Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

18 de agosto de 2014

Lunes, 18 de Agosto de 2014. Comentarios de las Lecturas,

Ez. 24, 15-24. El Señor nos ama de una forma mucho más perfecta de como el esposo ama a su esposa. Él nos invita a arrepentirnos, pues muchas veces hemos permanecido lejos de Él convirtiendo en dios nuestro a las obras de nuestras manos.

Tal vez cuando nos arrecie el dolor y se cierna sobre nosotros la desgracia vayamos ante Él para derramar lágrimas, pensando que así seremos escuchados. Pero ese llanto, en sí, no puede hacernos propicio a Dios. Él nos quiere a nosotros; Él nos espera a nosotros. Nosotros somos el encanto de sus ojos y el amor de su corazón. Él nos envió a su propio Hijo para que, entregando su vida por nosotros, al creer en Él y hacer nuestra la salvación que nos ofrece, podamos presentarnos ante nuestro Dios y Padre libres de toda culpa.

En silencio meditemos sobre la realidad de nuestra fe en Dios y del amor que le tenemos. No cerremos los ojos ante nuestros propios pecados. Mientras aún es tiempo volvamos al Señor, rico en misericordia para cuantos lo invocan y quieren vivirle fieles.

Deut 32. Pensamos en quienes se arrodillan ante ídolos construidos por sus manos, hechos conforme a sus imaginaciones, aspiraciones o temores. Tal vez los compadezcamos y pensemos que nosotros tenemos ya una cultura más avanzada, menos encadenada a esas cosas que de nada aprovechan.

Sin embargo, al examinar nuestra vida y aquello que le da sentido a la misma, a nuestro trabajo, a nuestras actitudes y esperanzas, podemos encontrarnos con que hemos encadenado nuestro corazón al dinero, a la voluntad de dominar al prójimo, a las ansias de poder, al placer, a la envidia y al odio. Todo esto nos destruye, nos divide, y nos conduce a la muerte.

Si creemos en la vida; si creemos en la vida que llega a su plenitud en Cristo, en quien seremos glorificados, no podemos vivir como esclavos de la muerte o de aquello que, finalmente, no puede darnos lo que buscamos: llegar a nuestra perfección.

Hay alguien que sí puede hacerlo, Cristo Jesús. Ir tras sus huellas para colmar nuestras esperanzas nos lleva a cargar nuestra cruz, pues no hay otro camino, sino la entrega por amor a los demás, como nosotros viviremos plenamente humanos y plenamente hijos de Dios.

Entonces el Señor no se nos esconderá, pues siempre estará con nosotros.

Mt. 19, 16-22. Conseguir la vida eterna. Esto no es algo de última hora, del momento de partir de este mundo.

La vida eterna ya es nuestra desde ahora por nuestra unión a Cristo. Esa vida la hacemos parte de los demás cuando dejamos atrás el gesto amenazador contra ellos, cuando no los asesinamos, cuando respetamos el compromiso matrimonial, cuando no despojamos a los demás de sus bienes, cuando no les quitamos su buena fama, cuando les retribuimos justamente su trabajo y no propiciamos el que, por culpa nuestra o por nuestros intereses egoístas, se queden sin el pan de cada día; cuando honramos y hacemos felices a nuestro padre y a nuestra madre. Entonces somos portadores de vida y no de muerte para los demás.

Pero hace falta algo más: amar al prójimo como a nosotros mismos. Y tal vez desde niños seamos muy educados y respetuosos de los demás. Pero esto no basta. Tal vez les demos parte de nuestros bienes para que vivan con dignidad. Pero no basta. Amar en serio al prójimo nos hace contemplar al Hijo de Dios, que no retuvo para sí el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo tomando la condición humana, y, hecho uno de nosotros, nos enriqueció con su pobreza, haciéndonos participantes de la gloria y de la herencia que le corresponde como a Hijo unigénito del Padre.

Si quieres ser perfecto: Ve, vende todos tus bienes, dales el dinero a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después ven y sigue a Cristo. Entonces serás amado por el Padre Dios como su hijo amado, en quien Él se complace.

Dura es esta doctrina; ojalá y no demos marcha atrás en nuestro seguimiento del Señor, sino que abramos nuestros ojos para procurar el bien, la salvación y la vida digna para todos aquellos hermanos nuestros que pertenecen a las clases más desprotegidas no sólo en nuestra Comunidad de fe, sino en el mundo entero.

El Señor nos ha llamado a participar de esta Eucaristía como amigos y discípulos suyos. Él nos enseña, con su propio ejemplo, lo que es el camino que nos conduce a nuestra plena realización, a nuestra glorificación en Dios: Él se despojó de todo y cargó con el pecado de toda la humanidad. Él nos ha librado de todo aquello que nos condenaba en la presencia de su Padre Dios.

Amar hasta ser capaces de dar la vida por los que amamos no nos deja en un amor tan pequeño como sería el entregarlo todo a los pobres. Haciendo esto aún nos queda por delante el seguimiento de Cristo que, cargando su cruz, no se dirige al calvario sino hacia su glorificación junto a Dios, pasando por el calvario.

Este Misterio de salvación es el que estamos celebrando. Este Misterio de salvación se convierte en nuestra forma de creer en Cristo y de caminar con Él para llegar, junto con Él, a la perfección, a la glorificación en la que Él, nuestro principio y cabeza, ya ha entrado.

Que nuestra Eucaristía no sea sólo un momento de oración y de adoración a Dios, sino un verdadero encuentro con el Señor para volver a hacer nuestro el compromiso de amar a nuestro prójimo como Dios nos ha amado a nosotros.

¿Quieres ser feliz? ¿Quieres conseguir la vida eterna? ¿Qué sentido tiene hacer estas preguntas cuando se disfruta de todo?

Muchos trabajaron arduamente para lograr una posición social gracias a una economía desahogada. Lo tienen todo. Pareciera que, en medio de todos sus bienes, no tendrían necesidad de algo más para ser felices.

Pero hay un clamor que les impide ser felices: el de las multitudes de aquellos que esperan una vida más digna. ¿Acaso tiene sentido vivir rodeado de todo y rodeados de una soledad tremenda por no saber amar, pero amar en serio, por lo menos a los seres más cercanos?

Comportarse como dominadores nos hace respetables por el temor que los demás tienen de ofendernos, pero no porque nos amen.

Podemos levantarnos y asentar nuestro trono sobre la injusticia, sobre el desprecio y sobre la pobreza y hambre de los demás. Quienes lo hagan tendrán una mente depravada que les impide compartir con los demás lo que tienen, pues olvidan la solidaridad con los necesitados. Mentes depravadas que consideran a los demás como niños y todo lo acaparan para después vivir esplendorosamente y darles unas migajas a las clases desprotegidas por las que ellos dicen que lucharon.

Ser cristiano es algo muy distinto a un conformarnos con orar, pero con el corazón cerrado hacia nuestro prójimo. Con una actitud así jamás llegaremos a ser perfectos.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de no sólo tenerlo a Él en nuestro corazón, sino de abrir también nuestro corazón al amor de nuestro prójimo para procurar su bien en todo, sabiendo que sólo así será nuestra la vida eterna. Amén.

Homiliacatolica.com

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