la persona de Cristo. Supone igualmente que la reunión tiene lugar en el nombre de Cristo es decir, con las mismas inquietudes y finalidad que determinaron su vida mientras estuvo entre los hombres.


Reflexión cuarta del Santo Evangelio: (Mt 18, 15-20) 

El director de una asociación católica volvió de un congreso internacional que se había celebrado en Norteamérica. Le preguntaron: “¿estás contento?”. Respondió: «¿Contento?». Pregúntenme si estoy cansado. Harto de las reuniones. Se habla y habla durante largas horas pero la colaboración común permanece en la baca. ¿Dónde se pueden encontrar hoy dos hombres que estén perfecta mente de acuerdo?». Sin duda, es un juicio demasiado pesimista, pero los congresos dan a menudo esta impresión.


Sin embargo, los hombres, si desean vivir juntos, deben poner se de acuerdo. La cuestión es sobre qué. Si compramos algo, nos ponemos de acuerdo con el vendedor sobre el precio. Es más fácil en los negocios con los precios fijos. En caso contrario la compra debe ser precedida por una discusión. Tal discusión es necesaria también cuando das personas trabajan en la misma obra. Tienen que ponerse de acuerdo en qué hará uno y qué hará el otro. Estos acuerdos se limitan a aquello que es común. Más difícil es cuando se deben realizar acuerdos en la propia vida, en la familia y con los vecinos. Comúnmente decimos: es posible sólo allí donde uno está dispuesto a ceder aura el otro. Sin e ni siquiera este buen principio es válido de manera infalible. Nacen discordias también cuando se cede continuamente. Entonces se siente la necesidad de una regla fija que nos evite la discusión.


Si no es fácil ponerse de acuerdo en las cosas prácticas, mucho más difícil es ponerse de acuerdo donde es necesaria la unidad de pensamiento y de opiniones. En los regímenes totalitarios se prescribe en las directrices oficiales, que nadie puede contradecir, al menos no lo puede hacer en voz alta. Y donde dos se unen para realizar una obra importante, deben tener mucha paciencia porque frecuentemente se discute.


El evangelio nos pone frente a este problema citando alaba a aquellos que se unen para rezar. A sus peticiones se les atribuye una especial fuerza delante del Señor. Apoyándose en esto, en la tradición, a menudo se da prioridad a la oración en común más que a la oración privada. A los católicos se les prescribe lo participación en la Misa de los domingos. Algunos liturgistas sacan de esta prescripción conclusiones exageradas, como por ejemplo, en una pequeña ciudad francesa, donde el domingo no se permitía celebrar una Misa pública en las casas religiosas porque se celebraba la Misa parroquial y en la iglesia parroquial se celebraba sólo una Misa, El párroco lo justificaba afirmando que la liturgia debe ser la oración común de toda la parroquia. Sin duda, la intención era buena, pero lo forma de ponerla en práctica era exagerada. Además, para ponerse de acuerdo en la oración no es suficiente encontrarse sólo en un lugar. Se necesita buscar la unión de las mentes y de los corazones. Pero, ¿con qué método?


Además de la novela Las cintas muertas y el drama EL revisor, el escritor ruso Gogol escribió también un bonito libro, Explicación de la liturgia divina. En la introducción describe el carácter unitivo de los ritos eclesiásticos. No parte suponiendo que ya estamos unidos por el hecho de que nos encontramos en la iglesia. Cada uno entra con la cabeza llena de sus propios pensamientos y problemas. Al comienzo, puede suceder que ni siquiera advierte lo que sucede en el altar. Sin embargo, después escucha el canto y las lecturas y comienza a comprender las palabras. Se da cuenta de que lo que escucha, en el fondo, corresponde a los deseos de su corazón. Por lo tanto, acepta la liturgia como su propio pensamiento pero en aquel momento hace también otro descubrimiento. No es sólo él quien realiza esta asimilación interior. Se encuentra en medio de los otros y también estos aceptan las palabras de la liturgia como propias. Siguen el rarito común y realizan la gozosa experiencia de que tienen la misma mente y perciben las mismas sensaciones.


