Hola amigos, bienvenidos a este sitio que solo busca compartir todo aquello que llega a mi buzón, y nos ayuda a crecer en nuestra fe católica..
(casi todo es sacado de la red)

Si alguien comprueba que es suyo y quiere que diga su procedencia o que se retire, por favor, que me lo comunique y lo hago inmediatamente. Gracias.

Espero que os sirva de ayuda y comenteis si os parece bien...


Gracias


Maria Beatriz.



SI AL CRUCIFIJO Tu quita un Crucifijo y nosotros pondremos mil

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados
En este blog rezamos por todos los cristianos perseguidos y asesinados

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO
NOTICIAS SOBRE S.S.FRANCISCO

Hemos vuelto

Queridos hermanos en Cristo. Tras algunos años de ausencia por motivos personales. A día de hoy 23/04/2017, con la ayuda de Dios Nuestro Señor retomamos el camino que empezamos hace ya algún tiempo. Poco a poco nos iremos poniendo al día, y trataremos de volver a ganarnos vuestra confianza.

Gracias de antemano y tenednos paciencia.
Dios os guarde a todos y muchas gracias a los que a pesar de todos habéis permanecido fieles a este blog, que con tanto cariño y tanta ilusión comenzó su andadura allá por el año 2009

Dios os bendiga y os guarde a todos.

21 de agosto de 2014

Jueves, 21 de Agosto de 2014. Comentarios de las Lecturas

Ez. 36, 23-28. Muchas veces nosotros mismos, llamándonos cristianos e hijos de Dios, hemos profanado el Nombre del Señor entre las naciones. Santificar al Señor con actitudes y obras nuevas no puede ser el resultado de una buena voluntad de parte nuestra, pues un árbol malo no puede producir frutos buenos.

Es el Señor el que transforma, el que renueva, el que crea al hombre nuevo. Sólo a partir de nuestra docilidad al Señor, dejándonos amar por Él, Él podrá llevar adelante su obra de salvación en nosotros. A partir de entonces, y fortalecidos por su Espíritu Santo, que vive en nosotros, seremos realmente una continua alabanza del Nombre de nuestro Dios y Padre. Él sea bendito por siempre entre nosotros.

Sal. 51 (50). Reconociendo nuestra condición de pecadores, arrepentidos, acudamos al Señor que nos ama y que siempre está dispuesto a perdonarnos, pues no se olvida de que somos barro. Él es el único que puede renovar y fortalecer nuestra vida para que en adelante ya no vivamos bajo el signo del antiguo Adán, pecador y corrupto, sino bajo el signo del nuevo Adán, Cristo Jesús, que es Espíritu que nos da vida, y Vida eterna.

No queramos agradar a Dios sólo mediante el culto que le tributemos; tratemos, más bien, de ser fieles a su voluntad aceptando en la fe a Aquel que Él nos ha enviado para que, renovados en Él por el amor, seamos aceptados, nosotros mismos, como una ofrenda agradable a sus ojos.

Mt. 22, 1-14. Aún antes de la creación ya Dios tenía en su pensamiento divino las bodas de su Hijo con su Esposa, la Iglesia, bella y resplandeciente, adornada con la Gloria y la Santidad del mismo Dios. Pero, llegado el momento, muchos rechazaron la invitación ¿a la boda como invitados? ¿No más bien a la boda para desposarse en Alianza nueva y eterna con el Cordero Inmaculado?

Rechazada esta invitación a desposarse con el Hijo del Rey eterno, para hacerse uno con Él como las ramas se unen al tronco y los miembros del cuerpo a la cabeza ¿habrá otro camino para llegar a poseer los bienes definitivos que le corresponden al Hijo único de Dios? Por eso se abre la invitación a la humanidad entera para que todos puedan llegar a participar de la Gloria del Hijo de Dios en Cristo Jesús. Pero no podemos permanecer en Cristo con un corazón manchado. Ante nuestras miserias y pecados no podemos quedarnos callados.

Mientras aún es tiempo hemos de abrir la boca para confesar nuestras culpas; y Dios, rico en misericordia, tendrá compasión de nosotros y, perdonándonos, nos hará participar de su Reino eterno. Sea Él bendito por siempre.

Hoy hemos acudido al llamado de Dios, que nos ha invitado a participar del Banquete Eucarístico, que ha preparado para nosotros. Venimos con la intención de renovar nuestra Alianza, siempre nueva y eterna, con Él.

Reconocemos que somos pecadores; pero no dudamos del amor misericordioso que Dios nos tiene. Pedimos perdón; y, como el barro tierno, nos ponemos en manos de nuestro Dios y Padre, para que nos moldee conforme a la imagen de su propio Hijo, e infunda en nosotros su Espíritu Santo para que en adelante no vayamos ya tras las obras de maldad, sino que demos frutos en abundancia, frutos de santidad, de justicia, de amor y de paz. Entonces realmente Dios hará nuevas todas las cosas, pues nos habrá renovado para enviarnos a darle al mundo un nuevo rostro, el Rostro del Reino de Dios entre nosotros.

El Señor nos quiere totalmente comprometidos con su Evangelio. Ese Evangelio no puede ser proclamado sólo con los labios. Los que creemos en Cristo hemos de ser los primeros comprometidos en la corresponsabilidad con la Iglesia para transformar las estructuras de injusticia, de maldad y de pecado en estructuras de justicia, de amor y de gracia.

Tal vez nos guste ver con agrado el trabajo de los demás para construir una nueva humanidad, haciendo que día a día vaya surgiendo una humanidad nueva, renovada en Cristo, capaz de amar, de perdonar, de compartir lo propio con los demás, de vivir la auténtica justicia social. Pero eso de involucrarse uno mismo en el trabajo para que el Reino de Dios se haga realidad entre nosotros puede llevar a muchos a excusarse y retirarse para dedicarse a otras labores, eludiendo la invitación del Señor a participar del Banquete de Bodas para unirnos a Él y hacer nuestras la vida y las perspectivas de Dios sobre la humanidad.

No basta ni siquiera anunciar el Evangelio con los labios, pensando que ya hemos hecho mucho por el Reino. Aquel que hable de justicia social e ignore a los trabajadores injustamente tratados; aquel que denuncie los sistemas injustos que han dejado a muchos al borde del camino sin ilusiones ni esperanzas, y pase de largo ante su dolor sin detenerse para curar sus heridas; aquel que hable de la necesidad de remediar el hambre que muchos padecen, pero no siente a su mesa a los hambrientos, no puede decir que realmente esté revestido de Cristo; ese no tiene el traje de bodas y difícilmente permanecerá en el Reino eterno de Dios, pues Él no lo reconocerá como a su Hijo, el cual no sólo anunció el Evangelio, sino que se hizo, con sus obras y su vida misma, el Evangelio viviente del amor de Dios para la humanidad entera.

Roguémosle al Señor que nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia de dejarnos transformar por Él de tal manera que, fortalecidos por su Espíritu Santo en nosotros, seamos un verdadero signo creíble del amor de Dios en el mundo, hechos Evangelio encarnado para la humanidad entera. Amén

Homiliacatolica.com

No hay comentarios: