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NOTICIAS SOBRE S.S. FRANCISCO

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13 de noviembre de 2011

Salmo 127.



Salmo 128 (127),1-2.3.4-5.

R/. ¡Dichoso el que teme al Señor,
y sigue sus caminos!

¡Dichoso el que teme al Señor,
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa.

Esta es la bendición del hombre
que teme al Señor:
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida.

 
SAN AGUSTÍN

IGLESIA, CUERPO DE CRISTO
Salmo 127, 3

«Hay muchos hombres y, sin embargo, un solo hombre, muchos cristianos y un solo Cristo. Los cristianos mismos con su cabeza, que subió al cielo, son un solo Cristo. No es Aquel uno y nosotros muchos, somos uno en El. Un solo hombre, pues, Cristo, cabeza y cuerpo.»

SALMO 127

Una descendencia numerosa, en la Biblia, es signo de las bendiciones de Yahveh como recompensa a la fidelidad.

“El Señor bendijo a Job al final de la vida más aún que al principio. Tuvo siete hijos y tres hijas; no hubo en todo el país mujeres más bellas que las hijas de Job”. (Job 41, 12 ss.)

Esto explica el tema central del salmo, de tono sapiencial y optimista.

El peregrino acude a la ciudad santa y al templo, también con sentido de ofrenda y homenaje de gratitud. De Yahveh ha recibido posesiones, familia y bienestar, y de él obtendrá una larga vida como broche de oro a su fidelidad. Completa al anterior al hacer mención de la esposa, al mismo tiempo que lo matiza exaltando el valor del trabajo humano; éste no es vano si lleva la bendición de Dios.

Las imágenes del mundo vegetal, como la vid y el olivo, son utilizadas frecuentemente para expresar alegóricamente la lozanía, la frondosidad y fecundidad, bien de la mujer bendecida por Yahveh, bien del pueblo de Israel:

“Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles y la trasplantaste; le preparaste el terreno y echó raíces hasta llenar el país; su sombra cubría las montañas y sus pámpanos los cedros altísimos; extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes hasta el gran río. (Ps 79, 9-12)

Si el amor y la belleza son aspirados en el Cantar de los cantares, en este salmo, y en los sapienciales en general, la imagen de la mujer tiene cierto carácter utilitario. En el fondo refleja una época en la que la mujer pasa a segundo plano en todos los aspectos, excepto en el de la fecundidad y el trabajo manual; la estéril y sin hijos era considerada como no agraciada por Yahveh.

“Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Vale más que las perlas. Su marido se fía de ella, y no le faltan riquezas. Le trae ganancias todos los días de su vida. Sus hijos se levantan para felicitarla, su marido proclama su alabanza”. (Cf. Prov. 31, 10 ss.)

En este rosario de bendiciones no podía faltar la alusión a Jerusalén y el monte Sión, objeto de la peregrinación; quien camina hacia ellas es porque va al encuentro de Yahveh, fuente de felicidad de la que Sión y la ciudad Santa siempre disfrutan, porque en ellas reside el Señor. De esta manera el deseo del bien se convierte en un saludo, prolongado hasta la visión de los descendientes en la tercera o cuarta generación (v. 6)

“Corona de los ancianos son los nietos” (Prov 17, 6)

Las bendiciones del salmo se prolongarán hasta traspasar el umbral y desembocar en el N. T. alcanzando las Bienaventuranzas, para aterrizar en la plenitud de la dicha:

“Dichosos los que en adelante mueran como cristianos. Sí, dice el Espíritu, podrán descansar de sus trabajos porque sus obras los acompañan. (Ap 14,13)

Luis González Arias, ocso

La felicidad de los justos -constituida por los sencillos goces de la vida familiar- es el tema central de este hermoso poema. Al final del Salmo (v. 5), el horizonte se amplía, y la felicidad personal aparece estrechamente vinculada con la prosperidad de Jerusalén, centro de la vida nacional y fuente de bendición para todo Israel.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Este salmo hace parte de los "salmos graduales" que los peregrinos cantaban caminando hacia Jerusalén. Desde los 12, cada año, Jesús "subió" a Jerusalén con motivo de las fiestas, y entonó este canto. La fórmula final es una "bendición" que los sacerdotes pronunciaban sobre los peregrinos, a su llegada: "Que el Señor te bendiga desde Sión, todos los días de tu vida..."