Así que podemos considerar la oración común según un doble aspecto. Se podría decir, por una parte, que estamos unidos y por eso vamos a rezar juntos. Sin embargo, otro aspecto de la misma realidad es el que describe Gogol: hemos rezado juntos y por eso nos sentimos unidos a los demás. Sin embargo, es necesario especificar quienes son estos otros a los cuales nos une la liturgia común. En primer lugar, son aquellos con los cuales nos encontramos en el mismo templo. Es lo que quería subrayar, de forma radical, el párroco francés que permitía una sola Misa en su parroquia. Sin embargo, en las iglesias se celebra la misma liturgia y se leen los mismos textos que unen nuestras mentes con aquellos que están lejos. Los textos litúrgicos son y no son iguales. Algunos se renuevan en los templos y según los lugares. Otros son antiquísimos. El origen de los salmos se remonta al Antiguo Testamento, otros textos sacros fueron compuestos en los primeros siglos cristianos. Si aceptamos su contenido como pensamiento nuestro, nos unimos con muchas generaciones de fieles que nos han precedido en la historia de la Iglesia. El santo ruso Juan de Kronstadt lo describe en este texto: «Los santos viven después de la muerte. Siento frecuentemente cómo la misma Madre de Dios canta su maravilloso himno que penetra en el corazón (Magnificat compuesto en la casa de su pariente Isabel después del anuncio del ángel. Oigo en la iglesia el canto de Moisés, el himno de Zacarías, padre del precursor del Señor el cántico de Ana, madre del profeta Samuel, el himno de los tres jóvenes en el horno ardiente, el cántico de María. Y cuántos cantares del Nuevo Testamento nos confortan en el templo de Dios Y la liturgia, los sacramentos, los ritos. ¿Cuál es su espíritu que alegra nuestro corazón? Es el espíritu de Dios y de sus santos. ¿No es este un argumento para la inmortalidad del alma? Estos hombres murieron, pero también después d la muerte comparten nuestra vida, están muertos y hablan, nos enseñan, nos edifican, nos conmueven».


Algunas veces se objeta que la liturgia es demasiado tradicional e inmovilista. A primera vista parece una cuestión seria. Donde hay vida, hay dinamismo, creatividad, evolución y esto es válido también para la liturgia. Lo hemos visto durante la reforma después del concilio Vaticano II pero la vida implica también la conexión con los estadios precedentes. La liturgia, como acabamos de decir, es un importante vínculo de unión entre los fieles dispersos en tiempos y lugares distintos. Es el centro en donde nos ponemos de acuerdo en la oración y por eso estamos seguros de que Cristo está en medio de nosotros.


Nos hemos referido a lo que ha dicho el escritor Gogol. Él era sumamente consciente de la función unificadora de la liturgia. Por eso recomendaba la participación en la liturgia como un valioso medio para la unión de la humanidad, la educación del pensar y del sentir. El hombre es verdadero hombre unido a los otros. En la liturgia se verifica esta unión a un nivel superior, en contacto con toda la tierra y el cielo.Gloria in excelsís Deo et pax ómnibus bonae voluntatis.

Elevación Espiritual para el día

El Espíritu Santo es el don divino que se derrama en los corazones de los fieles, para de pecadores convertirlos en templos de la luz y de la gracia sobrenatural o divina. Su acción está presente en toda alma santa, pues "nadie puede venir al Padre, si no es atraído de lo alto". En este sentido San Francisco y Santa Clara rebosan de la experiencia y comunicación habitual con aquel, y nos es posible reconocer en sus escritos, además de las referencias explícitas al Espíritu Santo, numerosas otras alusiones y testimonios que suponen, por más que tácitamente la realidad de este. Comencemos por reconocer que Francisco y Clara aparecen notoriamente para sus contemporáneos como figuras realmente empapada y resplandecientes de los dones y frutos de lo alto. San Buenaventura caracteriza al primero cual templo viviente del Espíritu Santo:

"Ha aparecido la gracia de Dios, salvador nuestro, en estos últimos tiempos en su siervo Francisco. El Altísimo, en efecto, fijó su mirada en él con efusión de benignidad y condescendencia, que no sólo lo levantó de la vida contaminada del mundo, sino que, convirtiéndole en seguidor, adalid y heraldo de la perfección evangélica, lo puso como luz de los creyentes, a fin de que dando testimonio de la luz, preparase al Señor un camino de luz y de paz en los corazones de los fieles. En verdad, Francisco, cual lucero del alba en medio de la niebla matinal, irradiando claros fulgores con el brillo rutilante de su vida y doctrina, orientó hacia la luz; y como arco iris que reluce entre nubes de gloria, mostró en sí la señal de la alianza del Señor.

Francisco según aparece claramente en el decurso de toda su vida fue prevenido desde el principio con los dones de la gracia divina, enriquecido después con los méritos de una virtud nunca desmentida, colmado también del espíritu de profecía y destinado además a una misión angélica; todo él abrasado en ardores seráficos y elevado a lo alto en carroza de fuego. Viviendo entre los hombres, fue un trasunto de la pureza angélica y ha llegado a ser propuesto como dechado de los seguidores de Cristo. A interpretarlo así nos induce el sello de su semejanza con el Dios vivo impreso en su cuerpo por el admirable poder del Espíritu del Dios vivo"

Reflexión Espiritual para este día 

ALABANZAS DE TODAS LAS HORAS

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios Omnipotente, que es, fue y será;

alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir alabanzas, gloria, honor y bendición;

alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Digno es el Cordero que fue muerto, de recibir virtud, y divinidad, y sabiduría, y fortaleza, y honor, y gloria, y bendición; alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo con el Espíritu Santo; alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Bendecid todas las obras del Señor al Señor; alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Decid alabanzas a Dios todos sus siervos y los que a Dios teméis, pequeñuelos y grandes;

alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Glorifíquenlo los cielos y la tierra y toda criatura que hay en el cielo

y sobre la tierra, y debajo de la tierra, el mar y las cosas que hay en él;

alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

Así como era en el principio y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén;

alabémosle y sobreexaltémosle por los siglos.

ORACION

Omnipotente, Santísimo, Altísimo y Sumo Dios, Sumo Bien, todo Bien, entero Bien, que solo eres bueno, tributémoste siempre toda alabanza, toda gloria, toda gracia todo honor, toda bendición y todos los bienes. Amén.

En esta auténtica y genuina composición de Francisco tenemos expresiones sobre Dios, contemplado en su altísima e infinita bondad, características del santo. Estas expresiones revelan su particular sentido de Dios, habida cuenta que cada espiritualidad específica, como es la franciscana, "se distingue por su particular manera de representarse a Dios, de hablar con El, de dirigirse hacia él, de tratar con él. Cada espiritualidad ve los atributos de Dios según lo que más medita, profundiza, le atrae y lo cautiva" (Pío XII a Terc.Fcns. 07/56).

Francisco contempla al Señor como "el Altísimo Bien, todo el bien, como el sumo y perfecto bien". Encontramos a Dios en estas expresiones contemplado y gustado a través de su excelsa, altísima e infinita bondad. Es la espiritualidad que embarga a Francisco y siguen sus auténticos discípulos. Espiritualidad, como la palabra lo dice es actitud, ánimo, talante peculiar del espíritu. Una espiritualidad como la aquí expresada no puede sino ser don y fruto del Espíritu Santo; el que así encontramos tácitamente presente en todo el texto, y explícitamente mencionado dos veces en conjunto con la Trinidad.

El rostro de los personajes, pasajes y narraciones de la sagrada Biblia y del magisterio de la santa madre la Iglesia:

El legado de Abraham
Venerado por judíos, cristianos y árabes, ¿podrá este símbolo religioso evitar el odio entre ellos?

No sería justo considerar a Abraham uno de los grandes personajes ignorados de la Biblia, pues casi todo el mundo conoce su trayectoria histórica. Pero hasta hace poco no había recibido el reconocimiento que merece como renovador de las ideas religiosas. Al ser el pionero bíblico de la teoría de que no hay más que un solo Dios, se sitúa a la altura de Moisés, San Pablo y Mahoma. Según Thomas Cahill, autor en 1998 del libro The Gifts of the Jews (Los dones de los judíos), Abraham supone el punto de partida "de todo lo que sería la evolución de la cultura y de la sensibilidad". En otras palabras, Abraham cambió el mundo.

