Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

24 de septiembre de 2014

Fueron entonces de pueblo en pueblo. Lucas 9, 1-6

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 1-6

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para sanar las enfermedades. Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, diciéndoles: «No lleven nada para el camino, ni bastón, ni provisiones, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos».
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y sanndo enfermos en todas partes.
Compartiendo la Palabra

Por Pedro Garcia, misionero claretiano

Muchas veces se nos lee en la Iglesia un Evangelio muy importante: el de la elección de los apóstoles y la misión que les confía Jesús. ¿De dónde le viene su importancia?... Y nos cuestiona a nosotros:
- Yo, laico, ¿puedo ser también apóstol, puedo ser misionero o misionera?...
Nos ha tocado a nosotros nacer en el llamado Siglo de las Misiones, pues todos los que escuchamos este programa hemos venido al mundo en el Siglo XX. El Papa Pío XI inició su Pontificado en 1922 y dio un impulso enorme a lo que ya vivía la Iglesia con mucha intensidad, como eran las Misiones en el mundo pagano.
Pero, además, este Papa organizó el apostolado seglar con la Acción Católica, y desde entonces se avivó mucho entre los laicos la conciencia del apostolado. El negocio de la salvación de las almas no era incumbencia sólo de los pastores sino de todos los hijos de la Iglesia. Los laicos podían y debían enrolarse en obras específicas de apostolado seglar.
La Redención la realizó solamente Jesucristo, el Hijo de Dios que se hace hombre para librarnos del pecado, del demonio, de la muerte eterna. Pero, ¿cómo va a aplicar esta salvación a todos los hombres? ¿Iba a seguir Jesucristo siempre en la tierra?
No era ése el plan de Dios. Por eso, Jesús escoge a hombres que sean colaboradores suyos, lugartenientes suyos, que lleven a todas las gentes la Palabra y los Misterios de la salvación (Mateo 9,35-37. 10,1-42. Marcos 6, 7- 13. Lucas 9,1-6)
Jesús, ante todo, se pasa la noche en oración, hablando con su Padre Dios, proponiendo, escuchando, examinando las cualidades de cada candidato. Actúa cómo hombre, no quiere equivocarse, y aun así, ya vemos cómo le salió uno, Judas el traidor.
Los demás son buenos, leales, un poco brutotes si queremos, pero moralmente muy sanos y amantes sinceros del Maestro, fieles hasta el fin.
Como un ensayo de lo que habrán de hacer ellos después, cuando Jesús se haya ido al Cielo, les manda ahora en misión. Y les da consejos acertadísimos.

Citamos algunos nada más.
* Me dan compasión las gentes. Miradlas caminar errantes, como ovejas sin pastor. La mies es mucha, se presenta una cosecha de almas enorme, pero son muy pocos los trabajadores. Id vosotros.
- Os doy poder para arrojar demonios y para curar toda dolencia y toda enfermedad.
- Sed desprendidos. No llevéis ninguna provisión. Recibid lo que os den, pues el trabajador merece su salario. No os faltará nada, os lo aseguro.
- Anunciad a todos la buena noticia: ¡El reino de Dios está cerca! Dadles en sus casas la paz. Si son dignos de ella, porque os reciben bien, la paz de Dios descenderá sobre ellos. Un simple vaso de agua que os den porque sois mis discípulos, no les dejará sin su recompensa. Pero si os rechazan a vosotros, sabed que me rechazan a mí y a mi Padre. En el Juicio se les pedirá cuenta muy grave.
- Y no tengáis miedo a nadie. Os perseguirán, os arrastrarán a los tribunales, os matarán. Así daréis testimonio de mí. Si a mí me han llamado Príncipe de los demonios, pensad lo que dirán de vosotros... Yo me encargo de dar después testimonio de vosotros ante mi Padre Celestial.
Los apóstoles fueron de misión —como un ensayo, decimos— y volvieron locos de alegría, porque obraron maravillas en nombre de Jesús, el cual se alegró también hondamente con ellos.
Esta misión de los Doce no fue ocasional, sino que es algo perenne en la Iglesia. Jesucristo, por el Espíritu, sigue llamando siempre voluntarios para el apostolado.
Y, además de los elegidos para el ministerio sagrado, deja las puertas abiertas para cuantos quieran alistarse voluntarios en el anuncio del Evangelio.
¿Cuál es, entonces, nuestra actitud como laicos?
Miramos a los Ministros de Jesucristo —desde el Papa hasta el último consagrado— y nuestra actitud es de una aceptación total, nacida de la fe.
Sabemos que en ellos y por ellos actúa Jesucristo, al que nosotros rendimos amor y sumisión.
Nos miramos a nosotros mismos, sentimos la vocación misionera dentro de nosotros, y nos enrolamos también en las filas del apostolado, a las órdenes de la Jerarquía, como valiosos auxiliares de nuestros Pastores, el Papa, los Obispos y los Sacerdotes...
¿Y los que están impedidos? ¿Cómo puede hacer una madre, a lo mejor cargada de hijos y esclava de su hogar? ¿Y cómo hace esa persona enferma? ¿Cómo ese obrero, obligado a un trabajo que no le deja libre un momento? ¿Se quedan sin la gloria del apostolado, no existe para ellos una misión?
La respuesta nos la podría dar el caso hermoso que traía una revista misional, y que contaba. Llegó de Africa a Europa un Obispo Misionero, y fue a celebrar Misa en un convento de Religiosas. Todas le saludan después, pero el Obispo está inquieto. Al repartir la Comunión, ha reconocido a una monja, cuya cara no le es desconocida.
- ¿Están aquí todas las Hermanas? ¿No falta ninguna?
- Sí, falta una Hermana que, por preparar el desayuno, ha tenido que ir en seguida a su trabajo.
- Llámenla, por favor.
Viene, y grita emocionado el Obispo.
- ¡Ella es! Dios me la ha mostrado muchas veces en oración. Esta Hermana, esclava del trabajo de la cocina, reza de continuo por las Misiones. ¡Es la mejor colaboradora que tengo en la Misión!
La gloria de la misión es de todos: de un obispo, de una monjita de cocina, y de todos los que queremos trabajar, desde nuestro puesto, por el Reino de Dios....

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