Tenemos en este salmo un idilio encantador de sencillez y frescura. Es el cuadro de la "felicidad en familia", de una familia modesta: allí se practica la piedad (la adoración religiosa... La observancia de las leyes...), el trabajo manual (aun para el intelectual, constituía una dicha, el trabajo de sus manos), y el amor familiar y conyugal...

En Israel, era clásico pensar que el hombre "virtuoso" y "justo" tenía que ser feliz, y ser recompensado ya aquí abajo con el éxito humano. Pensamos a veces que esta clase de dichas son materiales y vulgares. Fuimos formados quizá en un espiritualismo desencarnado. El pensamiento bíblico es más realista: afirma que Dios nos hizo para la felicidad, desde aquí abajo... ¿Por qué acomplejarnos si estamos felices? ¿Por qué más bien, "no dar gracias", y desear para todos los hombres la misma felicidad?

No se trata tampoco de caer en el exceso contrario, el de los "amigos de Job" que establecían una ecuación casi matemática: ¡Sé piadoso, y serás feliz! ¡Sé malvado, y serás desgraciado! Sabemos, por desgracia, que los justos pueden fracasar y sufrir, y los impíos por el contrario, prosperar. El sufrimiento no es un castigo. Es un hecho. Y el éxito humano, no es necesariamente señal de virtud.

Sigue siendo verdad en el fondo, que el justo es el más feliz de los hombres, al menos espiritualmente, en el fondo de su conciencia: "¡feliz, tú que adoras al Señor!"

SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS

"¡Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente!" Con frecuencia dijo Jesús: "felices... felices... felices...". Son las Bienaventuranzas.

Jesús también prometió la felicidad: "Felices aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica".

"Tu mujer... Tus hijos..." Un ideal para la pareja. "Que el hombre no separe lo que ha unido Dios". (Marcos 10, 2-16...). Conocemos el amor de Jesús hacia los niños.

Alusiones místicas: Jesús tiene una esposa, la Iglesia (Apocalipsis 19,7; 21,2) (Mateo 9,15; 25,1 ) (Juan 3,29) (2 Corintios I 1,2), de la cual tiene hijos que alimenta "junto a la mesa" eucarística... Mediante el "trabajo de sus manos", su pasión dolorosa, los alimentó e hizo felices.

La "viña", es también la imagen de la Iglesia, imagen de unión del amor entre Jesús y la humanidad "Yo soy la viña, ustedes los sarmientos.. Den fruto..." (Juan 15). "Mi hijo, va a trabajar en mi viña". (Mateo 21,28).

"Veras el bienestar de Jerusalén..." Jesús lloró ante las desgracias de Jerusalén, y le deseó bienestar (Lucas 19,41). San Juan anuncia el cielo como "una nueva Jerusalén" que desciende del cielo como una novia feliz (Apocalipsis 21,2 - 27).

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

Adorar... Ir por el camino de Dios... El Padre Teilhard de Chardin tiene un capítulo admirable sobre las reglas fundamentales de la "felicidad", que resume en tres palabras: "ser", "amar", "adorar".

-Ser. Para ser felices, primeramente, hay que reaccionar contra la tendencia al menor esfuerzo... El espíritu construye laboriosamente, mediante y más allá de la materia. Tal es el sentido del "trabajo"...

-Amar. En segundo lugar para ser felices, hay que reaccionar contra el egoísmo que nos lleva a encerrarnos en nosotros mismos, a someter a los demás bajo nuestro dominio. Tal es el sentido de la "familia".

-Adorar. Para ser felices, perfectamente felices, hay que transferir el polo de nuestra existencia al "más grande" que nosotros, para alcanzar la zona de las grandes alegrías estables... Discernir el Inmenso que se hace y que nos atrae... Subordinar nuestra vida a la vida mayor que la nuestra: ¡adorar! "Incorporarnos y subordinarnos" a una totalidad organizada de la cual somos, cósmicamente tan sólo partículas conscientes.

Un centro de orden superior nos espera -y ya ha aparecido- más allá y sobre nosotros mismos. El ideal del hombre es pues, primero "desarrollarse" uno mismo... Luego entregarse a otro igual a uno mismo... Y finalmente someterse y orientar la vida a alguien mayor que uno mismo: ser. amar, adorar... Tales son las fases de nuestra felicidad.

Noviazgo... Amor conyugal.. Realidades divinas. Bendiciones divinas. El amor humano es algo bueno, creado por Dios, querido por Dios.

Recitemos este salmo pensando en los que amamos, orando por su felicidad, pidiendo que ellos aprendan a "amar". Las dos imágenes, la viña y el olivo, evocan la alegría: dos árboles frutales típicos del oriente... que dan el vino y el aceite. La imagen de los "hijos alrededor de la mesa" nos invita a orar por los niños, por su unión fraternal, porque las oposiciones entre padres e hijos no se agudicen.

El trabajo profesional... La humanidad... La Sociedad, la felicidad de Jerusalén condiciona la felicidad de cada familia judía. Ningún hombre, ninguna mujer, ninguna familia, ningún grupo particular construye su felicidad en contra de la felicidad de los demás.

La dimensión social de la existencia humana es constantemente subrayada por la Biblia: oro por mi país, por los organismos en que estoy comprometido, por la ciudad en que vivo, por mis conciudadanos.

 La felicidad... Tenemos marcada tendencia, a pensar en Dios sólo cuando "algo va mal", como si fuera el "tapa-huecos" de nuestras debilidades, de nuestros fracasos. Damos una imagen muy mezquina de Dios, cuando hacemos de El "motor auxiliar" de nuestras incapacidades. Descubramos la alabanza, y la oración festiva: que se alegra cuando "algo va bien", y que dice "¡gracias!"

Noel Quesson. 50 Salmos para todos los dias". Ed. Paulinas

Es una gracia de Dios comer juntos, sentarse a la mesa en compañía de hermanos, tomar en unidad el fruto común de nuestro trabajo, sentirse en familia y charlar y comentar y comer y beber todos juntos en la alegre intimidad del grupo unido. Comer juntos es bendición de Dios. El comedor común nos une quizá tanto como la capilla. Somos cuerpo y alma, y si aprendemos a rezar juntos y a comer juntos, tendremos ya medio camino andado hacia el necesario arte de vivir juntos.

Quiero aprender el arte de la conversación en la mesa, marco elegante de cada plato en gesto de humor y cortesía. Nada de comidas de negocios, nada de prisas, preocupaciones ... Cada comida tiene también su liturgia, y quiero ajustarme a sus rúbricas por la reverencia que le debo a mi cuerpo, objeto directo de la creación de Dios.

La buena comida es bendición bíblica a la mesa del justo. Por eso aprecio la buena comida con agradecimiento cristiano, para alegrar lo más terreno de nuestra existencia con el más sencillo de los placeres en su visita diaria a nuestro hogar. 

Que la bendición del salmo descienda sobre todas nuestras comidas en común al rezar y dar gracias.

Oh Dios, que disfrutemos de los bienes de nuestro trabajo, reunidos en torno a la mesa del amor mutuo y sin olvidarnos de los marginados, a fin de que un día nos sentemos todos a la mesa de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
AG Polo 2007 Diócesis de Almería