Todavía menos conocido para la mayoría es la diversidad de sus seguidores. Los judíos consideran a Abraham como el primer patriarca, pero desconocen la importancia que tiene en el cristianismo, que acepta la historia de la Torá como parte del Antiguo Testamento y es venerado tanto en las misas católicas ("Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste ... el sacrificio de Abraham") como en aquella canción infantil protestante ("El padre Abraham tuvo muchos hijos/ Y yo soy uno de ellos y tú también / así que demos palmas...").

Ni los judíos ni los cristianos saben exactamente el papel de Abraham en el Islam, que reconoce la Torá, pero con algunos cambios y añadidos significativos. El Corán habla de Abraham como el primer hombre que se rindió totalmente a Alá. Cada una de las cinco oraciones diarias acaba refiriéndose a él. El libro sagrado relata cómo Abraham levantó la Kaaba, el edificio negro en forma de cubo que constituye el centro de oración de la Meca. Algunos rituales de los peregrinos en la ciudad recuerdan episodios de su historia. Los fieles que no pueden unirse a los peregrinos celebran el Festival del Sacrificio, en el que tradicionalmente se ofrece un cordero o una cabra para conmemorar el mismo sacrificio que los judíos celebran en su año nuevo. Es el día más sagrado del calendario islámico.

De hecho, salvo el mismo Dios, Abraham es la única figura bíblica que disfruta de la adoración unánime de las tres religiones. En teoría, este extraordinario consenso debería convertirlo en una especie de superestrella para todos, en un refugio espiritual en estos tiempos de cólera y desconfianza. Y después del aniversario de los atentados del 11 de septiembre, los activistas ecuménicos han comenzado a programar conferencias sobre Abraham, discursos sobre Abraham e incluso "salones sobre Abraham" por todos el país y el resto del mundo. Bruce Feiler, autor del libro de viajes bíblicos y éxito de ventas Walking the Bible (Paseo a través de la Biblia), ha publicado una nueva obra titulada Abraham A Journey to the Heart of Three Faiths (Abraham: Un viaje al corazón de las tres religiones), que ha despertado interés adicional.

Pero la batalla no será fácil. Si Abraham es realmente el patriarca de las tres religiones, entonces sería como un padre que ha dejado un disputado testamento.

El Judaísmo y el Islam, para los iniciados, ni siquiera se ponen de acuerdo sobre cuál fue el hijo que estuvo a punto de ser sacrificado. Luego está la Alianza de Abraham con Dios. Muchos judíos (y algunos cristianos conservadores) creen que dicha alianza era una garantía para el pueblo judío sobre la Tierra Santa. Esta creencia alimenta en gran medida el movimiento de colonización israelí y constituye un factor cada vez más importante en la hostilidad de Israel hacia las demandas nacionalistas palestinas. "Nuestra conexión con la tierra se remonta a nuestro primer antepasado.

Los árabes no tienen derecho a la tierra de Israel", dice el rabino Haim Druckman, fundador del movimiento de colonización y parlamentario por el Partido Nacional Religioso. Este argumento enfurece a los musulmanes palestinos, especialmente porque el Corán asegura que Abraham no era judío, sino el primer practicante del Islam. "La gente que apoyó a Abraham creía en un Dios y nada más que un Dios, y esos fueron los musulmanes. Sólo los musulmanes", dice el jeque Taysir Tamimi, el representante de Yasser Arafat para el diálogo religioso.

Tampoco quedan al margen del rencor tripartito los primeros cristianos, que utilizaron su visión de Abraham, que decía que fue santificado con la gracia divina fuera de las leyes judías, para demostrar que la antigua religión necesitaba un sustituto. Este argumento ha ayudado a alimentar casi dos milenios de antisemitismo.

Así pues, Abraham es una figura mucho más compleja, y más interesante, de lo que parece a primera vista. Su historia constituye una especie de escándalo multireligioso, un ejemplo de la cara oculta del monoteísmo: el deseo de definirse unos mediante la exclusión o la demonización de los otros. El destino de los bienhechores ecuménicos que buscan deshacer esa herencia y convertir al patriarca en un verdadero símbolo del consenso debería interesarles a todos los que se muestran interesados en la aparente división entre el Islam y Occidente. Feiler, autor de Abraham dice: "Creo que no es el medio ideal para la reconciliación, pero es la mejor figura que tenemos". +


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